Al sur de la Frontera

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Oliver Stone es algo más que un director. Se puede estar de acuerdo o no con las ideas que propone, pero lo que está claro es que Stone ha traspasado y ya desde hace bastante tiempo, las fronteras del artista cinematográfico puro y casto que simplemente se dedica a realizar películas desde su estudio. De hecho, con el estreno de su repaso histórico de los Estados Unidos con la miniserie titulada “La historia no contada de Estados Unidos” se realizaba un prólogo con sus propias palabras que dejaba bastante clara su posición ideológica. El gobierno miente, la historia la escriben los vencedores y los mass media norteamericanos están bajo el absoluto dominio de los grandes poderes. Además el director, afirma: Estoy ya cansado de hacer películas, prefiero optar por un formato que ayude a los jóvenes norteamericanos  a acercarse mejor a su historia.

De hecho, el propio inicio del documental Al sur de La frontera, es bastante revelador. En un programa estadounidense de supuesta seriedad y de análisis político unos tertulianos norteamericanos realizan una serie de bromas pueriles sobre Chávez, intentando manchar su nombre en lo que viene siendo la programación habitual, para después afirmar que no sólo él, sino también Evo Morales, el presidente de Bolivia, son dictadores que se han hecho con el poder a la fuerza.

Que Stone ha sido un tipo polémico con el Stablishment norteamericano es un hecho conocido, pero lo cierto es que a medida que el tiempo ha ido transcurriendo, el director se ha visto envuelto cada vez más en obras que tocaban una temática política. Seguramente la película Platoon, realizada en el 1986 señala el inicio de esta tendencia, en una obra que tenía como objetivo sacar a relucir lo peor de la guerra del Vietnam (un conflicto bélico que si es cierto que ha tenido un rechazo popular bastante grande) pero recordemos también que el propio Stone formó parte del ejército, con las implicaciones que esto tiene.

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La película que mejor sabía compartir las necesidades pedagógicas del director (que se ve con la obligación de no escurrir ni tapar ningún hecho histórico que pueda ser considerado como una ofensa por otros compatriotas suyos) con la obra artística era sin duda JFK: Caso abierto, del año 1991. En dicha película el director volvía a revisionar una de los hechos más oscuros de la historia norteamericana, como es el asesinato de John Kennedy (y también se menciona el de su hermano, Bobby), para dejar claro que al director no le importa meterse en berenjenales políticos, con tal de que la verdad quede esclarecida. Si bien obviamente el director no conseguía sacar a la luz el verdadero asesino del magnicidio (durante muchos momentos la película dejaba la sensación de tener la absoluta verdad en su discurso y de estar a punto de revelarla en algún momento) se hacían acusaciones a ciertos organismos que resultaban ser bastante valientes y arriesgadas.

No se engaña a nadie diciendo que la película de Stone, Al sur de la frontera, está muy lejos de ser un documental objetivo. La obra está estructurada de una manera tan evidente que no deja atisbo de crítica hacia los gobiernos sudamericanos que va retratando. También JFK resultaba una película un tanto encorsetada en este sentido, pero el gran problema es que Al sur de la frontera no tiene esa fuerza tan impactante que si tenía la película citada.

El documental se vuelve rígido tanto en desarrollo como en contenidos, y la obra sigue el mismo esquema durante todo el metraje. Si bien al principio de la obra parece detenerse en el caso Venezolano, el director se detiene y no pasa nunca en profundidad, para volver y volar hacia otros casos sudamericanos, en donde los estados vuelven su cabeza en contra de las medidas norteamericanas y del FMI. Las entrevistas son variadas, y aparecen personajes como Correa, Fernando Lugo, Lula Da silva, Raúl Castro, los Kirchner…Pero en ningún momento hay alguna entrevista resaltable, sino que simplemente los entrevistados se dedican a repartir frases tópicas, sin que Stone haya llegado a la suficiente compenetración como para que cuenten algo que pueda resultar de interés para el espectador más avezado.

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Eso sí, la película se erige como un pilar ético de creación obligatoria. Porque entre tanto programa basura, entre tanta tertulia política y entre tantos medios de desinformación, el documental de Stone se apostilla como un producto diferente, que pese a venir de manos norteamericanas, se erige como una visión singular acerca de unos acontecimientos de los que por las noticias de nuestra televisión se ven sólo de manera residual y aislada.

6/10

Kyrios

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