Guerreros de Antaño

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Lee Tamahori, Rena Owen, Temuera Morrisson, Mamaengaroa Kerr Bell…Como podemos comprobar, no son nombres que suenen demasiado europeos. Guerreros de Antaño (1994) trata precisamente este tema, el de la etnia maorí que ha quedado desplazada por la cultura europea que llegó a los prados vírgenes de Nueva Zelanda para imponer su cultura a la fuerza. El director de la película, Lee Tamahori tiene precisamente ascendencia Maorí (por parte de padre) y con este film nos ha querido mostrar los problemas de adaptación que sufre su etnia, que se ha obligado a vivir y a trabajar en un ámbito de vida ajeno en el que la mayoría de los descendientes de los guerreros de antaño, se siente totalmente inutilizada.

En este sentido es más que significativo el primer plano de la película, en que aparece la vista de un hermoso paraje. A todos nos han llegado de oídas comentarios acerca de las maravillosas vistas que debía ofrecer el territorio antes de la llegada de los europeos, y más después del boom que supuso la saga del señor de los anillos, la cual ambienta muchas de sus ubicaciones fantásticas en Nueva Zelanda. Pues bien el plano resulta ser el de un montaje fotográfico publicitario, a continuación la cámara realiza un movimiento para mostrarnos el engaño y se nos muestra la industrialización  (y deshumanización) de la zona. Es en este nuevo mundo donde los maoríes tienen que aprender a vivir ahora.

Los maoríes eran guerreros sí, pero antes, cuando vivían en una vida totalmente diferente a la moderna de ahora. El padre de familia era el que se encargaba de proteger a su familia y el de administrar justicia. El problema viene cuando el padre de familia tiene que adaptarse a unas nuevas leyes que no tienen nada que ver con las de antes. La película nos muestra un núcleo familiar totalmente destrozado, donde el maltrato doméstico forma parte de la vida cotidiana de la familia, precisamente porque el padre no puede hacer nada más que sentarse en un rincón y llenarse de cerveza. El alcohol es otro elemento degradante que se ha introducido en la etnia maorí, y que hace auténticos estragos ante una población que está poco acostumbrada a su uso.

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La película tiene muchas coincidencias con el cine de Spike Lee, director de origen afroamericano y que en casi todas sus películas nos habla de los problemas raciales y de cómo los negros han tenido que intentar sobrevivir en los barrios más marginales de los Estados Unidos. No sólo porque muchos de los temas parezcan muy semejantes (y las coincidencias entre el pueblo maorí y muchos de los guetos de negros son más que parecidas) sino también por el tratamiento de sus personajes.

Si tenemos al padre de familia que es un auténtico monstruo, y que a duras penas sabe llevar a una familia, en la otra cara de la moneda tenemos al resto de los miembros de la familia, que intentan aclimatarse y sobrevivir de la manera que pueden. La película dignifica el papel de la mujer, como es la esposa, interpretada por Rena Owen y que tiene que aguantar toda la carga familiar (podemos comprobar además el maltrato en una secuencia magnífica que pone los pelos de punta) Es interesante la óptica del director, porque propone una solución muy interesante para que sus personajes puedan seguir adelante.

No traiciona su herencia, sino que pretende rescatar parte de su memoria, para que los maoríes puedan seguir sobreviviendo. No hay que quedarse anclado en el pasado, como personifica en el papel del personaje interpretado por Temuera Morrisson, pero se puede recuperar la memoria para afrontar el presente.

Por este motivo, vemos como la película se pone a favor de ciertas soluciones como el de reforzar los lazos de la comunidad (como hace el hijo mayor de la familia, que se integra en una especie de banda) o recuperar la historia (uno de los hijos aprende en el reformatorio muchas de las tradiciones que había perdido). En todo caso el amor es uno de los pilares básicos para que la familia pueda redimirse, y eso queda bastante claro en la figura de Rena Owen.

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Es cierto que la película es bastante rutinaria y que muchas de sus acciones se vienen venir desde lejos, y en este sentido el guión resulta bastante plano. Por otra parte el director cuenta con un reparto totalmente de etnia maorí (muchos no son actores profesionales) que cumple de una manera magistral con el cometido.

Y del director…resulta bastante paradigmática su propia carrera. Lee Tamahori, después del éxito que supuso esta película, que incluso consiguió ganar el premio de mejor ópera prima en el festival de Venecia, se marchó a las Américas para continuar su carrera. Y ahí está, aclimatándose a la industria cinematográfica americana, perdiendo su esencia y creando historias comerciales (dirigiendo películas como la secuela de Triple X) que poco tienen que ver con su primera película. Quizá Tamahori sea el caso más famoso de un Maorí que ha tenido que renunciar a casi todo por seguir sobreviviendo.

 

6/10

 

Kyrios

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