Trenes Rigurosamente vigilados

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El año 1966 fue un año para recordar en el cine checo (por aquel entonces aún existía la entidad política conocida como Checoslovaquia). La película de Jirí Menzel, Ostre Sledované vlaky, titulada al español como trenes rigurosamente vigilados, ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Más allá de galardones de sentido vacuo, el ganar el premio supuso la afirmación internacional de la nueva ola de cine checo, que se abría paso por méritos propios dentro del panorama internacional.

La ópera prima de Jirí Menzel es precisamente la película ganadora. Una película por otra parte que no es en absoluta apta para todos los públicos. La obra adapta una novela de Bohumil Harabal del mismo nombre, aunque desde el primer minuto nos damos cuenta que para nada se sigue una adaptación lineal o literaria de la novela. Después de un prólogo curioso en el que se nos destaca los antecedentes familiares más que curiosos del protagonista principal, se nos presenta una obra que parece no abarcar ningún tema. De hecho, a mitad de la película puede preguntarse varias veces que está viendo, que no encontraría una respuesta sencilla. Sin duda, trenes rigurosamente vigilados cuenta con un metraje disperso, que a su vez sigue las modas cinematográficas que estaban eclosionando en el panorama coetáneo europeo. Hacía relativamente poco que Godard había revolucionado el cine con El final de la escapada (1960), y la nueva ola francesa había deslumbrado el mundo del cine. Sin duda el movimiento francés influenció a la nueva ola checa, que sin embargo no se revela como una simple copia del modelo original, sino que mantiene una singularidad y una idiosincrasia muy particular (el que el argumento nos sitúe en tiempos de la segunda guerra mundial ya es bastante singular, no acostumbra a suceder esto en las películas francesas).

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La película centra todo su interés en sus protagonista principal, interpretado por Václav Neckár, que mediante el extraño prólogo ya se nos es presentado de una manera singular. Con una familia de orígenes supuestamente dignos, o eso comenta su madre, aunque el flashback inicial nos enseña precisamente lo contrario. De hecho el protagonista encarna a una joven figura que en medio de una guerra mundial ocupa un papel totalmente neutral. En realidad, la película se aleja totalmente del conflicto bélico, para centrarse en otros aspectos, especialmente en la búsqueda de la personalidad del protagonista principal, que sufre Eyaculation Precox, o eso afirma su psiquiatra.

Alejándose pues del nefasto conflicto mundial, la película se centra en el carácter introspectivo de un extraño personaje que aún no ha amado a nadie en su vida. El desarrollo de la película irá en paralelo con las evoluciones del personaje en cuestión femenina, pese a las decepciones iniciales. Nuestro personaje, que está totalmente alejado de la guerra mundial y que sólo se interesa en un arrebato de locura final (que no tiene nada que ver con la política), nos muestra una gran creación de un carácter singular. Se aleja de las grandes figuras elocuentes y heroicas estereotipadas que acompañan la mayoría de producciones norteamericanas sobre la segunda guerra mundial (de hecho según que personas podrían calificar perfectamente a nuestro protagonista principal como un traidor) para mostrarnos un personaje al que el director no trata de hacer caer de manera empática al público, sino que simplemente lo moldea tal y como él director quiere, sea o no un personaje que cause furor o que tenga tirada. La erótica y el sexo tienen un papel fundamental en la película (tengamos en cuenta que en aquellos años habían temas tabús en el mundo del arte, y precisamente la película se encarga de eliminar esta tibieza temática).

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Pero aunque de manera escrita la película pueda tener un sentido, cuando una la ve, se da cuenta de que sin duda la extravagancia y la personalidad del director se imponen ante cualquier argumento sólido. No existe una lógica en la película, que no teme  a coquetear con el surrealismo en muchas ocasiones. No un surrealismo dramático o de tono grave como el de otros cineastas como Luis Buñuel, sino un surrealismo fresco, muy singular de los años sesenta (la liberación en temas sexuales es una de las constantes de las que la película se hace reflejo) y que no ofende a nadie.El surrealismo no sólo aparece plasmado en acciones que el espectador es incapaz de prever  y que suceden como un huracán que irrumpe de manera espontánea, sino que también lo encontramos en el diseño de algunos personajes que se escapan a cualquier racionalización.

Y es que de todos los personajes que se nos muestran, ninguno parece seguir unas pautas de comportamiento normal. No ya sólo la tendencia de nuestro protagonista, que parece una ánima en pena, sino también la interesante figura del colaboracionista checo que ayuda al ejército alemán, y cuyos discursos enriquecen la idiosincrasia de la película (con más garra social que en otras películas francesas de la nouvelle Vague) o la del seductor oficinista que deja un sabor cómico e irreverente en el sello de la película.

7/10

Kyrios

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