Ciclo Wes Craven: La Última casa a la izquierda (1972)

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La última casa a la izquierda supone un paso de no retorno en el mundo del cine. Prohibida y censurada en países como Australia, la opera prima de Wes Craven era un auténtico puñetazo a la moral estadounidense. Sean S. Cunnigham, el productor del film  (y también director de viernes 13) se quedó absolutamente boquiabierto cuando Craven le enseño la película, y es que una cosa era hacer una película de terror que al fin y al cabo resultaría rentable económicamente, y otra muy distinta hacer una película que parecía real, demasiado real…¿Quién iba a pagar por ver una película que tenía toques Snuff?

La película llegó a ser tan criticada y vapuleada (y atacada por la censura) que por poco no acaba la carrera de Wes Craven nada más empezar. De hecho el director realizó un guión después de acabar la última casa a la izquierda, en el que se proponía una película cómica, y es que hasta los padres del director se habían enfadado con él. Afortunadamente esa película no vio la luz y Craven siguió dirigiendo películas de terror, ¿Se imaginan a Wes Craven realizando películas románticas? Eso sí que habría sido terrorífico.

CASA+APUÑALA

Recogiendo paródicamente el argumento de la mítica película de Ingmar Bergman, El manantial de la doncella, La última casa a la izquierda propone un argumento (unas muchachas van a un concierto pero desgraciadamente serán secuestradas por unos asesinos) y una violencia explícita que iban a revolucionar el género de terror para siempre. Pensemos el año de realización de la película, 1972. Faltaban aún seis años para que John Carpenter rodará la primera película considerada como un Slasher, La noche de Halloween, y sin embargo, la película de Craven ya anticipaba muchas cosas de las que veríamos años más tarde. Nuestros asesinos no dejan de ser psicópatas tan violentos como los que iban a formar parte del colectivo imaginario del asesino en serie, que sería explotado de manea reiterativa en los años ochenta.

Craven rodó una película bestial, donde la violación y el asesinato estaban al orden del día. El director incluso realiza toques cómicos e irónicos (la utilización de la música Country mientras los asesinos violan a las muchachas o el contraste de planos entre los asesinos y la familia de las víctimas) que aumentaban el tono de frialdad de la película. Ciertamente la Última casa a la izquierda es una película que aún verla hoy en día resulta indigesta, pero realmente anticipa lo que sería el género en los años ochenta e incluso el morbo por la visceralidad que tanto impera hoy en día. Incluso anticipa lo que sería el propio cine de Craven, no es para menos que uno de los maníacos de la película se llame ni más ni menos que Kruger. La última casa a la izquierda no es una película que haga concesiones. No las hace ni a los espectadores ni tampoco a sus propios personajes, y es que la modernidad de la película se demuestra cuando el argumento nos deja huérfanos de lo que parecía que iban a ser los personajes principales de la película. Hasta eso importa poco para Craven.

Es cierto que los aspectos técnicos del film dejan mucho que desear. Que la película está rodada con un presupuesto muy limitado se nota en su factura técnica e incluso en la composición de planos de la película. De hecho, los actores principales de la película no llegaron a cobrar más de mil dólares por la película. Si nos ponemos a contar los errores de Raccord de la película podríamos estar largo rato enumerándolos. No es formalmente donde la película transgrede, sino que lo hace en su iconografía. Obviamente nadie iba a arriesgarse produciendo una película que parecía que iba a estrellarse económicamente y eso en parte explica la falta de medios que demuestra la película.

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Demasiado verista, demasiado cercana. Los personajes de la película podríamos ser nosotros mismos. Los cárteles publicitarios de la película aconsejaba al espectador que para que no entrará en pánico se dijera a sí mismo que sólo estaba viendo una película…¿Seguro? Porque la obra tiene una vena snuff que queda latente en muchas de las secuencias más agresivas de la película. Una venganza que obvia el refrán de que normalmente esta se toma fría para realizar una tropelía bárbara.

Craven subvierte el ambiente pacifista del mundo Hippie (el emblema de la paz que los padres dan a su hija o los comentarios acerca de la música del concierto al que va asistir) para aterrar al espectador. Dos años antes de que se realizara la matanza de Texas, La última casa  a la izquierda ya juega con el morbo de una motosierra atravesando carne humana. Una salvajada de cuidado.

6/10

 

Kyrios

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