Clean, Shaven

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el personaje interpretado por Peter Greene aparece en la ducha de un sucio motel, mientras miles de sonidos, entre los que se juntan  reales con imaginarios (como sonidos distorsionados que incluyen voces de múltiples narradores de radio que parecen tener un tono de voz parecido a la que utilizan los sermoneadores que nos avisan periódicamente del fin del mundo) se encargan de alimentar la inconexa atmósfera de la película. Algo parece que está fragmentado en Greene, algo hay en él que nos indica a pensar que no está entre nosotros, por lo menos al completo. Se arranca algo de la cabeza (seguramente un chip con el que el gobierno intenta dominar a la humanidad, pero está claro que esos cerdos con él no lo conseguirán) mientras muestra una mirada totalmente ida. Evidentemente, siempre que conduce tiene la sensación de que la policía o alguien está tras él, en busca de sus huesos, aunque no puede utilizar los retrovisores porque podría ver su imagen reflejada en ellos y eso le causa auténtico pavor, tanto, como para tener que deshacerse de todos ellos.

Clean, Shaven (1993)  es una película que difícilmente puede convertirse en un éxito comercial. Con unas intenciones totalmente alejadas del relato más convencional, la película se erige como un originalísimo retrato de un esquizofrénico, interpretado magníficamente por Peter Greene. Al fin y al cabo también supuso el debut cinematográfico de Lodge Kerrigan, un director cuanto menos complejo.

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Una muestra de cine independiente que no dejará a nadie indiferente, por  presentar una propuesta arriesgada a más no poder. Kerrigan está muy cerca de los thrillers enigmáticos que nos presenta otro genio como David Lynch, sólo que Kerrigan no se detiene en adornar estéticamente su historia, sino que la muestra tal y como funciona en la realidad de su desquiciado protagonista. Seguramente por esta crudeza y esta ambientación tan escéptica, su éxito haya sido mucho menor que el de otros cineastas que proponen toques de surrealismo en sus historias. Al público le interesa el fantástico siempre que le ayude a soñar y a imaginarse mundos diversos, pero cuando el tono se vuelve gris y oscuro, la mayoría abandona el barco. Clean, Shaven nos muestra la historia de un paranoico que trata de contactar con su hija, después de haber estado largo tiempo encerrado en un manicomio por sus brotes psicóticos. Ya vemos que el argumento no es precisamente algo sorprendente, y no es la sorpresa argumental el objetivo del director, sino más bien la formal. Aún así el director deja muchas pistas en el aire, y nunca acaba de mojarse completamente. ¿Es culpable de asesinato nuestro protagonista? Pese a los argumentos a favor de la hipótesis, la duda sigue estando en pie.

Pese a que presenta una historia (aunque seguramente todo podría estar sucediendo en la mente de nuestro sufrido protagonista), Clean, Shaven no utiliza una narrativa convencional. A decir verdad, apenas existen diálogos en la película y nuestro personaje realiza mayormente acciones que no tienen ninguna aportación dentro de la trama. La película se sustenta en pequeños detalles, que son los que utiliza el director (como hace Lynch en muchas de sus películas) para ir desvelando el torturado mundo interior de nuestro protagonista. Así es como nos damos cuenta de la obsesión que tiene por las niñas pequeñas (los repetidos cárteles de niñas desaparecidas que vemos en los cartones de leche), la torturada figura que refleja su espejo (rompe todos los cristales con tal de no verse reflejado en ellos) y en general de un comportamiento que se aleja totalmente de lo que entendemos por normal (no en vano hay flashbacks que nos inducen a pensar que el protagonista ha escapado de un manicomio). Una narración, que no deja de ser fragmentaria porque simboliza la mente de nuestro protagonista. En este sentido hay una escena totalmente sintomática, en la que nuestro personaje principal entra en una biblioteca y de repente aparece en un coche mientras oye voces que le amenazan con dar la vuelta. El director después nos muestra como en la biblioteca sólo está él imaginándose la situación, mientras los lectores de la sala quedan atónitos ante semejante espectáculo.

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La música es un elemento imprescindible en la película. Pero más que ella, nos atreveríamos a decir que lo que Kerrigan explota de una manera maravillosa son los sonidos y las distorsiones, que logran crear una atmósfera única. Todo está calculado al milímetro, para dar una sensación de desajuste que intente impactar al espectador, y que no deja de ser la representación exterior de lo que internamente ocurre en la cabeza de nuestro personaje. Sintonías de Radio, postes telefónicos, voces del pasado, todos son elementos que forman parte del mismo caos que se conjuga en la película. Marca de la casa los múltiples travellings laterales con los que el director afronta los viajes en coche, mientras nos da muchas muestras de un pesimismo absoluto.

Y el tópico de que no es una película apta para todos los gustos se cumple sin excepción en cada fotograma de la película. La misma película tiene un aire de rechazo que parece intentar disuadir al espectador de que la siga contemplando, como atestigua bien el inicio de la película.

8/10

Kyrios

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