Mundo mudo: El estudiante de Praga (1926)

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Expresionismo alemán en estado puro, con el que nos encontramos en el film, El Estudiante de Praga del año 1926, una película dirigida por Henrik Galeen que versiona la película del 1913. Una película quizá tardía, pues el Nazismo tardaría pocos años para aparecer en Alemania e imponer su forma de hacer cine. Además también por aquellos años había empezado también una nueva forma de hacer cine, conocida como la nueva objetividad, y con figuras de la talla de W. Pabst, seguramente la más destacada. Aún así Galeen se mantendría fiel a sus principios y dos años más tarde, en el 1928, dirigiría una película titulada con el nombre de Mandrágora, y aunque influenció a personalidades como la de Dalí, hoy resta más bien olvidada.

El otro, el doble yo, es uno de los pilares básicos de la película. Una temática que se entronca directamente con otros tantos temas que tocó el expresionismo alemán, aunque sin duda este sea el más importante. En la película además se impone de una manera física y fantasiosa a la vez. Nuestro protagonista, un joven estudiante, salva a una muchacha de una caída a caballo, y cae prendido de ella. Sin embargo, la joven procede de alta alcurnia, así que nuestro protagonista se ve obligado a realizar un pacto con un anciano y enigmático personaje, llamado Scapinelli, que le ofrece una gran cantidad de dinero para que pueda cortejarla. A cambio, le robará su otro yo, el doble que reflejaba en el espejo.

Antes de todo, pero, es importante remarcar la figura de Scapinelli. Evidentemente no es un anciano cualquiera. La película nos lo retrata como un homónimo del diablo, Moviéndose y riéndose grotescamente igual que él, y además demuestra unos poderes sobrenaturales con los que ofrece maravillas a sus personajes.  No es casualidad pensar en otra gran figura del arte alemán, como lo es el Fausto de Goethe. Y es que en cierta medida la película se relaciona con la obra de Goethe, como por otra parte también lo hicieron muchas otras obras del expresionismo alemán (incluyendo una versión de la propia novela, realizada por Murnau).

También vemos como la fantasía una vez más forma parte indisociable de la imaginería colectiva del expresionismo alemán. Todas las películas estaban ligadas de alguna manera a temas esotéricos y fantásticos, que se atrevían a tocar los temas del más allá. La escena cumbre en este sentido en la película sería precisamente el momento en que nuestro personaje principal, se atreve a firmar el pacto con Scapinelli, o el diablo si queremos nombrarlo así. De hecho la manera como se firma el pacto ayuda a configurar visualmente lo que sería la alianza con las fuerzas del mal en películas muy posteriores e incluso actuales. También en esta escena vemos como la figura del yo, de nuestro personaje principal se desdobla en otra imagen, que cobrará vida y que tendrá una importancia capital en el desarrollo posterior.

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En realidad, cada vez que nuestro personaje se enfrenta a su doble, no dejará de ser una lucha contra sí mismo. Contra su propio Yo. Por este motivo la última secuencia es de una vital importancia, pues en realidad lo único que consigue el personaje es quitarse la vida a sí mismo cuando cree haber acabado con todos sus problemas al disparar al doble. Una secuencia poética que vuelve a demostrarnos el gran talento de Galeen, que por culpa de otros genios mayores como Lang o Murnau, ha quedado injustificadamente en el olvido.

Otra escena significativa es el encuentro entre nuestro personaje principal y su amada, en una secuencia que nos demuestra que el montaje soviético ya había hecho su influencia, entrando en Europa. En dicha secuencia, Galeen crea un complicadísimo montaje en el que demuestra una gran fuerza creativa. Mediante la colocación de planos diversos y realizados desde todos los puntos de vista, primeros planos así como encuadres más generales, que duran apenas unos instantes se nos crea una atmósfera agobiante que da la sensación de que en cualquier momento la chica puede caer del caballo.

La siniestra música es un punto a favor durante gran parte del metraje. Es cierto que a la larga puede hacerse pesada, porque no deja de ser bastante reiterativa, pero también es verdad que crea una atmósfera pesada y agobiante que le dan un tono siniestro y pesimista a la película, que va muy acorde con el contenido que muestra el film. A decir verdad, si en el expresionismo alemán encontramos poco sentido del humor, en el Estudiante de Praga de 1926, aún esta faceta se acentúa aún más.

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Con unos maravillosos decorados de Hermann Warm, que nos pueden recordar a otras concepciones arquitectónicas tan delirantes como la que seis años antes se había construido en El gabinete Cagliari (aunque en aquella película el gran esfuerzo provenía de la pintura, que mediante sinuosas y oblicuas líneas conseguía crear una percepción irreal al espectador) y en la que el propio Warm había colaborado. Warm es sin duda una de las figuras más interesantes del cine alemán, pese a que nunca dirigió una película. También colaboró en películas como Vampyr de Dreyer, y con otras figuras como Lang y Murnau.

7/10

Kyrios

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