Rush (2013)

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A los que teníamos calado a Ron Howard desde hace tiempo no nos sorprendió que su última película, Rush (2013), fuera un éxito en taquilla, pero desde luego sí que fue extraño que la película convenciera a más de un sector crítico, que la ha alzado incluso como una pretendiente a conseguir el Oscar a la mejor película. Al fin y al cabo la película ha recibido la nominación de mejor película en los globos de Oro, además del mejor actor secundario por Daniel Brühl.

¿Vale la pena Rush? Rotundamente no. De hecho, nos encontramos con uno de los peores guiones que uno recuerda haber visto en años en una superproducción de tal calibre. La historia se centra en la verdadera leyenda que se forjó entre dos grandes pilotos automovilísticos de la F1 como fueron Niki Lauda y James Hunt, y concretamente en el año 1976,  año en el que Niki Lauda sufrió un serio accidente en el que el austríaco arrastraría sus secuelas de por vida. Dicho esto, la película se parece más a Driven (2001) la nefasta película de Renny Harlin, que Senna (2010) así que avisados quedáis.

El mayor problema de la película es que Ron Howard cree que el espectador es imbécil. Su cine academicista es así, absolutamente masticado y triturado para que el espectador no haga la digestión por el mismo, y sea capaz de disfrutar con una historia que parece hecha para que el espectador no tenga que ligar ni una pieza en su cabeza. Por eso el guión es tan simple y se basa en una dicotomía de personajes tan reduccionista, proponiendo caracteres que se basan en la negación del contrario (sin Niki Lauda no hay James Hunt y al revés).

RUSH

El comienzo de la película es ya sintomático, una voz en off de uno de los dos corredores que nos sitúa dentro de unos marcos muy específicos para que no nos perdamos. La voz en off es un recurso que Howard mismo utilizará de manera reiterada para poder narrar la historia de manera que el espectador esté situado en todo momento, y tenga claro el discurso que el director le quiere ofrecer. Mirad, veis al rubio melenas? Ese es el guapo playboy que corre porque la vida para él no es más que un subidón de adrenalina. Veis al otro feo y bajito, pues ese corre porque es un cabeza cuadrada que lo único que le importa es el dinero y la fama.

Los personajes son tan absurdos que parecen sacados de un serial latino de mala muerte, y Howard se dedica únicamente a entregar al espectador lo que él desea, la enésima historia del hombre de sangre fía contra el hombre de sangre caliente. Pero claro, su retrato es manicorto, y sólo hay que comprobar la fragilidad de los diálogos para darnos cuenta de la burra que nos está vendiendo Howard. Ni un ápice de verosimilitud en 123 minutos de metraje. Todas las frases que sueltan nuestros personajes parecen sacadas del señor de los anillos de Peter Jackson y lo único que intentan es engrandecer la épica en pos de una historia que cojea por todas partes. Fijémonos como los personajes que no interesan en la historia aparecen sólo perfilados de manera suave y como se van difuminando a medida que avanza la película y Howard no sabe qué hacer con ellos, como es el caso de Clay Regazzoni y Lord Hesketh, personajes ambos que aparecen y desaparecen por la gracia de Dios.

Otro agujero negro de la película es su montaje. Está tan mal montada la película que constantemente debe servirse de referencias explícitas para poder ambientar en lugar y tiempo el film. La película pretende abarcar un tiempo demasiado extenso y no sabe cómo afrontarlo, así que se nos presentan situaciones comprometidas. Por ejemplo, las carreras parecen durar escasos segundos y los comentaristas te hacen un resumen de la temporada justo en el momento preciso de la acción. Parece más un partido de Oliver y Benji que una verdadera competición de F1. Por otra parte Howard no sabe muy bien como realizar las carreras de una manera estética (más que nada porque no tiene talento alguno) así que recurre siempre a los mismo recursos cinematográficos y los planos de una y otra carrera podrían intercambiarse perfectamente (sigue el mismo ritual con las decenas de carreras que se nos presentan en la película).

Mujer-Rush

Sí por algo se salva el film es por dos cosas: Sus interpretaciones y el diseño de producción. Daniel Brühl encarna a Niki Lauda y Chris Hemsworth a James Hunt, y ambos consiguen sobreponerse de los tópicos que resultan sus personajes. El aspecto más logrado de la película es su diseño de producción (coches que parecen sacados de los años setenta, reproducción de circuitos como los de Mónaco…sí hasta los guardia civiles tienen tricornios..) pero esto al fin y al cabo es lo mínimo que puede pedirse a una película de semejantes características.

4/10

Kyrios

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