Henry: Retrato de un asesino

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Henry retrato de un asesino no es una película al uso. La aureola de película de culto está más que merecida. Pese a que la obra ganó el gran premio del festival fantástico y de terror de Sitges y que encontramos asesinatos, sangre, y un efecto perturbador muy cercano al terror, la película está bastante lejos de ser un slasher corriente de usar y tirar. Más bien la película debe compararse con las obras de Richard Fleischer (El estrangulador de Boston y el estrangulador de Rilllington Place) en las que lo que se priorizaba era el retrato psicológico de un personaje perturbado.

Y es que, John McNaughton, el director de la película, realiza una radiografía sobre un psicópata mental, Henry, tomando la cámara como si se tratará de un auténtico bisturí que realiza unos precisos cortes que nos muestran todo lo que pasa por su cabeza, y muchas veces sin recurrir a las palabras, sino que simplemente se nos muestra con imágenes o recursos no hablados (como el principio de la película, en la que se nos muestra un recorrido sangriento donde ya podemos ver la trayectoria criminal de nuestro protagonista). Es muy interesante en este aspecto señalar el talento de McNaughton, cuando en muchas ocasiones, en cuanto la escena reposa tranquilidad y no hay acción, la cámara que normalmente está alejada de la escena donde están ubicados los protagonistas, se acerca con un movimiento muy lento, de tal manera que casi parece imperceptible, y que dota a la película de una singularidad muy especial.

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Hay que decir que la película goza de un aura muy personal. La frialdad de la película logra crear una atmósfera irresistible. Atrae y repele a partes iguales. La película logra imprimir un estilo tan seco, que consigue pegarse a la piel del espectador y seguramente se convierte en una de aquellas obras que se quedan por la mente durante diversos días, rondando en la cabeza y configurando pesadillas tétricas. No hay compasión alguna, ni por nuestro asesino (o más bien dicho, pareja de asesinos) ni por las víctimas, que parecen cuerpos fríos sobre los que el asesino deja su marca, como si pudiera moldearlos a su manera. No hay ningún apego porque el director de la película no concibe la obra como una obra que tenga que revelar un carácter apasionado (exceptuando algunas ocasiones, asesinatos mayormente) sino que el retrato de nuestro asesino intenta conseguir un grado de verosimilitud bastante alto. Para gran muestra tenemos la escena en que Henry miente de manera constante sobre sus orígenes criminales y la forma en la que mató a su madre, una secuencia que nos revela el carácter de manipulador del personaje.

La fotografía y la ambientación también son elementos indispensables para ayudar a componer el magnífico retrato de la película. La obra opta por un tono minimalista (no hay nunca un gran despliegue de medios, sino que los escenarios así como todo lo que se ve en la película sigue una tónica bastante austera) que ayuda a crear una atmósfera de opresión y de angustia. Los espacios abiertos sólo existen cuando nuestros protagonistas deciden escaparse en busca de alguna víctima inocente, pero cuando hay escenas de diálogos acostumbran a sucederse en espacios bastante cerrados (normalmente el edificio donde viven los tres protagonistas), con lo que se acrecienta de manera muy inteligente la opresión, creando una atmósfera en la que se puede palpar el ambienta malsano y desquiciado en el que tres mentes completamente idas hacen su acto de aparición.

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También, sin duda alguna la fotografía es un aspecto que rema en completo favor de la película, logrando una gama cromática de colores fríos que va muy a favor de la película. En realidad, uno puede pensar que este aspecto está totalmente descuidado, y es cierto que en muchos momentos da la sensación de que se trata de una fotografía de bajo presupuesto, pero este tono naif esta seguramente buscado por el director, para darle un toque más realístico y a la vez degradante a la película.

El guión también opta por posiciones minimalistas. En contraposición con la exageración de muchas otras películas de asesinos, el objetivo principal de la obra no es mostrar torsos ensangrentados o litros de hemoglobina sin ton ni son, sino la construcción de un perfil psicótico de primer nivel. Por este motivo el rumbo que toma la película se acerca mucho a lo más previsible (se dan muchas señales para saber el destino final de la película), pero a la vez a lo más real, rozando en muchos momentos el tono documental, y por momentos uno puede dejar de pensar en la manida coletilla de basado en hechos reales.
También hay que decir que para que la película sea un auténtico éxito, es indispensable contar con la actuación de Michael Rooker, el cual encarna al personaje principal, un psicótico de primer nivel, clavando desde el primer minuto una actuación de asesino real que parece de lo más real que se ha visto en una película del estilo.

7/10

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