Ciclo Alfred Hitchcock: El enemigo de las Rubias (1927)

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Pocos conocen la etapa muda de Hitchcock, pero el genio británico ya empezó su andadura cuando los films no hablaban. Seguramente la película más brillante de esta etapa sea El enemigo de las rubias (1927), una traducción poética que nos desvía del sentido original de la película, que en su idioma original se conoce como The Lodger (A story of the London fog). Precisamente este subtítulo describe muy ingeniosamente la esencia de la película. Es cierto que Hitchcock rodaría cuatro películas mudas más después de esta, pero no serían tan valoradas (ni tendrían un impacto comercial como el que tuvo esta), y además hay un aspecto muy importante que hace que El enemigo de las rubias sea continuamente revalorada, y es la aparición de uno de los rasgos que encontraríamos continuamente en la obra de Alfred Hitchcock: El falso culpable.

Se pensó en Hitchcock para la adaptación de una novela de intriga y misterio, que había tenido un éxito notable, The Lodger, una obra de Belloc Lowndess, que precisamente trataba los famosos crímenes de Jack el destripador, que se cometieron en la Londres Victoriana. Como revela Donald Spoto en muchos de los múltiples libros que ha tratado el historiador sobre la figura de Hitchcock, el productor de la película, pensó que Hitchcock sería la figura ideal para retratar un ambiente tan sórdido y tenebroso como el que desvela el argumento de la película, seguramente porque Hitchock se había empapado hacía relativamente poco de la tradición cinematográfica alemana (el expresionismo alemán y sus fantasmas), en un viaje que le había llevado hacía esas tierras. El caso es que la película nunca cita expresamente a Jack el destripador, pero está claro que el genial director recurre constantemente a esta figura para que el público pueda reconocer elementos populares y que le sean cercanos. De hecho la primera secuencia del film es más que reveladora en este aspecto, y uno no puede dejar de recordar los ambientes de niebla, tétricos y oscuros, en los que una multitud descubre el primer crimen del vengador.

El falso culpable es la figura que más destaca como rasgo característico de la película. Ivor Novello representa un personaje enigmático que decide alquilar una habitación, en la cual acabará conviviendo con diferentes personajes y enamorándose (oh casualidad) de una joven rubia que es hija de la dueña. Como el asesino (el pseudónimo de Jack el destripador) tiene una fijación especial por las rubias y si a nuestro protagonista Ivor Novello, le añadimos la sensación que siente por esta joven, más el comportamiento errático de su figura (que guarda la fotografía de otra rubia en la cartera y se dedica a hacer paseos a altas horas de la madrugada) es normal que las sospechas de ser el asesino caigan sobre él.

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Contaba el propio Hitchcock en reiteradas ocasiones y siempre que concedía entrevistas, una historia que le sucedió de pequeño, y es que fue detenido cuando era un niño, después de que entregará una nota de parte de su padre a la comisaría. La nota simplemente ponía que el comisario lo encarcelará durante unas horas como castigo por una mala acción que había cometido el pequeño. Supuestamente este hecho acabaría marcando la vida del niño para siempre, que se sintió precisamente como un falso culpable, porque según él, no había hecho nada para que lo encerraran en la cárcel. Sea o no sea cierto el impacto que pudo tener esta historia en la carrera profesional de Hitchock en el cine (ya sabemos que Hitchock era muy propenso a mitificarse a sí mismo), lo que es verdad es que la figura del falso culpable se repite en una gran cantidad de veces a lo largo de su carrera, por no decir que tiene incluso una película con el mismo nombre, Falso culpable,  rodada en el 1956 y en la que el personaje interpretado por Henry Fonda, es acusado de un crimen que no ha cometido.

Ya en una película tan primeriza como el enemigo de las rubias, podemos rastrear esta figura, y la encarna el actor Ivor Novello. Como ya hemos dicho todas las sospechas caen sobre él, culminándose en una persecución que resulta seguramente lo mejor de la película (por la manera en como dirige la secuencia el director). Aún así hay que decir que el guión resulta un poco tramposo en este aspecto. Si el propio Hitchcock deseaba que la película quedará con un final abierto (es decir, que nunca el espectador podría saber si Novello era o no el auténtico autor de los crímenes) los productores le obligaron a dejar bien claro que el personaje principal no era autor de dichos crímenes, con una respuesta que tenía evidentemente una concesión comercial hacía el espectador, que nunca habría perdonado que Novello quedara bajo sospecha. El caso es que la película se queda en tierra de nadie, porque deja sin resolver la identidad del auténtico criminal, con lo que la trama principal se convierte en nada más que una interesante pero endeble construcción artificial.

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La película muestra muy bien una combinación del mundo alemán que Hitchock había asimilado (tanto en la creación de atmósferas como en muchas maneras de colocar la cámara, especialmente con esos planos que realiza la cámara cuando dirige las escenas ambientadas en el piso) con el propiamente británico (sin duda alguna, el tema del asesinato y la búsqueda del criminal forman parte sin duda alguna de la temática más habitual de la Inglaterra de aquella época, no sólo en el cine sino también en la literatura)

6/10

Kyrios

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