Zabriskie Point

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Zabriskie Point son los inicios de los setenta en estado puro. Son los ecos de los hechos del mayo del 68 plasmados en una obra de arte. Es el canto de rebeldía de una juventud que quiere cortar lazos con la mentalidad de la generación precedente y todo lo que esta conlleva. Pero también se trata de una película vapuleada, minusvalorada y que está considerada como un experimento fallido del insigne director italiano Michelangelo Antonioni.

La película se ambienta en las universidades, donde se desarrolla una huelga que terminará de manera violenta. Un joven que aparentemente ha disparado contra un policía huirá en avioneta para encontrarse una joven con la que se relacionará e incluso tendrá relaciones amorosas, después de despedirse de ella, él volverá otra vez en avioneta, aunque su destino habrá quedado marcado.

El argumento y la sinopsis, desde luego son puro Antonioni. Como viene siendo tónica habitual, al director le interesa entre poco y nada dar demasiados detalles o llenar de datos sobreinformativos al espectador (lo que en parte nos explica el recibimiento negativo de la película). La universidad donde suceden las acciones de protesta, los personajes principales de los que casi no sabemos sus nombres…Antonioni no nos revela absolutamente nada sobre ellos. Pero no porque el director se descuide de su perfil, sino porque forma parte de su idiosincrasia poética. Los dos jóvenes principales por ejemplo, no dejan de ser el reflejo de la sociedad de aquellos años setenta, y por tanto al director no le interesa, ni le importa, singularizarlos e individualizarlos totalmente, porque se trata del espectador el que ha de rellenar semejante información. Los personajes principales de Zabriskie Point, interpretados por Mark Frechette y Daria Halprin, no dejan de ser metáforas de la realidad urbana y convulsa de la época. Tampoco colma de detalles la película, sino que opta por la poética, como viene siendo habitual en su cine por otra parte. De tal manera que el viaje en avión o el encuentro en el desierto o incluso la explosión de la mansión de los padres de la chicha (que sólo sucede en su cabeza) no dejan de ser metáforas que utiliza el director para recrearse en su divertimento particular.

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Antonioni junta a un personaje revolucionario, que va más allá de las asambleas (en la magistral secuencia de apertura observamos como el diálogo no funciona con él, que es un hombre de acción) con una chica que es hija de un gran empresario. Pese a las aparentes diferencias que pueden tener en un principio los dos personajes, el director nos muestra la unión que existe entre ellos (y tan unión, incluyendo una secuencia orgásmica que dura unos cinco minutos de metraje) y como realmente se trata de personajes que forman parte de una generación que se siente perdida y en contra de los ideales de sus predecesores. El movimiento Hippie, por mal llamarlo de alguna manera, que plasma Antonioni en la película, y como había llegado a un definitivo punto muerto (hay un diálogo en la secuencia inicial en el que uno de los participantes de la asamblea defiende la violencia contra la policía). El viaje en avión, no deja de ser una metáfora que utiliza Antonioni como un viaje mental que necesita nuestro protagonista, para poder huir de un escenario que le destroza espiritualmente. De una sociedad que ha dejado de lado la humanidad para enfrentarse continuamente en sus diferentes bandos.

Y el encuentro en el desierto, es claramente la alusión a una unión de dos personajes que no encuentran su sitio en el mundo, como tampoco lo hacen millares de jóvenes a los que la película representa. Podrían haberse encontrado en la ciudad, pero el desierto es utilizado por Antonioni como un lugar místico en el que sus personajes pueden entrelazarse de una manera mucho más poética.

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El problema del film es que los tics de Antonioni, un director que desde luego no deja indiferente en ninguna de sus películas, son más presentes que nunca. Podríamos contar de manera inacabable las veces en que desde diferentes cámaras repite la explosión de la mansión. O los minutos inacabables de la secuencia sexual, en el que uno no sabe muy bien si está ante una secuencia magistral o de vergüenza ajena. Detalles también que dejan al director como un abonado integral de una dirección que tiende a sentirse presente en cada minuto del metraje. Si a esto le sumamos lo inanes que son la mayoría de sus diálogos (recordemos que al director nunca le gusta ser explicito), pueden desde luego causar repulsión entre la mayoría de espectadores. Pero sin duda alguna, también la carga política de la película ayudó a que esta fuera masacrada. Una película que al fin y al cabo, no deja de ser un retrato poético de una sociedad alienada que a la postre daría a luz a la que hoy tenemos como sistema.

Mención especial para la banda sonora, que tiene canciones sacadas del insigne grupo Pink Floyd, que llegó a componer su música para la película, aunque sus resultados finalmente sean más bien discretos.

6/10

Kyrios

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