Todo en un día (1986)

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Que John Hughes ha pasado a la posteridad por retratar la generación adolescente durante los años ochenta lo sabe cualquiera que haya repasado por encima su filmografía, en la que encontramos títulos tan significativos como: El club de los cinco (1985), La mujer explosiva (1985) y la película que viene a colación, todo en un día, realizada el 1986. La mayoría de sus películas fueron auténticos éxitos comerciales, y aún podemos encontrar su huella en muchas películas de hoy en día que traten el tema de institutos y colegios (que si bien no imitan ni estilo ni personajes, si dedican algunos guiños u homenajes, al fin y al cabo Hughes fue un precursor en este sentido) .Que no quiere decir que en todas las películas Hughes haya acertado de la misma manera.

Todo en un día resulta una película que desgraciadamente no ha llevado bien el paso de los años. Ya en la fecha de estreno de la película demostró una sensibilidad y maneras muy diferentes a la que consiguió el director con su techo cinematográfico en el Club de los cinco. Y es que no hay nada que sea destacable en ella: Ni dirección, ni guión, ni siquiera actores.

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La ingenuidad es la nota dominante de la película. Es cierto que los adolescentes que pululaban en el club de los cinco también podían ser tachados de ingenuos, pero el guión de aquella película adornaba mucho mejor la superficialidad de sus personajes, que al fin y al cabo acababan al final de la película por mostrar su verdadera dimensión al espectador. En todo en un día no sucede lo mismo, la pandilla liderada por el cargante Mathew Broderick es una generación que está claro que rompe con su predecesora, pero que no tiene claro el rumbo que decide tomar (como tampoco lo hace el desarrollo de la película). Las reacciones de sus personajes, que en su momento intentaron ser transgresoras resultan finalmente infantiles (vuelvo a repetir que la ingenuidad es la nota dominante de la película) y el impacto de la película se reduce a la nada. La película, que se adentra en la aventura de unos jóvenes que deciden tomarse el día libre en un día de colegio (lo que viene siendo una campana) se concentra en gestas y secuencias que no dejan de ser una mera actitud infantil antes que en una verdadera radiografía de la juventud. Numeritos musicales como el que encarna Broderick a la película, o las supuestas escenas cómicas del director del colegio no ayudan ciertamente al tono de la película.

Si como radiografía de una generación ya nos damos cuenta que la película fracasa durante casi todo el metraje (sólo la escena en que se rompe el coche tiene algún interés en este aspecto, escena en la que por cierto la película abandona su humor más reaccionario para intentar contar algo), convirtiéndose en una pirueta y escaparate de gags sin gracia, se nos queda una película que poco tiene que ofrecer al espectador que la mire con ojos contemporáneos.

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Como film de humor realmente la película tampoco mantiene la frescura y durante gran parte de su metraje se exhibe un estilo de humor que no tiene la más mínima gracia. No hay ni siquiera ningún tipo de transgresión por mostrar, porque todos los gags que muestra la película no dejan de ser reciclajes de películas anteriores, incluso mudas (el episodio aparte que representaría el director del colegio no deja de ser una recolección de los gags del cine mudo de Chaplin, Keaton y cia). Se sigue un esquema de gato y ratón durante la mayoría del metraje (no sólo el director del colegio sino también el propio padre del personaje interpretado por Broderick), que aburrir no aburre, pero desde luego resulta un entretenimiento mucho más vacío y superfluo que películas como la misma club de los cinco.

No hay una puesta en escena innovadora y todo lo que visualmente nos ofrece Hughes ya lo habíamos visto en decenas de ocasiones en aquellos años.  En cuanto a los temas interpretativos, Brodcerick  configura un personaje absolutamente cargante al que cualquier espectador con media neurona le resulta difícil de empatizar con él. No ayuda que cada dos por tres el director de la película nos los coja confesando a cámara. La pandilla es completada por Alan Ruck y Mia Sara, que quedan absolutamente eclipsados por la soberbia del personaje principal. Aparición estelar eso sí, del incombustible Charlie Sheen, en un papel que le encaja como un guante.

3/10

Kyrios

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