Los renegados del Diablo

Renegadosa

Secuela sorprendente la que nos entregó Rob Zombie en el 2005 con los renegados del diablo, que recogía los personajes principales (que en el fondo lo eran) de su primera película (La casa de los 1000 cadáveres. 2003) para ofrecer  un cóctel que sin embargo difiere de la colección macabra de imágenes así como la galería de Freaks y escenas tortuosas que nos ofrecía la primera entrega. Los actores son los mismos, aunque se le da más protagonismo al capitán Spaulding, interpretado por Sid Haig (ya en la primera película se veía que la enorme interpretación de Haig y el jugo tan interesante que se le podía sacar a semejante personaje quedaba en segundo plano por culpa del guión, cosa que no sucede en esta segunda parte).

Si en la casa de los 1000 cadáveres teníamos un desfile de imágenes ultraviolentas presentadas siempre de una manera estilizada y con el sello de Zombie en cada uno de los fotogramas, en Los renegados del diablo, la familia protagonista abandona su hogar para que el desarrollo del film se convierta en una especie road movie macabra a lo más puro estilo Bonnie and Clyde, pero sin abandonar el gore y la violencia típica del director.

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Algunos sin embargo, no han entendido muy bien que precisamente Zombie juega con la sensibilidad del espectador, entregándonos un relato en que es difícil posicionarse respecto a sus personajes. Y es que Zombie precisamente nos presenta a la familia causante de mil y una atrocidades como si fueran inocentes (con una escena final que recuerda enormemente a la de dos hombres y un destino). No es que el director este a favor de los criminales, sino que la película juega precisamente con esta ambivalencia moral, y sólo hay que ver la venganza que toma por su propia mano el sheriff de policía, desobedeciendo cualquier ley. En resumen, a Zombie le gusta provocar al espectador, y no sólo se sirve para este fin con la transgresión de imágenes violentas (que por cierto, respecto a la violencia de la primera película se reduce bastante, cosa que tampoco era muy difícil) sino también con los recursos argumentales comentados. Incluso se sirve de un rescate en el último minuto digno de D.W.Griffith en que explora la psicología del propio espectador, porque, siendo sinceros, ¿Quién deseaba la tortura que comete el sheriff con tan odiosos personajes? ¿Es el ser humano, el espectador, un defensor en el fondo de la doctrina del ojo por ojo? Zombie sabe bien cómo aplicar estos deseos de venganza en unas secuencias que hacen que el espectador mismo quede reflejado en un espejo. ¿Acaso no hay una liberación en el espectador cuando ve que los personajes han sido capturados y que van a ser finalmente ajusticiados? Sin duda lo políticamente incorrecto es el tono dominante en toda la película.

Y es de esta manera, como Rob Zombie elabora un thriller repleto de ironía y mal gusto que contiene escenas de enorme suspense y tensión.

En parte, gracias a que el montaje y la dirección de la película son casi impecables. Es cierto que formalmente la película no llega al nivel tan paroxístico de la primera entrega de la película, en la que Zombie intercalaba imágenes que incluso no tenían nada que ver con la historia, pero igualmente Zombie reafirma su estilo con los planos más arriesgados posibles. El formalismo tan interesante que demuestra Zombie en la película, por otra parte, consigue tapar los defectos del desarrollo del guión, que en su mayoría quedan bastante cojos. Y es que una vez planteado el argumento, a Zombie le cuesta desarrollar los hechos, que adolecen de no avanzar en una dirección clara, como también hay que recordar que le ocurre al noventa y nueve por ciento de Roads Movies. El director saca petróleo de situaciones totalmente desquiciadas (el asalto al personaje del motel), violentas (durante casi todo su metraje). eróticas (para eso está la mujer del director, Sheri Moon) e incluso humorísticas (la secuencia del cinéfilo y los hermanos Marx), de su tensión del aquí y ahora, pero no plantea un argumento de futuro, y eso acaba cobrando factura una vez finaliza la película.

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Zombie, sirviéndose de mucha música del sur de los Estados Unidos (como los Lynyrd Skynyrd y su canción Free Bird)  y ayudándose de una recreación fotográfica sucia y polvorienta, en la que gran parte del metraje se ambienta en paisajes donde la civilización subsiste con violencia ante la inquietud de un paisaje agreste y árido, donde la vida humana es casi un milagro, Zombie define la esencia de la película. Casi una alegoría de la vida humana cuando ha de convivir con gente como la de la familia protagonista. Cuando la sociedad ha caído, cuando las leyes ya no tienen sentido y aparecen monstruos como estos, es el momento en que gente como Zombie nos entregan cuentos tan terroríficos como los renegados del diablo, donde cualquier atisbo de moralidad ha desaparecido de manera irremediable. Zombie no deja de ser un científico apasionado que radiografía la cara oscura de una cotidianidad que la sociedad occidental teme que salga a la luz.

6/10

Kyrios

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