Mundo Mudo: El trío fantástico (1925)

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Tod Browning fue un tipo peculiar. Muchas veces se utiliza su pasado, como  miembro de un circo (en el que llegó a realizar funciones diversas, desde el cadáver que resucitaba después de estar enterrado, hasta cantante) para justificar sus películas. Y es cierto que el director recurre en muchas ocasiones a sus galerías de Freaks para sus películas, pero quedarnos simplemente en este fenómeno sería a todas luces injusto con la rica personalidad de Browning.

El trío fantástico fue la segunda colaboración con Lon Chaney, el hombre de las mil caras, con quien ya había colaborado en Fuera de la Ley (1920), pero de cara a su relación futura, podríamos decir sin miedo a equivocarnos que es aquí donde empieza a forjarse la leyenda. El trío fantástico es la primera película en la que Browning empieza a mostrar su singularísima personalidad, en la que deja el mundo comercial de Hollywood (The Wicked Darling 1919) para ofrecernos una película mucho más oscura y en la que el mundo de los Freaks hace acto por primera vez en su carrera, de una manera totalmente sólida. De Hecho, nada más empezar la película observamos una escena muy característica del cine de Browning, en la que vemos una feria circense, donde se encuentran nuestros personajes principales.

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Ya en esta galería de Freaks, se nos muestra la deformidad (el enano interpretado por Harry Earles, que volvería a aparecer en la película de Freaks) y la separación que existe entre el mundo de los incapacitados (por la sociedad, no por ellos mismos, porque de hecho muestran una inteligencia que el mundo corriente no es capaz de mostrar) y la sociedad corriente. Degradante espectáculo moral donde la sociedad americana que se recrea ante la visión del mundo de las deformidades, los seres que por diversas razones no forman parte del estándar de la sociedad. Esto no es un invento de Browning ni un delirio de su imaginación, sino que forma parte de la sociedad americana de aquella época (incluso también de la inglesa y en menor medida del resto de Europa) que tenía una absoluta predilección por este tipo de ferias y experimentos sociológicos. No se puede elaborar una crítica de Browning sin hacer alusión a este tipo de espectáculos, porque desde luego forman parte la idiosincrasia americana.

El mundo del comerciante Barnum (uno de los empresarios más sinvergüenzas que ha dado los Estados Unidos, y ya es decir) que fue uno de los primeros en iniciar este tipo de ferias ambulantes, es pues el caldo de cultivo de las películas de Browning. ¿Buscaba el espectador de las películas de Browning asistir a una especie de película filmada de lo que se podía encontrar en las ferias de Barnum? ¿Era la curiosidad, el morbo, lo que le impulsaban a ver las películas de Lon Chaney, en las que el actor se transfiguraba totalmente para convertirse en un ser totalmente diferente?

En cualquier caso, el trío fantástico aún es reticente a mostrarnos una verdadera configuración de la deformidad. Los freaks aparecen como los protagonistas principales de la película, pero Browning físicamente tampoco los construye de una manera muy alejada a la constitución  física del espectador. De hecho, Lon Chaney, que llegó a convertirse en seres totalmente surrealistas, en películas del propio Browning como La casa del horror (1927) o Más allá de Zanzíbar (1928), en las que muchas veces tenía que realizar papeles de tullidos (recordemos también el impacto de la Guerra mundial en los espectadores) en esta película su papel queda bastante reducido. Chaney es un ventriloquista en la feria y en sus disfraces la única raya que cruza es la del travestismo al tener que hacer de una aparente apacible anciana. Por otra parte, resulta ser el único personaje lleno de bondad dentro de los Freaks, cosa que choca bastante con los papeles de enfant terrible que le asignaría Browning en películas posteriores. Seguramente a Browning aún le faltaba confianza para realizar una verdadera galería del miedo.

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En todo caso la película, pese a tener un guión que quizá goza de ser demasiado ingenuo (la reconciliación final del jurado es a todas luces imposible) tiene algunas secuencias de suspense que nos recuerdan perfectamente momentos del cine actual, a saber: Entra el comisarió de policía mientras Harry Earles esconde el botín en un elefante de juguete, el policía coge sin saberlo el elefante, mientras todos los personajes miran angustiados esperando que no se descubra el pastel. O la secuencia final del jucio, donde la condena a muerte parece segura para el inocente, mientras Lon Chaney se debate internamente entre confesarse o no.

7/10

Kyrios

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