Drácula, el príncipe de las tinieblas (1966)

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La productora Hammer fue una de las más importantes dentro del mundo del cine. Pese a que los géneros que produjo fueron bastante diversos, desde la comedia hasta el cine bélico, se la conoce especialmente por sus producciones de terror, en las que Terence Fisher es el protagonista indiscutible de ellas. El director, realizó para la compañía británica los productos de mayor renombre, entre los que se incluyen las célebres películas del conde Drácula, encarnadas por el gran intérprete Christopher Lee.

En realidad, el Príncipe de las tinieblas de 1966, puede considerarse como una secuela, aunque realmente tenga alma de Remake. Y es que Terence Fisher ya dirigió ocho años antes la verdadera adaptación de la mítica novela de Bram Stoker (Drácula) que también contaba con Christopher Lee como el actor que encarnaba al mal personificado. Dicha película adaptaba de manera bastante fiel la novela de Bram Stoker, pero debido al éxito que tuvo la película se decidió rodar la especie de continuación que es el príncipe de las tinieblas. Es cierto que años antes se habían rodado películas sobre la mitología del vampiro (Las novias de Drácula), pero Lee no había participado en ninguno de dichos proyectos. Finalmente, termino por aceptar. Ciertamente el actor cumple de manera excelente en su papel, y eso que sus líneas de dialogo son inexistentes en la película, pero es suficiente para que los ojos inyectados en sangre sean suficientes para transmitir el terror.

En el mismo inicio de la película, se nos muestra a modo de resumen lo que sucedió en la película precedente, con lo que se pone al espectador en su sitio. Y después se dispone a una relectura de la obra original que elimina bastantes impurezas para tratar de concentrar el relato y para que de esta manera disponga de más tensión. Parece ser que el conde no ha muerto del todo, sino que espera pacientemente a un grupo de personajes (que acabarán siendo los típicos británicos despistados que andaban de vacaciones por los Cárpatos) para poder resucitar. Así la película cuenta con una serie de personajes que recuerdan de manera bastante cercana a los protagonistas de la primera obra, como los protagonistas que están del lado bueno, como los turistas ingleses, una pareja de dos, mientras que del lado del mal tenemos al ya citado conde Drácula y una gran incorporación que resulta ser su amo de llaves, interpretado por Phillip Latham, un auténtico actor que demuestra ser bastante terrorífico y cumple su papel antes de que el conde inicie su particular función.

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El guión se concentra específicamente en los Cárpatos. En una maniobra bastante interesante, el director decide eliminar los entremeses que sucedían en la obra principal, y que pese a literariamente tenían su valor, debido a la técnica narrativa de la novela que contaba con un sistema epistolar muy interesante, en el cine entorpecían un poco el ritmo de la película. En el caso que nos ocupa, la acción no es interrumpida en ningún momento, con lo que la película ofrece un tour de forcé bastante horripilante, desde el momento en que se nos presenta, en la lejanía, el castillo del conde. De tal manera que se simplifica de manera bastante efectiva todo el contenido idiosincrático de la obra original. Es bastante evidente que las deudas con la obra original están a la orden del día, y es bastante fácil ver en el personaje de Andrew Keir una reinterpretación del personaje de Van Helsing en la primera película.
Los tópicos evidentemente cumplen en la película, como la ristra de ajos que está presente en la típica taberna regentada por pueblerinos, así como la actitud de los turistas ingleses, pero son clichés necesarios porque sin ellos la película difícilmente cumpliría con su vertiente clásica. Y es que la película pretende cumplir de manera bastante fidedigna con la corriente Hammer para este tipo de películas, manteniendo un respeto bastante fiel por la obra original. El conde Drácula es el típico conde que uno tiene en mente antes de ver en la película, así como la ambientación donde tiene lugar la acción. El sello Hammer se nota en todo su esplendor, y sin duda es uno de los puntos fuertes de la película, así como de la productora.

Christopher-Lee

Más allá de unas interpretaciones más que correctas, un guión fácil pero sin fisuras y una ambientación estupenda, la película cuenta con algunos detalles que demuestran que la película es de las más listas de su clase. Desde la fotografía tan interesante que muestra la película, con esos tonos naturales tan bien captados al comienzo de la película, hasta el ambiente barroco y recargado de la mansión del conde. Por otra parte, el personaje vampirizado de la turista británica ofrece una versión clásica (y ya vista en anteriores películas, pero que funciona igualmente) de mujer femme fatale pasada en vampiro.

7/10

Kyrios

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