La leyenda de la casa del Infierno (1973)

casa del infierno

La leyenda de la casa del infierno está basada en una novela del célebre escritor de relatos fantásticos, Richard Matheson (desgraciadamente fallecido en este año 2013), autor de entre otras obras de Soy Leyenda o el hombre menguante. Dirigida en el 1973 por John Hough, la película está considerada hoy en día como una película de culto, por la singularidad de su esencia.

Y a decir verdad, y pese a que la película no es ni mucho menos perfecta, es cierto que lograr crear una atmósfera única e irrepetible. Un ambiente tétrico y melancólico que se sitúa a dos pasos, entre la típica ambientación de película con sello de la Hammer, y las nuevas obras de terror que iban a cambiar el panorama en los años setenta.

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Muy Hammeriano (si se nos permite este adjetivo) es parte del argumento, así como la típica ambientación sobrecargada de la llamada casa del infierno, donde se produjeron una serie de actos terribles por parte del propietario que siguen teniendo su eco aún después de la muerte de este. Una casa y un estilo que calificaríamos como altamente Victoriano, una mansión típica de novela de Agatha Christie pero con toques fantasmales. Es una mansión antigua, pero ya no es la misma que acogía al conde Drácula en las películas de Terence Fisher, algo había cambiado.

A esto hay que añadirle la modernidad de algunos de los elementos que introduce la película. Si bien algunos personajes pueden pecar de estar concebidos de una manera demasiado arcaica (especialmente la médium femenina) encontramos algunos signos de modernidad. Y hay que recordar que una de las películas de terror más modernas de la historia se iba a estrenar ese mismo año, me refiero, claro está, a El exorcista de William Friedkin. La leyenda de la casa del infierno no es tan moderna iconográficamente hablando como la película del padre Karras, pero es curioso ver que si las ponemos las dos obras en paralelo encontraremos algunas semejanza bastantes curiosas. Y es que entre las dos películas hay una clara predilección por servirse de los elementos más grotescos y utilizarlos como un arma arrojadiza hacía el espectador.

En el exorcista era el famoso puré de guisantes que espetaba la jovencita Linda Blair hacía el espectador, y aquí no encontramos ante la sangre y la morbosidad que nos ofrece la recargada mansión. En las dos películas la imagen de Cristo (en la leyenda de la casa del infierno además de una manera literal) se ataca de una manera directa para tratar de subvertir la mente del espectador medio. Además en las dos películas se da un curioso caso de posesión (quien puede olvidar la posesión de la niña en el exorcista y su tenebrosa conversación con el padre Karras). Por si fuera poco, la sexualidad aparece de una manera más que notable. En la leyenda de la casa del infierno la mujer del físico científico llega a insinuarse ¡no una, sino dos veces! Hacía el mismo personaje masculino con quien comparte mansión. Con una tremenda visión sensual John Hough se hace eco de que algo estaba cambiando, no sólo en la imaginería del cine, sino en el mundo occidental. Las palabras tan lascivas que lanza la mujer interpretada por Gayle Hunnicut forman parte de una nueva sexualidad que se estaba liberando de los tabúes tradicionales,  y no es casualidad que en España esta secuencia fuera censurada y nunca se mostrara de forma original. Evidentemente ni que decir tiene que el Exorcista llegó en el mismo año a unos pasos mucho más atrevidos, y en eso le gana a la Leyenda de la casa del infierno por goleada.

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Aún así una de las cosas que más sorprende en la película es la paroxística dirección con la que acomete John Hough su película. Quizá nos encontremos con una de las utilizaciones de planos (en una película comercial) más raras de la historia. Parece que hay momentos que están dirigidos como si Hough decidiera colocar la cámara en los sitios más inverosímiles posibles. Un barroquismo exagerado que llena cada fotograma y cada secuencia. Incluso hay un momento en que la cámara llega a dar vueltas y vueltas como si ella misma estuviera poseída, hecho que nos demuestra la búsqueda de soluciones formales con la que los directores de terror estaban tratando de encontrar para este nuevo movimiento que se estaba produciendo.

Desgraciadamente la película no consigue canalizar todos sus esfuerzos. El guión de la película sigue demasiado línea por línea la obra de Matheson (copiando incluso la narrativa estructurada en días de la novela, que por cierto nos hace recordar ligeramente el resplandor de Kubrick) incluyendo momentos que el director no ha sabido plasmar con eficacia en la película. Y es que media parte del film está en momentos insustanciales (relacionados con la médium femenina interpretada por Pamela Franklin) que ni van ni vienen con el tono principal de la película. Por no hablar de secuencias más que sonrojantes como el ataque del gato asesino (que provoca una carcajada antes que sentimiento de pavor) o el lastimoso final que no sirve como cierre a una película que podría haber dado mucho más de sí.

5/10

Kyrios

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