Tres Bodas de más

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Javier Ruiz Caldera parece apuntalarse como uno de los referentes cómicos del cine español actual. Sus películas revientan en taquilla y parece que hasta el momento sus películas se convierten una tras otra en éxitos comerciales. Otra cosa sería hablar de la calidad de dichos films, pero eso sería harina de otro costal.

Hasta el momento, el director cuenta con una curiosa filmografía, debutando en el cine con Spanish Movie, en el 2009, en lo que definitivamente era una españolización de las películas estilo Movie, típicamente norteamericanas (recordemos Scary Movie y otras que acabaron degenerando) que parodiaba todos los referentes del cine español. En 2012 conseguía otro éxito con promoción fantasma, una película que se servía aparentemente del aspecto fantástico para seguir la estela de las películas de instituto y universidades de los años ochenta, como el club de los cinco (1985) o todo en un día (1986).

Como vemos, A Caldera le gusta reinterpretar las películas americanas con un sello patrio, lo que da una mezcolanza cuanto menos curiosa. Para definirlo de alguna manera, Caldera es el primo lejano de Daniel Sánchez Arévalo, que tratando unos temas parecidos, ofrece un gusto seguramente menos sensible y más espectacular y jocoso, más americano.

Es lo que podemos observar precisamente en su última película, Tres Bodas de más (2013) película que cuenta con un gran reparto (Inma Cuesta, Quim Gutiérrez, Paco León, Martín Rivas y unos cameos de Rossy de Palma y Joaquín Reyes) y que se centra en la conocida historia del patito feo, en este caso, Inma Cuesta, al que la suerte parece darle continuamente la espalda, en lo que se refiere a las relaciones amorosas. Tres bodas de más no deja de ser una reinterpretación de la nueva comedia americana, bajo el sello más descarado de la comedia española, deudora de Berlanga así como del propio Almodóvar. Sólo hace falta observar los momentos musicales del film para comprobar las semejanzas entre la película de Caldera y otras películas norteamericanas en las que la música no deja de ser un medio para exteriorizar los sentimientos (me refiero claro está, a la secuencia de Carrie de Europe).

Madrid, Espa–a. 22/10/2011. Retrato del actor Maxi Iglesias.

Desgraciadamente, y como le sucede a otras películas norteamericanas, a veces lo grotesco, lo extremamente paródico y la sensiblería acaba por devorar la película, y en ocasiones el plato se convierte en comida prefabricada. Pese a la singularidad con la que Caldera pretende dotar a sus personajes (ya el ambiente de trabajo en un centro biológica de los protagonistas es un tanto especial) a veces detrás de algunas situaciones encontramos los mismos personajes arquetípicos o situaciones poco amables (la resolución del triangulo amoroso principal por ejemplo, parece ejecutada deprisa y corriendo, haciendo poco mérito al personaje de Quim Gutiérrez y acabando en un buenrollismo americano, adorador del Happy End, que quizá en el film acaba precipitándose). Sí de esta manera vemos como se recogen los defectos de este cine de comedia, casi familiar (pese a que la película goza de situaciones bastante subidas de tono, al estilo de Appatow), que intenta  empatizar frustradamente con todo los públicos y sin arriesgar demasiado, también se recogen defectos del cine patrio. Los chistes pasados de rosca así como la aparición de algunos personajes que acaban aportando más bien poco (Rossy de Palma parece interpretarse a sí misma,  de igual manera que Paco León) y otros que aparecen precisamente en un papel menor (Berto Romero, por no hablar de la aparición estelar de Joaquín Reyes). Y es que la sombra de Aida es alargada, y en algunos (escasos) momentos parece acercarse al film como un fantasma.

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Se trata de una película tragicómica, donde los sentimientos de los personajes quedan al descubierto en situaciones cómicas, en las que Caldera no tiene miedo a desaprovechar la amargura de la situación siempre que pueda ofrecer una sonrisa al espectador (momento de Quim con su novia). Sin duda hay algunos gags que funcionan a la perfección, así como el nudo de la película (los momentos de las bodas así como el desarrollo de los personajes de Quim Gutiérrez e Inma Cuesta) pero la resolución final de la película demuestra el poco riesgo que ha tomado Caldera. Esperemos que en un futuro próximo, con el equipo de Muchachada Nui, pueda ofrecernos una película mucho más valiente y que no mire exclusivamente a la taquilla.

Inma Cuesta por cierto, está absolutamente excepcional en su papel de mujer a la que ni Dios hace caso. Gutiérrez le acompaña bien y sorprendentemente Berto Romero, mucho más cómico que actor, cumple eficientemente con su papel.

 

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