Los viajeros de la noche

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El mito del vampiro ha sido tratado en gran multitud de ocasiones en el cine, ya desde su nacimiento. Una de las muestras más reconocibles es la de Nosferatu, película dirigida por el director alemán Murnau en el año 1922 y que adaptaba de manera no oficial la novela más famosa del género, Drácula de Bram Stoker (de hecho, tuvo problemas legales por acusación de plagio). En los años sesenta la productora Hammer en Reino unido fue la que explotó de manera sistemática el mito vampírico, con Christopher Lee como el estandarte más visible de aquellas películas (para la historia del cine quedará siempre por sus papeles como el conde Drácula).

Y como es sabido por todos, en los años ochenta se produjo una auténtica explosión dentro del género fantástico, que hizo que se revitalizara y que no fueran pocos los directores que se atrevieran a dirigir unas películas que si hace años tenían vedado acceder a un público mayoritario, ahora se convertían en películas con grandes audiencias detrás, en gran parte porque los adolescentes se empezaban a formar como un Target bastante importante, y las productoras aprovecharon el filón. Noche de Miedo, de Tom Holland o Jóvenes ocultos del comercial Joel Schumacher son sus máximos representantes dentro del mundo de los murciélagos nocturnos.

Pero no se equivoquen. Los viajeros de la noche no es una película tan denigrante como Crepúsculo o productos parecidos. Pese a que la película tiene unos defectos bastante claros, se convierte en una digna competidora dentro de su género. Para empezar, y si hay que destacar una característica de la película es sin duda su alejamiento a muchos otros clichés del género. La película contiene unos personajes bastante modernos para la época, un grupo de vampiros que sin que se nos cuente su historia (no sabemos de dónde vienen ni como se convirtieron) que desterrados por la sociedad van de tugurio en tugurio buscando un poco de hemoglobina. Aquí la película ya se empieza a alejar de los ambientes suntuosos o palaciegos que la Hammer y películas más antiguas habían cultivado. Se trata sin duda alguna, de una adaptación de la imagen del vampiro clásico del siglo pasado a una figura mucho más cercana (y verosímil) de nuestros días.

Que los vampiros temen a la luz queda claro antes de que uno vea la película, pero además queda bastante patente en la película, y es que la mayoría de ella se desarrolla en la oscuridad. Paremos un momento y recordemos que la directora de la película es nada más ni nada menos que Kathryn Bigelow, una artista que ha pasado a la fama por sus recientes nominaciones a los oscars a la mejor película, por Tierra hostil en 2008 (que además lo ganó) y La noche más oscura (2012). Lo que poca gente sabía es que en el pasado, la directora había realizado productos bastante alejados de sus películas más recientes. Podemos citar, aparte de esta misma película, Días extraños, rodada en el 1995 y que compartía una atmósfera bastante oscura.

Los Viajeros de la Noche Near Dark Kathryn Bigelow 1987 (8)

En todo caso, la película se aleja ostensiblemente de otras vías (como por ejemplo la cómica en la que se optaba en noche de Miedo) para acercarse de manera directa al terror. O por lo menos intentarlo. La oscuridad embarga toda la película, y continuamente se busca el tenebrismo como tono dominante de la película, exceptuando algunas escenas que suceden a la luz del día. Pese a la inexperiencia de la directora alguna imagen quedará para el recuerdo, como la figura del protagonista recortado a modo de silueta sobre la luz de la luna. Otra característica de la película que va bastante ligada con lo contado anteriormente es que el tono es bastante serio y pese a que se trata de una película realizada hace más de treinta años, la violencia y la jerga en la que hablan los vampiros (actualizada a nuestros días) puede resultar igualmente chocante vista hoy en día. Para nada busquen unos vampiros atrofiados y sin mala uva, aquí es todo lo contrario.

Pese a que los personajes que acompañan al séquito resultan pintorescos, no consiguen tener nunca una profundización que pueda resultar de interés y caen en arquetípicos mal construidos, que sí caen en gracia es más por los actores que por su creación.

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En todo caso, la película tiene algunos defectos que lastran bastante su potencial oscuro. Aparte de un error de raccord bastante absurdo (en una secuencia se hace de día de un minuto para otro) el guión deja bastante que desear, porque una vez el protagonista principal se ha integrado en el grupo vampírico, la senda que toma la película es bastante simple (un poco de acción entre secuencia y secuencia y para terminar un postre servido como venganza que deja a uno un poco frío). También hay que decir que se trata de la segunda película dirigida por la directora, y seguramente aún no había aunado la experiencia suficiente como para enfrentarse con el mundo de la noche y salir totalmente ilesa en el intento.

6/10

Kyrios

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