Si no Amaneciera (1941)

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Detrás de una película como Si no amaneciera (1941) hay siempre un gran guión. Y eso se nota, pese a que Mitchell Leisen, el director de la película no esté a la altura de las circunstancias. El espectador puede paladear situaciones que parecen inverosímiles de ser realizadas hace tantos años, como diálogos en los que se pone de relieve la actualidad y modernidad de la película. Para ejemplo, un botón: La secuencia en la que uno de los inmigrantes que desea traspasar la frontera Americana para convertirse en ciudadano norteamericano le da una lección de historia involuntaria al controlador de inmigración de la frontera.

Si no amaneciera es una película que nos habla del racismo, la intolerancia y la frustración del sueño americano. Charles Boyer interpreta a un bailarín rumano que intentará colarse en los Estados Unidos, y que después de dejar la vía legal, tratará de realizar un matrimonio de conveniencia (sin que ella, interpretada por la maravillosa Olivia de Havilland lo sepa), obviamente, el amor acabará haciendo acto de aparición como redentor final. Un amor simple, sin complejidades, muy típico de Wilder, en el que dos personajes que simplemente desean amarse se ven traicionados por las situaciones de su alrededor, una trama que desde luego el guionista sabía desenvolver perfectamente. Por otra parte el ingenio y la sátira, así como el humor negro (quizá mucho más salidos de tono que nunca, y esto lo comprobamos en la irónica figura que interpreta Charles Boyer) forman parte del sello inconfundible de la película.

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Detrás de una historia que desgraciadamente el director mezcla en demasiadas ocasiones con el tono folletinesco, nos encontramos con un guión que realmente merece la pena. Realizado por ni más ni menos que por Billy Wilder y Charles Brackett la historia nos muestra las mentiras del sueño americano (¿será una parábola del propio Wilder, que al fin y al cabo, era otro exiliado?) en una película que curiosamente ha quedado medio olvidada (su distribución en DVD es casi inexistente, pese a las múltiples nominaciones que recibió para los Oscars, incluyendo mejor película) por toda la crítica.

Narrada a través de un recurso muy parecido al de Sunset Boulevard (1950), que incluye la voz en off del personaje principal contándonos el relato a través de su propia visión, la película nos enseña como la buena gente no nace, sino que se hace. La obsesión de dividir a la gente mediante una frontera no natural, con apenas una línea. Esta misma frontera, secundada por decenas de policías americanos, será una obsesión y una constante en la película, que ejerce la máxima influencia sobre los personajes afincados en la pequeña población colindante, que esperan ansiosos la llegada de su pasaporte. Aún así algunos han visto una metáfora de la guerra (recordemos que la película está realizada en plena segunda guerra mundial) en la que Charles Boyer representa las ideas de intervención y como estas acaban engañando a los Estados Unidos (Olivia de Havilland) para que acabé entrando en la guerra. Semejante metáfora reaccionaria es descartada por absurda. Y es que la esencia de la película es totalmente la contraria y el final así lo demuestra (no me refiero aquí al final impostado, que parece colocado por la productora porque la historia estaba llegando a unos cauces demasiado dramáticos que el espectador medio de la época no habría sido capaz de admitir).

Sin duda el guión se impone con una modernidad apabullante. Seguramente Wilder acabó enfadado por torpeza con la que sus ideas se habían plasmado, y efectivamente estamos ante la última película en la que realizó un guión sin dirigir él mismo la película. A partir de 1941 Wilder estaba preparado para darle al mundo una serie de obras maestras que le han convertido en un icono del cine clásico.

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Seguramente Wilder habría optado por no caer en la sensiblería romántica que en ocasiones se marca en la película (como las secuencias donde Havilland parece una caricatura romántica) pero Leisen consigue darle un empaque estético en la mayoría de la película. Escenas como la de la playa o la del hospital demuestran la sensibilidad de la película, en secuencias que logran integrarse como dentro de las mejores películas del género romántico.

Como anécdota, decir que la gala de los Oscars de aquel año estuvo llena de morbo, pues Jean Fontaine, hermana de Havilland también estaba nominada a la mejor actriz. Una de las salsas de la ceremonia del momento fue ver la competición entre las dos, que finalmente se llevó Fontaine, aunque dicen que Olivia de Havilland encajó el golpe con entereza.

 

7/10

 

Kyrios

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