El último Mohicano

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Tan tanananana tan nananana tan nanananannana tananana nanana (x8). Suena  la machacona música del film y observamos a Daniel Day-Lewis  correr los cien metros lisos una y otra vez. Sería un crudo pero buen resumen de lo que nos encontramos en El último mohicano, una película que lejos de reinventar el género, sigue paso por paso los clichés del género, para elaborar una película, que eso sí, cumple en los aspectos técnicos (no se esperaba menos de un director de la talla de Michael Mann).

Para empezar, el guión y su desarrollo no es nada nuevo. La historia principal gira en torno a un triángulo amoroso que no deja de ser una reinterpretación de la historia inmortal de Shakespeare, Romeo y Julieta, en un entorno un tanto diferente, como es la guerra colonial que enfrentó a la corona británica y al bando francés por el control de las colonias en los territorios norteamericanos.

El personaje principal, Daniel Day Lewis, reinterpreta a nuestra Pocahontas particular, encarnando un nativo que se enamorará de una mujer inglesa de clase alta interpretada por Madeleine Stowe. Una pareja que parece imposible que acabe cayendo en brazos de Cupido, y en efecto, si la película tuviera un mínimo atisbo de lógica no acabaría de esta manera. La relación que se fragua entre los dos personajes es a todos ojos absurda, por el poco tiempo que se toma la película en desarrollarla (en apenas un par de escenas contadas ya encontramos a Stowe en manos de Lewis) y porque carece de la chispa necesaria para que el espectador se pueda creer semejante relación (si a eso le añadimos los diálogos tan rocambolescos que se producen…). A esta historia de amor imposible, se le añade la figura de Steven Waddington, que ni pincha ni corta pero que da el bulto de manera efectiva.

A este argumento, tan típico de las producciones históricas  (no nos engañemos, muchas veces las productoras exigen resultados económicos desde un primer momento en este tipo de producciones, por lo arriesgadas que resultan de cara a la taquilla, y por ello imponen muchas condiciones a los directores) se le une un trasfondo también bastante arquetípico del racismo (vuelvo a decir que Pocahontas parece por momentos una película más profunda y compleja que el resultado final de esta película) en el que se nos muestra la degradación social a las que se ven sometidos los indígenas y trabajadores de las colonias ante la represión de la corona inglesa (tanto argumentalmente como por diseño visual ya se comprueba un mensaje proamericano claro, poniendo a los ingleses como los más malos de la historia).

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La película eso sí, tiene grandes virtudes. La fotografía de la película, realizada por Dante Spinotti es absolutamente magnífica. Es cierto que el argumento de la película ayuda a que su trabajo sea mucho más vistoso, pero la recreación de la imagen paisajística es absolutamente deliciosa y se puede paladear desde el primer momento de la película.

Otra de las bazas de la película son sus intérpretes, haciendo especial hincapié en la pareja principal, Daniel Day Lewis y Madeleine Stowe, que si bien no tienen el apoyo del guión detrás, cumplen sobradamente las lides interpretativas.

Y sí, también hay que decir que la banda sonora compuesta por Trevor Jones y Randy Edelman es realmente apasionante. Otra cosa sería hablar de la utilización tan reiterada que realiza el director en la película, poniéndola en cada secuencia mínimamente relevante.

5/10

Kyrios

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