Kenneth Anger y Aleister Crowley

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Kenneth Anger es un cineasta muy particular. Su Figura es tan singular e inclasificable que difícilmente podemos encontrar a alguien que haya visto alguna de sus obras. Tampoco ayuda que la filmografía de Anger sea tan experimental como revulsiva, y donde no faltan sodomizaciones, encuentros homosexuales, invocaciones satánicas e incluso apariciones de platillos volantes. Su influencia está muy clara y es abiertamente reconocido el culto que siente Anger por Aleister Crowley, una de las figuras más destacadas de la contracultura de los siglos XX y revalorizada especialmente por el movimiento Hippie (que malentendieron sus prácticas de magia sexual). Anger no es el único que siente una especial atracción por el mítico personaje, creador de la famosa obra The Book of Law, así como de la ley de Thelema (con un eslogan como máxima muy Nietzscheano,  el célebre haz lo que quieras), también el músico Jimmy Page siente una gran reverencia por él. De hecho, el propio Page tiene la colección más grande del mundo de manuscritos y obras originales de Aleister Crowley.

Aparte de que en muchas de las obras de Anger encontramos referencias a la obra literaria de Crowley, como en Lucifer Rising (1972) o Invocation of My demon Brother (1969) donde trabajó codo a codo con Mick Jagger (otro interesado en el ocultismo), hay dos cortometrajes de Anger que hacen referencia explícita a una de las facetas de Crowley más curiosas: Su relación con la pintura.

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Crowley fue (aparte de escritor, libertino, brujo, alpinista, ajedrecista y según el espía) pintor, aunque ciertamente nunca llegó a alcanzar un gran nivel dentro de este arte. Si tenemos como referencia que nuestro magnífico pintor Francisco de Goya y Lucientes empezó su andadura con trece años, lo que ya se considera como un aprendizaje tardío, nos será mucho más fácil comprender la inexperiencia de Crowley con los pinceles. De hecho, siempre fue un pintor autodidacta, que aprendió el sólo a dibujar y a pintar, y no siguió con esta faceta de una manera lineal, sino que la reprendió en diversos momentos a lo largo de su vida, simplemente cuando a él más le convenía.

Kenneth Anger, realiza dos cortometrajes en los que el espectador puede comprobar la obra pictórica de Crowley, que tampoco fue muy extensa. El primero y más elaborado se titula (y el título ya es bastante sintomático) como “El hombre que quisimos colgar”, y Anger lo realizó en el 2002. Le sigue la menos cuidad Brush of Baphomet, realizada en el 2009, una obra de apenas cuatro minutos de duración y que demuestra  una escasa sensibilidad. Es interesante observar que El hombre que quisimos colgar fue una obra que se le pidió a Anger después de que se realizará una exposición en Londres sobre las pinturas de Crowley. ¿Qué habría pensado el mago acerca de esto? Seguramente hubiera henchido su pecho con plena satisfacción, pues Crowley no tuvo en vida un gran reconocimiento, ni en pintura ni en otros muchos aspectos, como por ejemplo su obra literaria que fue muy diversa y variopinta. Sólo una exposición del artista y de su pintura se realizó en vida, precisamente en Berlín, en el año 1930, en la galería Neumann-Nierendorf.  51 pinturas y un éxito moderado de prensa, que le trataba mejor que en su país de origen, Reino Unido, donde habría sido seguramente masacrado.

Pintura Naïf la que nos encontramos a lo largo de su carrera. Es interesante las palabras que tenemos de Crowley cuando inició su andadura en la pintura, y la prensa local estadounidense (pues fue en ese país donde empezó a cultivar este arte)cuando le preguntaron por sus influencias y cómo definiría su arte, a lo que Crowley contestó: “Bueno no sé como lo llamaría usted, pero por favor, en cualquier caso, no me llame cubista ni futurista, ni ninguna cosa rara como eso. Supongo que me podría llamar un impresionista subconsciente y automático”

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Personajes grotescos (Crowley tenía una gran predilección por pintar personas con discapacidades o malformidades, y por su taller pasaron multitud de personas con estas disfunciones), así como temas esotéricos y extravagantes son las que forman su obra. Pintura plana y realizada con grandes capas de pintura que muchas veces parecen aplicadas de manera aleatoria, lo más destacable de su obra sin duda son los enigmáticos retratos que realizó de personajes que parecen ocultar más de lo que muestran.

Fue sin embargo en la abadía de Cefalú donde sus pinturas cumplieron el papel más simbólico de su obra. El propio Anger trató de rodarlas en el 1955, yendo incluso a la alejada abadía, pero por falta de presupuesto hubo de abandonar el rodaje. Crowley alquiló una rústica vivienda en un pequeño pueblo de Sicilia, donde pretendía establecer una comunidad apartada del mundo y que siguiera sus propias normas, y que evidentemente, se rigiera por la ley de Thelema y el uso de rituales mágicos. En cierto sentido fue la experiencia de Crowley más fructífera, como admitiría años más tarde. El caso es que la vivienda estaba decorada por grandes murales de pintura que el artista realizó en colaboración con seguidores de la abadía. En estos murales podemos ver las constantes de la obra de Crowley, como elementos sexuales por doquier (en Cefalú los ritos sexuales con carácter mágico estaban a la orden del día) así como más simbología mágica que servía para algo más que decorar las paredes. Aún hoy en día pueden visitarse estas pinturas pues la casa sigue deshabitada.

Kyrios

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