Marihuana (1936)

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Si nos dedicamos solamente a leer el resumen de la película Marihuana, de Dwain Esper dirigida en el año 1936, y simplemente a partir de aquí sacamos una conclusión acerca de sus intenciones, seguramente nos llevaríamos una confusión totalmente errónea. Repasemos pero, un poco el argumento de la película: La obra se centra en la figura de una joven muchacha, interpretada por Harley Wood, que en una noche de fiesta y desenfreno conoce a un maléfico traficante de droga. El caso es que a partir de una dosis de marihuana la protagonista acabará perdiendo a toda su familia así como arruinando su vida (incluso llegará a convertirse en una camella de heroína). A primer vistazo puede parecernos que nos encontramos ante una película que simplemente es un rancio alegato contra la consumición de droga, pero en realidad la personalidad de Dwain Esper va más allá de la de un simple sermoneador, porque en realidad lo que le interesaba era, entre otras cosas, hacer la máxima fortuna posible.

Sin quererlo, Esper pone uno de los primeros pilares de lo que hoy en día conocemos como el género Explotaition o cine de explotación,  es decir, películas que a partir de un tema en concreto y muy determinado (normalmente como es el caso, tocando temas tabúes)  abordan todo el metraje de la película. Es el caso de la película Marihuana, pero es que además el director realizó otra película de tema muy parecido con Narcotic, una película realizada en 1933 y que sólo con el título nos podemos imaginar por donde irán los derroteros. Podríamos rastrear la filmografía de Esper (hay que decir que colaboró siempre codo a codo con su mujer, Hildegarde Stadie que por cierto escribe la historia de esta película) y nos encontraríamos con iguales singularidades y es que tocó absolutamente todos los tabúes posibles: Prostitución, racismo e incluso películas de Nazis.

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Pero como íbamos diciendo en un principio, Dwain Esper era algo más que un recalcitrante moralista. En realidad, Esper se sirve de la película como coartada para explotar muchas secuencias que en pleno 1936 resultan casi totalmente imposibles. También hay que decir que películas como Marihuana, así como otras del director están realizadas bajo el sello de una producción de muy bajo nivel, y obviamente no estaban pensadas para estrenarse en circuitos comerciales como las grandes películas clásicas. No, más bien las películas de Esper tenían otro tipo de público. Sus películas se estrenaban en pequeñas salas improvisadas, barracas en pueblos perdidos en el mapa norteaméricano, cines al aire libre..Pero desde luego nunca con una repercusión comercial como las que había en las grandes películas de la época. De hecho, muchos de sus espectadores eran precisamente los que la película trataba de criticar, y por ende, muchos adolescentes y jóvenes eran los que se acercaban a las películas de Esper, que gozaban de una aura de culto que atraía a cualquiera que tuviera interés de ver algo, cuanto menos, extraño.

Y claro, por supuesto Esper se sirve de la supuesta crítica que encontramos en la película para mostrarnos cosas que raramente veríamos en una película del 1936. Cuando se produce la primera escena en la que las jóvenes (que no hace falta decir que son de buen ver) caen bajo las garras de la marihuana, se produce un total desnudo en el que más o menos el espectador se puede deleitar con algún que otro pecho (aunque a través de un espejo), así como con la desnudez de las protagonistas femeninas. Con esta excusa de la censura, el director es capaz de mostrarnos una auténtica galería de imágenes que resultan totalmente eróticas y sensuales y que alegrarían y enfadarían a partes iguales.

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Ahora bien, como a Esper el cine le importaba más bien poco (de hecho se adentró en él por temas totalmente ajenos) no se preocupa excesivamente de elaborar un film consistente, sino que el argumento no deja de ser un papel de envoltorio que disfraza el jugosos caramelo que pretende entregar. El guión de la película es totalmente absurdo, y se evidencia cuando vemos la radical transformación de la protagonista principal, que por un tomar un simple cigarro de la risa acaba hasta vendiendo a su propio hijo y convirtiéndose en una Femme Fatale que venderá heroína para vivir como una diablesa acaudalada. Formalmente la película es igual de mediocre, y así podremos comprobar cómo muchas secuencias no están bien montadas (personajes que no hablan hacia la dirección que deberían hablar) o la reiteración de movimientos de cámaras que realiza Esper para seguir a sus personajes en el encuadre.

3/10

Kyrios

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