Europa One

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Sebastián Cordero no es un director al uso. Tampoco lo es su última película, Europa One (2013), que compitió en el festival de Sitges de dicho año. De origen ecuatoriano, Cordero nos entrega una película de ciencia ficción que aprovecha el recurso del metraje encontrado (Found Footage) para realizar una película que no sigue los tópicos de este subgénero, sino que intenta acercarse a otro nivel muy distinto. Primera incursión del director en el campo de la ciencia ficción, y también primera película que se inscribe dentro del terreno de producción norteamericana.

Cordero ya recibió ayuda económica de Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón en su segunda película, Crónicas (2004) pero en esta ocasión el director ha hecho las Américas (en este caso subiendo hacia arriba y sin salir del continente) con tal de poder rodar su película. Aún así el presupuesto el film se aleja más que sustancialmente de otros proyectos de ciencia ficción, y si comparamos la película de Cordero con la recién estrenada Gravity (de Alfonso Cuarón) nuestra comparación puede resultar dolorosa. Nada más lejos de la realidad, la película de Sebastián Cordero tiene unas virtudes que no se cimentan ni en efectos especiales ni en tratar de deslumbrar al espectador mediante una técnica visual demoledora.

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Metraje encontrado. El found footage es la técnica mediante la que el director realiza la película. Con la excusa de una compilación de la Empresa que produce el cohete Europa One (una nave dirigida que pretende aterrizar en Europa, una de las naves de Júpiter, para comprobar si debajo de las placas de hielo se encuentra un mar parecido al del ártico en la tierra) Cordero compone una película que representa que recoge todos los testimonios fílmicos que se dieron en la nave de la Europa One para crear su retablo principal. En realidad el Found Footage es un bonito pretexto para que el director pueda realizar su película de una manera mucho más económica, pero también hay que decir que el director aprovecha todas las posibilidades que le ofrece este recurso cinematográfico para elaborar una película que rehúye de los tópicos. Sólo hay que comparar Europa One con la película Apollo 18 (2011, también elaborada con la técnica del metraje encontrado) para darse cuenta que la película del director ecuatoriano se aleja a años luz de las intenciones de la mayoría de películas de ciencia ficción.

Precisamente explota todas las posibilidades porque el found footage, que supuestamente ayuda a dar una mayor sensación de verosimilitud a la historia, se une perfectamente con el tono de la película, que se acerca a una ciencia ficción mucho más realista.

El objetivo de Europa One no es mostrar una batalla colosal entre una civilización humana y una extraterrestre. Tampoco una delirante mezcla de secuencias en las que las diversas cámaras nos muestran un ataque alienígena mientras oímos gritar desesperadamente a nuestros protagonistas. En realidad, Cordero realiza una película que se acerca con mimo y cariño a los grandes referentes de la ciencia ficción (enésima película que repite un homenaje a 2001: Odisea en el espacio, con la inclusión del maravilloso Vals del Danubio azul de Strauss). Nuestros personajes sufrirán una serie de pruebas, cierto, pero la óptica con la que enfoca el director esta serie de vicisitudes está muy alejada del tremendismo con la que es abordada por decenas de directores. Europa One deslumbra por la calma, por su silencio y su sencillez. Es una de las pocas películas que trata el tema de la exploración espacial creando una sensación de claustrofobia en el espectador, que se siente como un ser diminuto, fragmentario ante la cosmogonía. Sensación que habría de aparecer en la gran mayoría de films que se ambientan en el espacio y que sin embargo no cumplen.

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Algunos han aprovechado que la película tiene una solidez argumental más grande que otras películas de su campo, para tildarla elogiosamente como una película que se acerca más a la ciencia que a la ficción. Esto es algo bastante discutible, porque es cierto que pese a que la película no comete errores de bulto en cuanto al respeto fidedigno de los efectos científicos, tampoco es justo compararla con un simple documental espacial. Tampoco la película está al nivel de cientificismo de películas como la amenaza de Andrómeda (1971) de Robert Wise. La esencia de la película es otra, y es apoyarse en el discurso científico para intentar realizar una obra que emocione al espectador (alejándose de la frialdad documental).

A la película le cuesta arrancar, y los primeros compases de su metraje demuestran que a Cordero le cuesta entrelazar el material fílmico para componer una narración, que en por momentos se vuelve farragosa. Pero a medida que avanza la película y va descubriendo sus cartas, Cordero se siente como pez en el agua y se pueden destacar secuencias que le quitan el hipo a uno.

 

6/10

 

Kyrios

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