Peppermint Frappé, de Carlos Saura

PEPPERMINT_FRAPPE

 

Galería de arte contemporáneo. Un grupo escolar corretea por los pasillos, riendo jovialmente y sin prestar ningún tipo de atención a las manchas de pintura que tienen alrededor. De entre los personajes que el director encuadra con su cámara, el espectador puede ver a nuestros tres protagonistas principales, interpretados respectivamente por José Luis López Vázquez, Geraldine Chaplin y Alfredo Mayo. Mientras  el personaje de Alfredo Mayo habla con uno de los miembros de la exposición, sobre temas económicos (como, por otra parte, siempre  lo hace con otros personajes masculinos en la película), nuestro protagonista principal, Jose Luis López Vázquez, se acerca de nuevo a nuestra protagonista femenina, Geraldine Chaplin, intimidánndola y tratando de convencerla para que abandone su relación con Mayo y se una a él (o vuelva, según cree). Esta vez ella se niega. Carlos Saura, el director de la película, realiza un zoom sobre una obra en la que podemos ver claramente el nombre del artista: Antonio Saura, su hermano. El espectador exhibe una sonrisa cómplice.

Peppermint Frrapé es una obra única, de un artista único, como es Carlos Saura, uno de los directores españoles de más prestigio internacional (Peckinpah ha admitido más de una vez la influencia que produjo el film de la Caza sobre él). Cuenta el propio director, que después de rodar la Caza en el 1965, tenía cierto temor a que fuera rechazada por la crítica y en especial por Luis Buñuel. Pero sucedió todo lo contrario, y la película gusto mucho al otro director. El caso es que Buñuel se quejó de que le habría gustado que Saura le hubiera dedicado la película, y el director le prometió dedicarle su siguiente película. En los títulos de crédito mismo podemos observar esta dedicatoria- A Luis Buñuel-

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Y es que hay mucho del cine de Buñuel en Peppermint Frappé. Saura logra construir una película que une diversos trazos de realidad (sueños, mundos oníricos, fantasías y simbolismos) para finalmente concluir una pieza que no se puede clasificar en ningún mundo fílmico posible. El surrealismo se adhiere como una pátina a la película, que sin embargo podría pasar como una historia real. Pero Peepermint Frappé no es un thriller convencional ni una película al uso. Más que una historia o el desarrollo de un argumento, la película se dedica a realizar una radiografía en la evolución de un sentimiento obsesivo que nuestro protagonista siente por el personaje de Geraldine Chaplin, y que le acabará llevando a fantasear con sentimientos que se encontraban aletargados dentro de su corazón, así como a añadir otras sensaciones nuevas que perfectamente se pueden clasificar como obsesivas.

Es en la figura del trío principal donde Saura pone todo el material. Si por una parte tenemos a nuestro personaje principal, José Luis López Vázquez, por otra parte tenemos a la pareja formada por Alfredo Mayo y Geraldine Chaplin. Geraldine, queda retratada por Saura como una deslumbrante musa que hace despertar el instinto sexual de todos los hombres que se ponen por delante. No por casualidad es un personaje de origen extranjero, sino que precisamente su procedencia se liga con la vida social de una España que se estaba abriendo al exterior y cuya población soñaba con el mundo fuera de las fronteras,y con seres elevados como símbolos de modernidad. Esta musa, está esclavizada por Alfredo Mayo, que es su pareja y como diría el personaje de José Luis López Vázquez, el único que tiene el privilegio de hacer uso de ella.

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La atmósfera del film revela desde el primer minuto de la película que hay algo en el film que nos demuestra que no estamos ante una obra que pretende acercarse a un tono de verismo o naturalismo, sino todo lo contrario. Para empezar, la cara absolutamente descompuesta y obsesiva que nos muestra nuestro protagonista principal (y que podríamos poner en paralelo con el mismo tipo de emoción que exhibirá Cliff Robertson en el film Obsesión, 1976, de Brian de Palma) nos da la sensación de que algo empieza a fallar en su cabeza. Por otra parte, Saura recarga de simbolismos la película, como el guiño sexual que realiza en la secuencia en que los dos personajes masculinos compiten en un concurso, en el que tienen que meter una especie de lanza en un agujero (hasta expresándolo de manera literaria se evidencia la metáfora).

Dos travellings circulares son precisamente los que nos darán el estado sentimental de nuestro protagonista, y que dejarán al espectador en estado de shock. Uno de ellos es el momento en el que nuestro personaje principal rodea a su joven enfermera mientras esta rema (es importante destacar que la actitud compulsiva de  este personaje hará que la película durante algunos momentos llegué a recordarnos a Vértigo de Hitchcock, en la medida en que trata de recomponer la figura física de Geraldine Chaplin en ella, como hacía el personaje de James Stewart con Kim Novak) una secuencia que demuestra la inquietud que está elaborando Saura a medida que avanza la película. Y el segundo, un travelling que coincide con el final de la película, y que acabará subrayando el estado de la cuestión que la película ha ido construyendo, y con el que el artista construirá una explosión que deja al receptor totalmente KO.

7/10

Kyrios

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