The Cabin in the Woods

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A veces, en el género del terror, suceden cosas inesperadas. Son como esos sustos que se producen a media película, como los del cine oriental. Aquellos en los que se produce un silencio enorme y sabes, por desgracia, que vas a tener al maldito monstruo després. Ahí, oliendo tu nuca. La diferencia está, sin embargo, en que esas sorpresas las recibimos con masoquismo. Nos encanta que nos asusten de forma completamente diferente, y con “Cabin in the Woods” muchos podrán haber sentido como Drew Goddard ha reconstruido muchos clásicos en tan sólo una cinta.

¿Por qué “Cabin in the Woods” es tan especial? Quien la haya visto no duda de ello: reconstruye de golpe los slashers. Y, como Sam Raimi hizo con “Posesión infernal”, en una cabaña. De hecho, la premisa es de lo más convencional: un grupo de chicos que van a una casa en medio del bosque y sufren todo tipo de pesadillas. Pero la realidad de Goddard es diferente. Él aporta ya el primer giro: un grupo de científicos los cuales van a realizar un experimento.

Uniendo estos dos puntos, “Cabin in the Woods” logra el ejercicio más surrealista. Todos los puntos conectan creando una historia sin flecos y con mucha sorpresa incorporada. La cinta consigue así mezclar sustos y humor a partes iguales. De hecho, la cinta de Joss Whedon y Drew Goddard es una combinación perfecta entre ciencia ficción, “Buffy Cazavampiros” y la “Posesión infernal” de Sam Raimi. Un cóctel en el cual todo se divide en tres actos, el tercero de los cuales es una suma de todas las películas de terror de los años 80 con una escena espectacular.

Pero es que ya no es sólo un segundo acto sorprendente. Poco después espera un tercer acto que o bien encantará al público que la vea o bien lo echará hacia atrás. Una cosa queda clara: no es una historia apta para cualquiera. Es más, su autoparodia y su revisión del género de terror es un experimento perfecto de frescura y pastiche cinematográfico, mezclando humor, terror, fantasía y ciencia ficción a partes iguales.

También hay que aclamar más puntos además de la historia. La estética es tremenda y aparecen en ella muchos mitos con una representatividad casi perfecta. Incluso el final tiene reminiscencias a algunos clásicos del terror. Por lo tanto, más carne al asador es lo que nos deja Goddard: suma 2 (una historia original y trepidante) y 2 (una fotografía muy buena). Quizás gusta, quizás no, pero está clara una cosa: para mí es una de las mejores películas de los últimos años.

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