El bosque Petrificado

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El bosque petrificado, aparte de ser una de las maravillas geológicas de Estados Unidos, ubicada en el desierto de Arizona, se trata de una película de cine clásico, rodada el año 1936. A su vez, la película adapta una obra de Robert Sherwood.

El bosque petrificado es una obra singular, aunque de por sí, esto no sea sinónimo de excelente. Y es que la película presenta una curiosa estructura con evidentes tintes teatrales que hacen que la película se postule como una rara avis del cine negro. Pero, ¿Se puede encuadrar la película dentro del cine negro? Es verdad que hay uno de los actores clásicos del género, como es el inolvidable Humphrey Bogart, y también encontramos momentos en los que ese mundo de gánster y delitos criminales hace su acto de aparición, pero sin duda, la carga teatral y el efecto de Broadway, está un poco por encima de esta mezcla. De hecho en la primera parte de la película, el argumento simplemente propone un romance que rompe con los esquemas prototípicos y nos describe un ambiente alejado de la mano de Dios, una pequeña gasolinera situada precisamente en el bosque de Arizona, donde se registran los costumbrismos de una pequeña sociedad que está bastante alejada de algún centro urbano en millas a la redonda, y que ha tenido que sobrevivir de una manera bastante especial.

Es allí donde se nos presenta a nuestros personajes protagonistas. Una de las trabajadoras de la gasolinera, interpretada por Bette Davis se siente totalmente atrapada en un ambiente inhóspito y donde la civilización ha tenido que transfigurar sus valores para poder subsistir, y ella se sienta precisamente esclavizada por este ambiente. Se nos presenta de manera simbólica el libro que tiene como recuerdo especial, sobre poesía, para demostrarnos que nuestra protagonista lo que está deseando es conocer mundo, y en especial, tierras francesas.

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En estas que se viene a presentar en este insignificante mundo un personaje que trastocará la mentalidad de Bette Davis, un personaje que interpretado por Leslie Howard se representa como un bohemio que al contrario que la figura femenina, él sí ha visto mundo y se encuentra hastiado por la vida. En esta primera parte del metraje, se producirá precisamente el choque de culturas entre estos dos personajes.

Pero la película, pese a las nobles intenciones que presenta la trama, acaba cayendo el ridículo. El discurso que se debate entre los dos protagonistas no parece avanzar hacia ningún momento, y lo único que hacen los protagonistas es repetir clichés tópicos sobre una visión romántica y edulcorada de la vida. Leslie Howard no puede parar de exhibir una pose romántica que parecía superada ya por la historia, pero que en el film no deja de postularse continuamente.  No se comenta nada interesante ni hay ningún elemento que nos llame la atención en unos momentos que de manera peyorativa, parecen sacados de una obra de teatro trasnochada. Tampoco los actores consiguen enderezar la situación, gesticulando y exagerando todos sus movimientos, en busca de una acción dramática que nunca logra interesar.

A mitad de la película, el discurso cambia y se integra la banda del criminal interpretado por Humphrey Bogart, y que secuestra a los clientes de la gasolinera. La película parece enderezarse pero precisamente tira unos caminos que no tienen nada en común con el género del cine negro. El secuestro no tiene precedentes y rara vez se han visto unas conversaciones tan insólitas como las que la película ofrece. Mayo, el director de la película, intenta precisamente sorprender con este material, pero realmente lo que único que consigue es componer un cuadro donde aparte de la inexperiencia y la bisoñez, se crea un discurso tan etéreo que nunca llega a buen puerto. La banda criminal está precisamente retratada como absolutos ineptos, y se elaboran unos diálogos que dejan bien claro el rumbo abstracto de la película.

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El paralelismo entre la figura de Leslie Howard y la de Humphrey Bogart no funciona en ningún momento. Howard parece una caricatura mal hecha del arista bohemio, proyectando un suicidio que no conduce hacia ningún resultado y que parece impuesto por el guión, mientras que la pose criminal de Bogart deja al actor a la altura del betún,  haciendo que sobreactúe de una manera que este mismo, pese a su gran nivel de interpretación, quede como un auténtico papanatas.

Mayo, por otra parte, no cumple detrás de las cámaras. La película pretende situar la historia en el desierto de Arizona, pero nunca se aprovecha de manera visual esa maravilla natural (auditivamente si que nos da la sensación de estar allí). Algunos recursos cinematográficos del director (como el barrido que realiza la cámara después  de que se escuche la descripción del coche en la radio) demuestran la incapacidad de este para elaborar una película que se presente como vanguardista o que ofrezca algún síntoma de modernidad.

4/10

Kyrios

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