Pesadilla en Elm Street: El origen (2010)

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Por si acaso los productores de Hollywood no habían exprimido lo suficiente la figura de Freddy Kruger con hasta seis películas (que abarcan cronológicamente desde su nacimiento en el 1984 hasta 1991, prácticamente una cada par de años), el 2010 se decidió volver a retomar al personaje con un reboot que cogía desde cero al personaje. En realidad, una excusa más para poder explotar al personaje creado por Wes Craven, uno de los iconos más reconocibles dentro del mundo del terror. Desquitándonos de las secuelas posteriores, hay que destacar que la primera película de la saga, marcó un antes y un después, si bien no artísticamente hablando, si en la imaginería popular. El mito de Kruger se convirtió en un auténtico emblema del cine de terror ochentero.

Al lado de figuras como Kruger, podemos encuadrar a otras como las de Mike Myers, o Jason (pese a que en la primera película no aparecía él), provenientes del subgénero del slasher, y que se han convertido (o se convirtieron) en las pesadillas de muchos de los niños que crecieron con aquellas películas. Kruger vino a substituir los terrores viejos por los modernos, y el cine le dio un aura y prestigio que le dieron una tremenda popularidad. Llegando hasta nuestros días, en que todos, quien más quien menos, conocen al personaje, y no es difícil ver gente disfrazarse de él por carnaval, o incluso en la fiesta de Halloween, que poco a poco viene colándose en nuestros territorios (y que como Kruger, provienen del nuevo mundo, como casi todas las nuevas pesadillas). Wes Craven confeccionó una película que seguía los modelos del slasher, inaugurado hacía relativamente poco, con la mítica película de John Carpenter, con la noche de Halloween, realizada en el 1978. Pero además realizaba alguna aportación interesante. En la película, como es sabido por casi todos, nuestro personaje sólo atacaba en sueños. Esto que puede parecer un detalle de poca importancia, en realidad tiene un peso mucho más importante.

Y es que cuesta poco imaginar la terrible sensación que debió de causar la película a muchos de los incautos que se acercaban a las pantallas de cine a “disfrutar” de la película. Cabe remarcar que precisamente el slasher nace al mismo tiempo que la demanda de un público adolescente, que como generación que quería revelarse contra la paterna, encontró en el cine de terror una vía de escape perfecta. El propio cine ha captado esta realidad, y a todo el espectador de cine le sonará enormemente  la típica escena en la que una pareja o un joven muchacho se escapan a altas horas de la noche para poder ver una sesión de vísceras y sangre. Ahora sólo hay que pensar en como volvía a casa este asustado espectador, que tenía que continuar su propia película en la vida real. La publicidad de la época, con carteles más que gráficos, ya se hacía eco de esto, anunciando que el espectador no podría dormir, que Freddy les perseguiría…y otros lemas que forman parte de una época muy concisa, como los ochenta. Por decirlo claramente, la película iba más allá de la pantalla de cine.

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Otra cosa muy distinta es el remake totalmente falto de originalidad que produce New Line Cinema y que dirige Samuel Bayer. Un hombre que ha dirigido decenas de videoclips, entre los que se incluye uno de los más icónicos de los años noventa, como es el Smells Like Teen Spirit, del grupo Nirvana. Claro, empezando su carrera de una manera tan meteórica no podía hacer nada más que ascender, como así fue, colaborando con grupos de la talla de los Ramones (Poison Heart), varias colaboraciones con Los Jesus and Mary Chain (Almost gold y Far Gone and Out) e incluso con The Cranberries (con la mítica canción de Zombie).Pero una cosa es el lenguaje musical y propio del videoclip, al que Bayer como vemos no le falta experiencia, y otra bastante distinta el lenguaje cinematográfico.

La película no aburre, cierto, pero no hace más que un repaso lineal a la película original de Wes Craven. No ofrece ninguna alternativa, simplemente se dedica a rodar la misma película con los medios modernos de hoy en día. Con un cambio de personaje a mitad de la película, al que ya podéis imaginar lo que le pasa, la obra se dedica a registrar de manera monótona una serie de asesinatos en los que además se demuestra la tibieza del director, que no sabe si andarse entre el gore o una película más suave.

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Personajes poco esbozados, con los que el espectador puede sentir poca empatía, situaciones arquetípicas, lo único que podía resultar de interés era el duelo entre Robert Englund y Jackie Earle Hayle. Robert Englund fue el primer y único Freddy Kruger (que rodó todas las películas de la saga Freddy, incluyendo la nefasta Freddy Contra Jason, 2003) y que encarnó de manera perfecta al personaje, y uno de los culpables que la película aún siga viva hoy en día. Jackie Earle Hayle, que había destacado por su papel en Watchmen, cumple eficientemente sin que el espectador pueda comprobar grandes diferencias. Es cierto que el carisma de Englund se echa a faltar (con sus perfectas dosis de humor negro) pero poco hay que reprocharle a Hayle. Que la película sea una desastre desde luego no es culpa suya.

 

2/10

 

Kyrios

 

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