Ciclo Francis Ford Coppola: Youth Without Youth

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Que Coppola quería redimirse mediante Youth Without youth de la mala fortuna que cosechó con sus últimas películas, Legítima defensa (1997) y sobre todo Jack (1996) que fue más que vapuleada por la crítica, queda claro. Diez años tardó en enfrascarse en un nuevo proyecto, pero el mítico director del Padrino volvió por fin a colocarse detrás de las cámaras, con la adaptación a la gran pantalla de la críptica novela de Mircea Eliade.

Youth without Youth es puro Coppola. Pero más que el Coppola que encontrábamos en sus películas más exitosas, como la saga del Padrino, estamos ante una vertiente del director que nos recuerda a otros filmes suyos como la conversación (1974) o La ley de la calle (1983). Películas más pausadas, con menos concesiones al espectador corriente y que tratan una estética muy especial, que en gran parte del metraje se llega incluso a imponer al propio argumento. Un Coppola, que entronca bastante bien con la figura del artista que después de haber alcanzado el máximo éxito, se dedica a realizar películas sin tener en cuenta crítica ni público, simplemente al cine por puro placer. Un Coppola,  aunque este mal decirlo, más Europeo. El propio director declaró que no deseaba volver a realizar películas en Holywood, donde el sistema comercial se había impuesto a sus propias ideas, y donde la verdadera historia ya no importaba.

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Tampoco estamos ante un gran proyecto como lo fue Apocalypse Now. El presupuesto de Youth Without Youth es en comparación, muchísimo menor. Se trata de una obra personal, cuya historia y argumento por otra parte, tienen muchísimas similitudes con la propia vida del director. El filósofo Mircea Eliade realizó su novela con un año más de edad que la que tenía Coppola al enfrentarse a la adaptación. Por otra parte, el protagonista de la obra, genialmente interpretado por Tim Roth, encarna un personaje que dispone de la gracia, debido a un hecho fantástico, de poder disponer de una juventud aparentemente eterna. Aprovechará esta juventud para tratar de encontrar el sentido de la vida, mediante una búsqueda desesperada que pese a que no le concome físicamente, si lo hace espiritualmente.

No es difícil ver la propia personificación del director americano en el personaje principal de la película. El propio Coppola ha realizado obras como la Ley de la calle (1983) en la que el tiempo cobra una idiosincrasia totalmente única. A Coppola le gustaría detener el tiempo, pararlo y dominarlo a su antojo, como bien hacía en la ley de la calle, donde dominaba el montaje de la película y en donde el tiempo gozaba de una dimensión tan especial. El tiempo es también un elemento indispensable en Youth WithoutYouth. Al fin y al cabo es el eje central del argumento de la película, pues tiempo es lo que le falta al protagonista principal para poder conseguir su objetivo. Con el tiempo jugará el propio Coppola en la película, con la manipulación de un montaje que se acelera y desacelera cuando le viene bien al director. Ni siquiera se ha pensado en el espectador, al que muchas veces se le omite información sobre el tiempo que ha transcurrido entre diversas acciones. Apenas unos pequeños cárteles sirven como explicación del acabamiento de la segunda guerra mundial, y al final de la película el espectador no sabe medir bien el tiempo que transcurre entre las secuencias que comparten los dos protagonistas principales (Tim Roth y Alexandra María Lara).

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Pero sin lugar a dudas, lo mejor de la película se halla en su estética. Coppola consigue crear unas imágenes de una belleza inaudita, en la que para ello emplea el uso de muchos recursos que adornan (también hay que decirlo, a veces incluso sobrecargan el relato, parece como si Coppola pretendiera justificar todo el formalismo mediante un Horror Vacui) el film. Planos que contienen múltiples focos de luz, una estridente y colorida gama cromática, Formas que se disuelven en planos neutros, planos oblicuos al tratar algunos personajes (su desdoblamiento) tomas poéticas que nos muestran un mundo al revés…Sin duda alguna, Coppola pretende dar un golpe en la mesa dinamitando la obra mediante estas herramientas formales.

Desgraciadamente no es la gran película que Coppola pretende entregar desde su vuelta, aquella que periódicamente anuncia desde hace tiempo. Debido al gran paroxismo visual, en muchas ocasiones la narración se entorpece y parece que las intenciones de la película se desvanecen ante una vistosidad que eclipsa la temática. Tampoco Coppola sabe muy bien cómo tratar la segunda mitad de la película y en ocasiones su propio discurso está mal orientado y parece no tener un rumbo claro, como demuestra en las escenas en las que la pareja sentimental del protagonista principal envejece a costa de los propios beneficios de Tim Roth.

6/10

Kyrios

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