Sed de mal

Dos son los directores del cine clásico que aún tienen una horda de seguidores. El primero es Alfred Hitchcock, elevado a los cielos por sus masas, mientras que el segundo, Orson Welles, ha debido pasar un proceso de exaltación de sus cintas. Una de ellas fue, sin duda, “Sed de mal”, la cual, según mi opinión, ni de lejos es uno de sus mejores trabajos.

“Touch of Evil” es una historia bastante avanzada para los tiempos de la época. De hecho, bien la podría haber rodado Oliver Stone, Steven Soderbergh o Iñárritu. Además, Welles desempeñó un trabajo doble como director y actor, y tuvo la suerte de encontrar en el cast a Charlton Heston y a Janet Leigh, dos de las figuras más recordadas de la época. A ello hay que aderezar cine negro, un crimen en la frontera de Mexico y Estados Unidos y muy mala bava. El resultado es un ambiente oscuro, negro y decadente, lejos de los páramos de David Fincher pero con una tensión bastante parecida.

Sin embargo, Welles les superaría a los tres en el apartado visual. Y es que, si algo tiene la cinta del Shakespeare del cine es su gran potencia visual. Sirva de ejemplo la secuencia que abre la historia: el mejor plano-secuencia de la historia del cine, con multitud de cambios y con una naturalidad impropia de los 50. Si a eso le añadimos que cada plano parece 30 años más adelantado de lo que es, no cabe duda que hablamos de un trabajo excepcional.

Los personajes también son un punto de la historia. Harry Quinlan es un antagonista excepcional, mientras que Vargas (Heston) es el perfecto protagonista de moral imperturbable. A ello se añaden secundarios que le dan riqueza a “Sed de Mal”. La fotografía y los personajes, de hecho, dan una tensión muy buena a la película.

Sin embargo, hay un detalle muy gordo que se pasa por alto: el guión y la coherencia de los personajes. Hay puntos en los que, por desgracia, las acciones son muy forzadas. Sirva de ello la conversación de Janet Leigh con la familia de traficantes de drogas o un final más digno de una pirueta argumental que no del estilismo sobrio de otras películas de Welles. Eso empaña (y bastante) una historia que visualmente podría estar entre los mejores thrillers de la historia.

En resumidas cuentas, “Touch of Evil” es una película malograda de Orson Welles. No es un mal entretenimiento, y hay momentos muy consistentes y secuencias potentes a lo largo del relato. Sin embargo, hay demasiada pirueta para atraer al espectador y eso pesa a la hora de construir una historia sólida.

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