Dragon Ball Z: La batalla de los dioses

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Todo el mundo sabe que es Dragon Ball. Para el que no lo sepa, después de aterrizar sobre el planeta tierra, deberá saber que es un manga (en principio) japonés que posteriormente pasaría a convertirse en un anime o serie de animación. El caso es que si hay algo que defina a la saga creada por Akira Toriyama es el verbo exprimir. No sólo en miles de productos merchandising, como camisetas, muñecos, pósters, e incluso múltiples videojuegos en muy diversas plataformas, sino que también se ha explotado al máxime en múltiples películas para la televisión.

Antes de todo, hay que decir que la saga ya terminaba de una manera bastante irregular. Después de un inicio brillante en el que se seguía las aventuras de unos jóvenes protagonistas en el que abundaba un tono humorístico con momentos escatológicos individualizados en diversos personajes que tenían su cierta gracia y una serie de situaciones originales (que en gran parte reinterpretaban personajes del mundo japonés así como leyendas, pero también elementos futuristas y modernos), la saga fue derivando hacia un continuo mar de peleas donde se reprimía la inteligencia y la ironía por la simple acción y la suplantación de neuronas. No contentos con ello, crearon una continuación (Dragon Ball Z) en la que se pervertía totalmente la naturaleza idiosincrática de la obra original. Ya no había tiempo para el humor o cualquier atisbo de originalidad, sino que todo se perdía en un vano intento por entretener a toda costa, ofreciendo si hacía falta, diversas dosis de violencia. La reiteración de esquemas propició que se alargara la serie hasta el infinito e incluso permitió que bastantes años después se construyera una nueva serie, ubicada en un futuro aún más lejano, conocida como Dragon Ball Gt.

Y en estas que Akira Toriyama decidió desentenderse del producto, y dejar su obra. Y así pasó el tiempo hasta que después de una adaptación cinematográfica más que apestosa, dirigida por el director de Destino Final, James Wong, Toriyama ha vuelto para realizar una nueva película. ¿Los motivos? Se desconocen. Quizá, a Toriyama le pueda la codicia, aunque seguramente con todas las vías de explotación que tiene sobre su producto, este no sea el motivo principal. Quizá puede ser que Toriyama anhele aquellos momentos de gloria en que todos los adolescentes literalmente flipaban con su serie, y en el que el panorama mundial tenía los ojos puestos sobre él y su cincel.

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El caso es que la película adolece de todos los males que de las otras adaptaciones. El esquema de las anteriores era tan realmente estúpido que uno no llega a entender el éxito de aquellas obras. Situadas en un tiempo paralelo al que ocurría en la serie, las películas hacían entrega de un nuevo malvado que llegaba a la tierra puesto a destruirla. Y ya está. Poco más hay que rascar. Después de una explicación donde se ponía de relieve en apenas cinco minutos la procedencia del enemigo, se procedía a un combate en el que nuestros protagonistas salían derrotados. Poco después nuestros protagonistas se encomendaban a San Pancracio y milagrosamente en el último momento conseguían sacar una fórmula exitosa que les permitía ganar. Bien, esto que parece tan rematadamente idiota ha dado tanto juego que no han sido sólo dos o tres las películas que han seguido así, sino que se pueden contabilizar diversas. Solamente la película de un futuro alternativo, la historia de Trunks y Gohan, consigue distinguirse de semejante cutrerio que destilan sus compañeros.

Es difícil de entender, pues, que después de tanto tiempo permaneciendo inactivo (y con miles de rumores entremedio, que si Toriyama volvía, que si no, que si ahora hago una serie más moderna que sólo recorta metraje…) el creador japonés vuelve a la carga con semejante obra, que no aporta nada nuevo a la iconografía de su obra original.

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El esquema pues, es el mismo que en anteriores películas, el diseño del personaje enemigo no despierta tampoco simpatía alguna ni parece novedoso. No es una película para hablar de guión, y eso que el mundo creado por Toriyama daba para bastante.El estilo visual, la ambientación y demás siguen el mismo patrón que hace veinte años y en los aspectos que se han tratado de adaptar a nuestro tiempo revelan una falta de recursos importante, con recreaciones en 3-d propias de una televisión autonómica local. Toriyama intenta meter algunas dosis de humor, pero resultan facilonas y destinadas a un público infantil, cosa que nos hace recordar la antigua chispa que demostraba el creador, no sólo en el manga original, sino también en su obra Arale.

Y poco más hay que rascar, en una ¿Película? que ha conseguido arrasar en su preventa. Otro día hablamos si eso de los fans de la serie de animación, aunque eso daría para una novela entera, ciertamente.

2/10

Kyrios

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