Tráiganme la cabeza de la mujer metralleta.

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Curiosa propuesta la que nos entrega el director chileno, Ernesto Díaz Espinosa, en un film pop muy al estilo de Tarantino que recoge influencias no sólo de otras películas de culto sino también, y porque no decirlo, especialmente de videojuegos. Díaz Espinosa se ha labrado una pequeña reputación en Chile (e incluso fuera de su país, con una participación en el proyecto fallido de Abc’s of the Death, que reunía a diversos directores del género fantástico para que plantearán un corto de tres minutos). Su obra, y su filmografía, pese a que aún es demasiado breve, ya se han inscrito en unos parámetros que no son los habituales en su país, desoyendo el drama o la comedia costumbrista. Ernesto Díaz es una rara avis que salen en todos los estados de tanto en tanto y que forman películas auténticamente inclasificables y singulares.

El título de la película ya remite a otra obra de culto por excelencia. Al fin y al cabo, tráiganme la cabeza de la mujer metralleta es un guiño descarado a una de las mejores películas de Peckinpah, tráiganme la cabeza de Alfredo García, y por si fuera poco la semejanza fonética, el director se encarga de colocar de por medio en una secuencia una carátula de un videojuego con el título de la película estadounidense. La película no deja de ser un thriller con referencias a las películas de serie B, y con semejanzas con Robert Rodríguez y Tarantino. Desgraciadamente, nunca  consigue llegar al mismo nivel que sus influencias. Como curiosidad, pese a que el título pueda indicar que nos encontramos ante una película de alto contenido violento, la obra suaviza sus escenas con mucho humor y nunca siendo demasiado explicito en sus escenas de violencia.

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Ya como una broma estúpida se inicia la película. Mientras nuestro personaje principal, Matías Oviedo se distrae jugando a un juego como el GTA (esto no lo menciono como curiosidad, la influencia del juego será vital en la película) se mete en un embrollado que le obligará a buscar a una joven mercenaria conocida como la mujer metralleta. La secuencia en la que nuestro personaje escucha una conversación que no tendría que haber escuchado es la culpable, y precisamente es una escena que hemos visto en el cine decenas y decenas de veces. A partir de ahí, la película recoge la narración de los videojuegos, y como si fuera un GTA más, la película se fragmenta en diversos episodios que son los que dividen la película. Diversas misiones (de hecho mediante diversos rótulos aparecen anunciadas como si lo fueran) que nuestro protagonista tendrá que cumplir. La trama no parece diferir mucho en la del mismo videojuego (ir de un lado para otro y poco más, en eso consiste el desarrollo de la película) pero es que además se rueda de una manera que nos muestra unos planos idénticos a como también lo hace la obra franquicia de la productora RockStar, con los más que populares planos que encuadran al coche principal y le siguen con la cámara colocada unos metros por encima de la vista. También en la elección de la banda sonora encontramos paralelismos más que acusados con el videojuego, pero incluso también en la manera como Espinosa coloca la música. Cuando la cámara apunta al coche la música es extradiegética pero cuando esta entre dentro de la cabina  esta se vuelve diegética (adopta parecerse a la música de la radio).

El humor es la vía de escape con la que el director pretende salvar los muebles y hay que decir que en ciertos momentos lo consigue. Ridiculizando a nuestro protagonista principal o exagerando aún más una historia totalmente estrambótica es la única manera que tiene el director para conseguir una buena recepción entre el espectador.

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El problema principal de la película es su factura. Tiene una de las peores fotografías que se han visto en una película y duele a los ojos pese a tratarse de una obra de serie B. Desgraciadamente la película parece una obra totalmente amateur en este sentido, y tampoco hay momentos de gran brillantez en otros aspectos técnicos. La puesta en escena sigue un desarrollo irregular, con momentos inspirados que se unen a otros en los que Espinosa parece olvidarse de que está dirigiendo una película, especialmente los momentos dramáticos, que son los que menos le interesan.

Porque al director sólo le interesa la pirotecnia, y lo demás en realidad es un simple escaparate para que Espinosa pueda mostrar sus escenas de acción.  No por otra cosa la película cuenta con una duración tan baja (no llega ni a la hora y media de metraje),  porque simplemente no había más que rodar. Algunas escenas demuestran el frikismo del director y resultan singulares (como la eclosión final del film) pero otras resultan bastante aburridas y poco ayuda el hecho de que el personaje principal de la película muestre la misma cara de desencajado durante tanto tiempo.

Y poco más hay que rascar en una película que parece hecha más por capricho que por necesidad de expresión. Ni el tema es interesante ni lo es el desarrollo ni tampoco sus personajes. Si de alguna manera se consigue meter en la cabeza es por la Frikada del proyecto (no hay que preocuparse porque no hay escenas de sordidez ni nada parecido) y las referencias casi plagios que propone. Veremos si Espinosa atina más en un futuro.

4/10

Kyrios

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