Zombie Hunter

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Películas que tratan la temática Zombie abundan en la producción norteamericana y por ende mundial. El público mayoritario ya se ha acostumbrado a ellas y no es difícil ver como cada fin de semana hay una nueva propuesta que se atreve a reivindicar a esta especie de muertos vivientes. Desde superproducciones como Guerra Mundial Z, hasta películas de Serie B (mayoritariamente son estas las que han explotado el género) como la obra, que nos ocupa, Zombie Hunter.

El título no lleva a ningún tipo de confusión y es bastante sincero. Zombie Hunter significa por si alguien no domina excesivamente el inglés, cazador de Zombies. Eso es precisamente lo que es nuestro protagonista principal, un superviviente que se dedica a liquidar cuántos muertos se encuentren en su camino. Ahora, añadid el factor Danny Trejo, uno de los actores por antonomasia de la serie B (recordemos la parodia que resultaba ser Machete) y pensad que realiza el papel de un cura cuyo nombre es Jesús en la película.

Zombie Hunter se sirve de un prólogo bastante débil para hacer reflejar el contexto social en el que aparece la nueva plaga de Zombies, esta vez no por un Virus creado en laboratorios como sucedía en 28 días después de Danny Boyle, o por la radiación nuclear clásica de la que se servía George Romero, el padre del género, no. En esta ocasión la plaga viene por una potente droga que lleva unos efectos secundarios bastante perjudiciales para la salud.

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En realidad no es más que una excusa barata para que la película vaya al grano. Y lo hace en apenas un par de minutos de metraje. Y, ¿Qué es lo que encontramos en Zombie Hunter? Un homenaje postmoderno a la serie B, que lejos de intentar reinventar el género lo único que propone es intentar entretener a las generaciones más jóvenes. De hecho, la mayoría de películas que siguen el género son incapaces de elaborar una nueva iconografía y al igual que sucede en Zombie Hunter, el peso de la tradición es demasiado grande como para que los directores más jóvenes consigan olvidar las películas de Romero o muchas otras obras que sucedieron en la más que mitificada generación de los años ochenta. K. King es consciente de ello, pero la película llega a disfrutarse si el espectador tiene un bagaje cinéfilo lo suficientemente alto como para recordar los guiños a las producciones de serie B, así como no tomarse nunca en serio la propuesta del director, K. King, que  por cierto debuta en la dirección con esta película.

El guión es absurdo y está mil veces visto. Precisamente King dota a sus personajes de una pátina de estupidez profunda, conociendo perfectamente los tópicos que dominan el género, para crear elementos paródicos que se recrean en la propia absurdez que revela el argumento. De todas maneras no es este el aspecto por el que la película merezca ser recordada, sino todo lo contrario.

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Un claro ejemplo es la voz en off de nuestro personaje principal. Interpretado por Martin Copping, nuestro personaje representa todos los tópicos del hombre solitario que se ha curtido mediante la triste experiencia después de sobrevivir a un apocalipsis mundial. Como señala en la película uno de los personajes, se trata de un auténtico Rolling Stones, un tipo duro, una parodia más sarcástica del tipo de personaje intocable que nos enseñaban Stallone o el actor de nombre impronunciable. Sólo se puede observara este protagonista desde la perspectiva cómica, porque sin duda King se encarga de exagerar todos sus rasgos, y precisamente la voz en off es una de las características de la que se sirve para mostrar su ironía.

Otros elementos que ayudan a crear elementos de estridencia es la fotografía de la película, que juega de manera descarada con los tonos violetas para crear una sensación cercana a las películas Kitsch de los años ochenta, que utilizaban una gama cromática lo más llamativa posible. A esto se le une otros elementos como una violencia totalmente desmesurada que incluye salpicaduras de sangre violácea que no tienen reparo en salpicar la pantalla.

Por otra parte la música electrónica que acompaña a la película en casi todo su metraje es más que sintomática del tono auto paródico que ofrece la obra.

5/10

Kyrios

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