Un Gato en París

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Un gato en París fue una de las películas seleccionadas para competir por los premios Oscars ,en la sección de animación, en el año 2010, aunque finalmente el premio se quedó en casa (para variar) con el triunfo de Rango, de Gore Verbinski. Un gato en París es una obra coodirigida por dos directores, Jean -Loup Felicioli y Alain Gagnol, que no es la primera vez que trabajan juntos (ni lo será si realizan el proyecto que tienen previsto con Phantom Boy en el 2015). Una pareja artística que por otra parte tiene un fértil historial dentro del cine de animación.

Un gato en París es una película contradictoria. Por una parte ofrece una estética muy interesante que eleva el nivel de la película a notables cotas, pero por otra parte el guión está muy por debajo de sus hallazgos visuales. Sin duda alguna, estos factores negativos restan valor a la película.

Lo más significativo y valioso del film, es sin duda alguna su estética. Personajes delineados como figuras Picassianas, con cabezas y proporciones humanas que se parecen mucho a los modelos que realizaba el artista malagueño y especialmente en las pinturas que revelan una mayor influencia del arte negro, es decir, Africano. Dicho arte emulaba en gran medida obras del continente Africano (en una mezcla en la que poco importaba que hubiera obras totalmente diferentes entre sí) y de la que en gran parte formaban las famosas máscaras africanas (a partir de las cuales Picasso sacó parte de la imaginería para realizar obras propias, como la célebre pintura de las damas de Avignon, concebida en un primer momento con el título del Burdel filosófico). Por este motivo, no es precisamente casual una escena en la que el ladrón protagonista de la película se apropia de una máscara africana mientras a continuación las dos imágenes (la máscara africana y la cabeza de un personaje) se ponen lado a lado para que el espectador pueda ver las semejanzas. Un claro guiño por parte de los directores de la película en la que dejan patente parte de sus influencias.

También hay bellos paisajes nocturnos que nos ofrece la película. Demuestra un arte que nunca se dedica a transcribir completamente la realidad de una manera minuciosa, sino que París queda retratado de una manera elegante y muy singular, sin la necesidad de caer en una insistencia formal. Construcciones arquitectónicas que en algunos momentos parecen fantasiosas y en otras evaporarse ante la vista del público, con formas sinuosas y diagonales que rompen con la harmonía tradicional, construyendo edificios imposibles.. En interiores es cierto que la película falla más, resultando más convencional y simplista. Sin duda alguna, una de las mejores secuencias en este sentido es la final, que se ambienta en una ficticia catedral de Notre-Dame y que explota todas las posibilidades artísticas de la película, con un gran afán por las posibilidades lumínicas que ofrece el contraste entre la oscuridad de la noche y los focos de luz que alumbran al monumento.

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Sin embargo, el desarrollo de la película es demasiado irregular. Por una parte está el tono de la película que naufraga entre dos mundos. Si la historia parece rozar el infantilismo más agudo (con detalles que duelen a la vista, como la relación entre madre e hija, así como algunas secuencias que nos hacen recordar un vulgar episodio de las tres mellizas), vemos que en otras ocasiones la película se toma en serio a sí mismo, intentando ofrecer una película con toques de cine noir que no pega con lo antes exhibido. No impresiona ni la historia (que podríamos encontrar en cualquier capítulo de una serie de dibujos animados medio decente) ni sus personajes (no hay ni uno que merezca ni un minuto de atención para ser descrito).

No hay tampoco una gran historia que contar. La película toma del cine noir casi todas las influencias para realizar una película que nunca acaba de cuajar. Ladrones, atracos, y paseos a la luz de la noche para desarrollar una historia que carece de interés. Un simple escaparate a partir del cual la película pueda ofrecer su estilo visual.

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Una animación por otra parte, que se diferencia muy notablemente de las proposiciones más comerciales que año tras año siguen bombardeando las pantallas de cine. Es cierto que un gato en París poco tiene que ver con las producciones más corrientes y actuales de Disney y Pixar, pues la película sigue una artesanía totalmente tradicional que se aleja a años a luz de la senda que hace tiempo tomaron las productoras americanas (que últimamente apuestan de una manera ya casi segura por el efecto tridimensional), pero no por eso la película triunfa de por sí, aunque sí es cierto que por este motivo podemos entender las numerosas nominaciones a diversos premios que ha recibido la película, por el simple hecho de ser diferente.

 

4/10

 

Kyrios

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