Blancanieves, de Pablo Berger

Mucho había llovido para Pablo Berger después de “Torremolinos 73”. Algunos pensaban que podría haberse hartado de cines. Otros, que quizás estaba en un proyecto ambicioso. Los segundos acertaron, aunque para nada se esperaban un cambio de registro del director como fue “Blancanieves”. De la comedia Berger iba al drama, de lo más cómico y cuotidiano a la fábula y a la ambientación de la “Españolada” y del color al cine mudo. Y, sin embargo, Berger ha dejado claro que puede ser uno de los mejores directores del panorama español.

El reto de “Blancanieves” era difícil: ¿cómo hacer que el espectador medio viera la película? Todo se basa sobretodo en la imagen para no cansar a quien la ve. Los planos son muy modernos y contienen una enorme expresividad, alternando planos enormes con planos conjuntos muy cerrados. Además, Berger sabe jugar muy bien con ellos y con el contraste entre estos, dejando patente la pequeñez o la enormidad que sienten esos personajes. Si a eso añadimos planos picados y contrapicados, llegamos a la conclusión de que Pablo Berger y X han realizado un trabajo enorme.

A imagen y a sonido le acompaña una adaptación libre del cuento de Blancanieves. Si bien la parte inicial poco o nada tiene que ver con el cuento original, ayuda mucho a construir el personaje protagonista y la forja del carácter que blandirá en su madurez. Como antagonista está Encarna (Maribel Verdú), una mujer de la que no se duda en exagerar, visual y argumentalmente, la envidia y el ego que tiene de su propia belleza. Esos dos personajes, contrastados enormemente el uno del otro (como en el cuento) consiguen integrarse en una trama interesante que consigue adaptar sui generis la esencia de Blancanieves.

La estructura narrativa es muy clara y clásica, con los puntos de giro y las tres secciones divididas con claridad. Sin embargo, resulta sorprendente ver cómo se construye el personaje de Blancanieves y cómo parece levantarse cada vez que Berger la hace sufrir. Cada uno de los personajes de la película, de hecho, van encaminados a esa dirección, a un final fatal del que parece que Carmencita tendrá que levantarse. Y ahí, por suerte, está el segundo punto fuerte de la historia: cómo Berger integra un cuento clásico de forma moderna y en un entorno único, la “Españolada”, un subgénero en sí mismo del cine español.

A algunos no les gustará que se hable del toreo. Otros con poca cultura cinematográfica la despreciarán por ser muda. Sin embargo, no debería haber ninguna duda: “Blancanieves” fue, sin duda, la mejor película española del año pasado.

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