Film (S) de Samuel Beckett

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Samuel Beckett ha sido uno de los grandes dramaturgos del siglo pasado. El escritor irlandés es célebre por su ironía, el existencialismo de sus obras (que muchas veces derivan en un pesimismo trascendental) y el humor negro. Pero pocos saben que más allá de la lengua escrita, Beckett cultivó también el cinematógrafo aunque sólo fuera en una ocasión. Una ocasión por otra parte notable, que daría uno de los mejores cortometrajes del cine experimental de los años sesenta.

El título enigmático de dicha obra es Film (S) y lo protagoniza ni más ni menos que el mítico actor de cine mudo Buster Keaton. Es un hecho conocido que Samuel Beckett creció y se alimentó durante su juventud de los films de cine mudo, y que fue siempre un gran admirador de este período del cine. La obra está dirigida por Alan Schneider compañero de profesión de Samuel Beckett (dirigió durante sus vidas muchas de las obras del escritor) y tiene una duración de 22 minutos.

La obra en sí es una joya bastante difícil de descifrar y contiene además diversos niveles de lectura. Con el principio filosófico elaborado por Berkeley (un obispo filósofo) de ser es ser percibido, Beckett elabora una obra enigmática en la que sólo escuchamos durante todo el metraje un sonido (El shh de silencio que exclama una pareja de personajes). Buster Keaton interpreta a un singular personaje que intenta huir en todo momento del mundo exterior y de la cámara, refugiándose en su casa y tapando todos los espejos con tal de no verse a sí mismo. Sí ser es ser percibido, está claro que Buster Keaton ya no desea ser. Film es además una película ciertamente desagradable, que hace especial hincapié en la miseria humana y en aquello que más dentro del alma guardamos como el asco a la vejez y a la fealdad. La propia cámara (es decir, el propio espejo de la realidad, pues así es como actúa durante todo el metraje) se comporta como la muerte misma, cuando una anciana consigue contemplarse finalmente en ella. Seguramente debió  enterarse de que ya era demasiado mayor y que ya era hora de echar un viaje con Caronte.

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Y por supuesto, también el propio Keaton sucumbe finalmente a la mirada de la cámara. Y entonces consigue ver el horror mismo porque ciertamente hay momentos en la vida en la que lo que el espejo refleja puede convertirse en una pesadilla propia de una película de terror.

La obra fue una de las últimas películas en las que participó Buster Keaton, que fue ovacionado el día de su estreno en el festival de Venecia en 1965.

8/10

Kyrios

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