Bartolomé Bermejo: Primera Pinzelada

bartolomé bermejo. santo domingo de silos entronizado como obispo detalle

Bartolomé Bermejo es desde luego una figura importantísima dentro de la pintura española. Desgraciadamente, pese a estar a la altura de otros pintores de excelente nivel, los estudios sobre el pintor cordobés son más bien escasos. Las biografías y estudios monográficos sobre el artista se pueden contar con los dedos de una mano y son dos los que han marcado un antes y un después. Me refiero, a la obra de Elías Tormo, el historiador del arte que más popularizó al artista (Bartolomé Bermejo, el más primitivo de los pintores españoles, realizado el 1926) y la del británico Eric Young, del año 1975. Fijémonos en el año de publicación de las monografías. Afortunadamente, la figura del pintor ha sido recuperada en estos últimos años. Gracias en gran parte, a la exposición de pintura celebrada el año 2003 en el Mnac, que dio a conocer grandes obras del artista, incluida la obra de Acqui Terme, el retablo de Montserrat, que no se había movido de Italia desde hacía 500 años, así como la aparición de nuevas investigaciones que aportan nuevas ideas para esclarecer aspectos sobre tan curioso pintor.

Bermejo01 La parte principal del retablo de Acqui Terme, con la Virgen de Montserrat en el centro. 

Es cierto que el artista no puso de su parte, con una vida casi errática en la que se movió por gran parte de la península, desde su lugar de nacimiento en Córdoba, pero también trabajando en la corona de Aragón, con una gran estada en Valencia, así como en Barcelona. Además Bermejo no es su apellido natural (lo es de Cárdenas, un apellido que era común en Andalucía) sino que nos encontramos ante uno de los pocos casos de pintor que recibe un mote, algo muy poco habitual no sólo en la península, sino también en esta época. Nos atrevimos a deducir que puede que el mote de Bermejo (vermelló, es decir, rojo) haga alusión a algún rasgo físico del personaje, como pudiera ser el hecho de que fuera pelirrojo. Por lo menos así lo han creído muchos expertos, incluidos Young entre ellos. Además en su excelente pintura encontramos grandes singularidades, como complejas simbologías, letras inscritas aparentemente sin sentido en muchas de sus obras… Incluso algunos afirman que sería un judío converso, y es que observamos letras inscritas en hebreo en el sarcófago del Cristo de Piedad (realizada en Daroca poco antes del 1474), un hecho cuanto menos sorprendente. Por otra parte, a través de las diversas inscripciones realizadas en latín, se deduce que la cultura que había detrás de Bermejo era bastante profunda.

Bermejo-Cristangels  En el sarcófago se puede apreciar la inscripción Hebrea

Desgraciadamente, las informaciones que disponemos del pintor son más bien escasas. La consideración social de los artistas en el siglo XV no era superior a las de un zapatero, y esto ha hecho que figuras tan impresionantes como la de Bartolomé hayan quedado semi olvidadas (y hablando de olvidadas, así quedó durante largo tiempo la pintura de Acqui Terme, como una simple pintura de devoción en la que sólo la conocían los habitantes de dicha población). Lo que sí tenemos, son noticias relacionadas con documentación de la época, como contratos, acuerdos sobre pinturas y demás informes que eran habituales en la época, entre artista y clientes. Y lo que tenemos nos crea una figura bastante especial, que podría a vista de una mirada actual y moderna (una mirada que no es la que ha de realizar un historiador que emplee un método científico) entusiasmar a más de uno. En cierta manera, Bermejo anticipa de manera casi especial la figura del pintor romántico. Tenemos documentación que nos revela muchos conflictos con sus clientes, a los cuales llegó a engañar en más de una ocasión, dejando obras cobradas por el pintor inacabadas, e incluso fue amenazado de excomunión si dejaba inacabada sus pinturas (así sale estipulado en algún que otro contrato suyo). De ahí su carácter viajero (después de dejar inacabados muchas de sus obras tuvo que huir rápidamente para no sufrir las consecuencias judiciales de sus actos) que le llevó por diversidad de lugares. Los pocos testimonios que nos hablan de su personalidad nos lo testimonian como un pendenciero y vagabundo, como una figura errática.

Sin embargo, más allá de su extravagante personalidad, tenemos ante nosotros una figura que ya en su época fue codiciada por grandes clientes, entre los que se cuentan diversidad de estamentos, desde los poderes gubernativos del momento (trabajó para la catedral de Barcelona, proyectando parte de sus vidrieras) hasta mercaderes italianos (resulta más que significativo que un mercader italiano como Francesco Della Chiesa decidiera glorificar la capilla de su ciudad natal de Acqui con la obra de un pintor local y no de uno italiano). Bermejo consiguió altas cotas de excelencia y ya en la época fue considerado como un gran artista (sus honorarios así lo demuestran, mucho más altos que otros coetáneos suyos), por otra parte, en algunas condiciones de contratos, los clientes exigían que fuera el propio artista el que terminará por su propia mano las obras, lo que delata que su obra era muy bien valorada por sus demandantes, porque la acotación es significativa para la época.

descarga (11) Piedad, elaborada en Barcelona el 1490 para Lluís Desplà, una figura importante dentro del mundo del arte, que llegó a promover también a Bartolomé Ordoñez.

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