Shaft (Las noches rojas de Harlem)

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Shaft es seguramente uno de los mejores exponentes de lo que en el mundo del cine conocemos como Blaxploitaiton. Si antaño había momentos históricos en Norteamérica en que los negros y los blancos no podían compartir una misma sala de cine (lo que hizo que se creara una producción paralela a la industria oficial de Hollywood donde se rodaban películas en las que se contaban con directores negros y con castings repletos de personajes afroamericanos) ahora el mundo parecía haber cambiado y hacía que poco a poco la segregación se iba rompiendo. Pero eso eran sólo apariencias. La comunidad negra empezaba un movimiento que ya no tendría una vuelta de retorno.

Precisamente, Shaft supone el resurgimiento de un nuevo tipo de películas que tenían un target muy claro, el público afroamericano y un objetivo igual de preciso, recuperar la identidad del movimiento. No es casualidad que en una de las secuencias en las que se nos muestra una de las viviendas suburbiales hay un retrato colgado de la figura política de Malcom X. Todos los personajes principales son afroamericanos, el director, Gordon Parks lo era, y toda la acción de la película transcurre en el Harlem, uno de los barrios afroamericanos por excelencia.

Shaft bebe de gran manera de otras películas del género y del cine policíaco. Especialmente de una. Don Siegel había realizado precisamente un poco antes una película que renovaría de manera esencial el Thriller moderno. Se trata sin duda alguna de Harry el Sucio, una película que es uno de los pilares básicos del género policíaco, una película que por otra parte hacía del núcleo urbano el lugar de acción principal, y del que muchas películas beberían. Shaft es sin duda una de ellas. De todas maneras, hemos de tener en cuenta que el año de estreno de las dos películas es el mismo, así que no queda claro cual de las dos influyo a la otra, o sí fue una simple coincidencia que las dos películas recogieran el pensamiento de su época con tanta exactitud de fechas.

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En entre otras cosas, la película de Don Siegel proponía un tipo de personaje que rompía con el modelo tradicional de policía. El personaje principal, Harry, interpretado por Clint Eastwood, era un hombre que se encontraba al margen de la ley precisamente por los métodos que empleaba, métodos que se salían de la jurisdicción policial. Harry no respetaba la ley porque esta era, para él, un impedimento. Harry el sucio es sin duda una de las figuras que cambió la visión del agente de policía en el cine.

Es cierto que Shaft no es un policía, sino un investigador privado, pero en la construcción del personaje el film sigue en gran medida las pautas que proponía Don Siegel en su película. Shaft, nuestro personaje, interpretado por Richard Roundtree, bebe mucho de la figura del investigador bohemio, aquel que se mueve en ámbitos que no forman estrictamente parte de la legalidad, aunque el director de la película, Gordon Parks, nos lo muestre como el personaje a seguir, como al fin y al cabo, el bueno de la película. Shaft de hecho es un personaje que es amenazado por la policía en los primeros compases de la película. En realidad, el debate del film se centra en un personaje que está entre dos mundos, porque no se puede definir como un hombre integrado en la sociedad racista blanca (hay una escena bastante significativa en la que se resume esta esencia, cuando nuestro protagonista pide un taxi que tiene delante suyo y este se para a recoger a un peatón blanco que hay más adelante) pero tampoco está dentro del ghetto, sino que queda a un margen tanto de un bando como de otro. Aparte de eso, nuestro personaje se comporta con una actitud de altanería muy propia de la época, y como ejemplo es memorable la sentencia que exclama nuestro protagonista una vez se entera de que sus compañeros no tienen armas (textualmente, panda de mariquitas).

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Shaft es una película sucia, aún más si cabe que la obra de Siegel. Los barrios del Harlem son retratados tal y como eran en aquellos años, con dulzura pero a la vez con la crudeza que demuestran sus calles. No es una visión adulterada, es la de Gordon Parks, un hombre que aparte de dirigir películas se vería inmerso en otras artes, como la fotografía y que se sentía obviamente implicado en la necesidad de contar relatos para su comunidad. A ritmo de Funk, nuestro personaje se encarga de registrar las calles en busca de la hija desaparecida de uno de los mafiosos del barrio a quien pide ayude a Shaft para que resuelva el caso. Estas secuencias callejeras tienen un enorme paralelismo con las que realizó Don Siegel en su película, sólo que Parks no sólo hace un simple copia y pega, sino que consigue con una personalidad adaptar el mensaje y los contenidos, de manera que crea una singularidad que hace que Shaft, la película, resume una sensualidad muy propia.

Es cierto que la trama deja bastante que desear. Después de un inicio bastante desesperante en el que reina un poco el caos, la película va dando tumbos en unas persecuciones en las que lo que menos destaca es la brillantez de la trama y su desarrollo.

La música ya comentada es un factor indisoluble al de la película y de hecho fue ganadora de  los Oscar a la mejor canción por una composición musical realizada ni más ni menos que por Isaac Hayes.

6/10

Kyrios

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