Mundo Mudo: El pirata negro/ The Black Pirate

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Una de las primeras obras del subgénero de piratas la encontramos ya en el cine mudo, como se trata del pirata negro, una película realizada en el año 1926 por el director Albert Parker (seguramente la película más destacable de toda su filmografía) e interpretada por Douglas Fairbanks, una de las estrellas del cine de aquella época. El pirata negro es uno de los pilares más claros y evidentes de los films del subgénero, que últimamente están tan de moda con la fiebre mediática que estalló con Piratas del Caribe y sus posteriores secuelas.

Es curioso porque pese a que el film nos habla de piratas y gente de igual calaña, su protagonista principal, el personaje de Douglas Fairbanks, no es uno de ellos (pese a que se infiltra como si lo fuera). Es harto conocido que mediante novelas ligeras de aventuras y las célebres películas de Tony Curtis en años más posteriores, los ingleses (generalizando de manera muy basta) trataron de limpiar la imagen ennegrecida del pirata, mediante obras que banalizaban el aspecto temido y cruento de los piratas y que no tenían reparo en muchas ocasiones de mostrarlos como las figuras principales del relato. El caso es que en el pirata negro no sucede esto, porque la historia principal es la venganza de nuestro protagonista, después de que los piratas hayan matado su padre, y como el personaje se adentra en un barco infestado de ellos, para poder ganarse su confianza y finalmente vengarse.

Aún así, la película nos da una gran galería de imágenes que ya forman parte de nuestra mentalidad colectiva, y que asociamos ya de manera indispensable con una buena película de piratas. El paso por la tabla, vendado para que no pueda ver, que realiza un pirata condenado (Douglas Fairbanks después de haber salvado a la mujer), el tesoro que unos piratas tratan de esconder en una isla, los abordajes entre galeones, la figura de Fairbanks rasgando la vela con un puñal, los desvaríos y confrontaciones que comporta tener una mujer a bordo…Todas estas secuencias y otras más son las que la película, creando en parte y en otra recogiendo de la tradición literaria, consigue elaborar, en un cóctel repleto de aventuras que realmente hace de ella una película tan entretenida como pueril.

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También aquí ya vemos una imagen cliché de la película de aventuras. Como hiciera Tony Curtis años más tarde, la película se anticipa en el tiempo para mostrarnos las cabriolas y volteretas de Douglas Fairbanks, que no tiene ningún reparo en mostrarnos sus condiciones atléticas. Sin duda el papel está hecho a su medida, y el rol que asume lo cumple el actor a la perfección. Otras películas de Fairbanks en aquellos años veinte también nos mostraban sus habilidades físicas, como Robin de los Bosques (1922) o el ladrón de Bagdad (1924) y hemos de tener en cuenta que se asociaba de manera casi directa al actor con este tipo de papeles de personajes intrépidos, aguerridos y valientes para que los interpretara.

La película cuenta además con una singularidad notable, pues se trata de una de las películas experimento que en aquella etapa del cine mudo ya intentaba mostrar una gama cromática que fuera más variada, yendo más allá del blanco y negro. No por casualidad, sino porque la temática de la película permitía explotar de gran manera la variedad de tonos que confluyen en la historia. Realmente la técnica, pese a lo primitiva que nos puede parecer en algunos momentos con nuestros ojos actuales, funciona en gran manera, creando imágenes de singular belleza, como el mar  azul que varía según la luz del ocaso, así como alguna puesta de sol que nos lleva a pensar en pintura romántica. Hablando de esto, algunas escenas de marabunta donde el caos más desordenado es constante y donde los piratas parecen pulular por el barco como hormigas, recuerda a varias obras de Delacroix (especialmente por composición, una secuencia evoca en más de una ocasión a la matanza de Sardanápalo). En los momentos en los que la película se centra en el interior de los decorados su función es minoritaria y pierde más sentido, pero en líneas generales se trata de un experimento más que correcto.

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Por lo demás la película sigue con los esquemas más previsibles. Al guión le falta soltura y denota una simplicidad excesiva. No hay profundización psicológica de los personajes, porque tampoco interesa. Es cierto que sobresale algún detalle (la captura del barco, la estética imagen del personaje interpretado por Fairbanks cogiendo entre sus brazos a su padre muerto o las múltiples secuencias en las que los centenares de extras contratados para la película hacen su acto de aparición) pero en líneas generales el desarrollo de la película es irregular.

6/10

Kyrios

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