Godzilla, Japón bajo el terror del monstruo

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Una hecatombe cinematográfica mundial es la que iba a provocar en 1954 el japonés Ishirô Honda cuando dirigió la película que iba a inaugurar una saga mitológica que ha llegado a convertirse no sólo en una de las más célebres del país del sol naciente (si bien es cierto que es en su país de origen donde causó más furor) sino del mundo. La explosión llegó incluso a Norteamérica cuando Roland Emmerich dirigió un (nefasto) remake el 1998. Por supuesto, estamos hablando del mítico Monstruo Godzilla, o mejor dicho Gojira.

Godzilla es uno de los ejemplos más claros de que el cine no aparece por generación espontánea, sino que tiene unas motivaciones en las que detrás está inmerso en muchas ocasiones el subconsciente de una nación. Godzilla, no deja de ser el reflejo del miedo que había desarrollado el mundo entero a la radiación y al átomo. Japón, por otra parte, había sufrido en sus propias carnes lo que era el atentado atómico, cuando fue bombardeada por dos bombas nucleares (Hiroshima y Nagasaki) durante la segunda guerra mundial. Desde entonces, el mundo entero comprobó el peligro que suponía la radiación atómica. Los supervivientes de tan degradante ataque fueron igual de desgraciados que los que fallecieron en el lugar, pues sus cuerpos experimentaron los efectos nocivos que podía tener la radiación en el cuerpo humano. El mundo entero alucinó, y su miedo se acrecentó con la guerra fría, un conflicto que podría haber dejado el mundo hecho pedazos.

Este miedo al potencial atómico dejo una sociedad totalmente transformada. Después de comprobar como de nefasta podía ser la guerra y la destrucción mundial, ¿Cómo iban a asustar al público japonés los viejos mitos del terror? El mundo fue olvidando paulatinamente a los monstruos clásicos y a películas como Frankestein o Drácula. Actores como Boris Karloff y Bela Lugosi desaparecieron de las pantallas…para dejar paso a los monstruos.

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Los monstruos ocuparon el terror de la sociedad durante gran parte de los años cincuenta. Y si repasamos los argumentos de aquellas películas, nos daremos cuenta que tienen mucho en común. Cojamos dos películas del año 1954, como son Godzilla o La humanidad está en peligro (película norteamericana) y nos daremos cuenta de que la sociedad mundial compartía unas pautas muy parecidas. En ambas el enemigo es un ser monstruoso, que está sacado de la cotidianeidad (en el caso de la humanidad  en peligro  son hormigas) y que se transforma en un ser monstruoso. ¿Debido a que? Evidentemente a la radiación.

Habitual viene siendo en estas películas que debido a un experimento radioactivo, o a una fuga nuclear, aparezcan monstruos que han sido contaminados por los efectos de dicho error. En múltiples ocasiones además aparecen diálogos o frases en los que se recrimina a la ambición humana como causante de estas hecatombes, que sufre una especie de castigo divino. En Godzilla por ejemplo, la película recoge estos argumentos con diálogos totalmente explícitos, hacía el final de la película.

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En la humanidad está en peligro tanto como en Godzilla, el desarrollo del film viene siendo el mismo. Aparición primera del monstruo, causando unos destrozos no demasiado grandes, gente que no se lo cree…y tercio final con monstruos totalmente desbocados y cargándose a cualquier bicho viviente que se ponga por delante. En ambas películas encontramos también la figura del científico, impuesta por el guión y que con argumentos mayoritariamente pseudocientíficos intenta dar una solución creíble para el espectador del momento (aunque en esto poco ha cambiado el cine actual).En Godzilla vemos a una monstruosa figura destrozando el núcleo urbano de Japón…Es cierto que en algún momento si apuramos la vista llegamos a ver las maquetas con las que se construyó la película (ese coche de bomberos…) pero situada en su contexto, Godzilla debió de ser una película que en ciertos momentos resultaba muy gratificante.

La película de Ishirô Honda tiene algunos elementos singulares y muy interesantes. Es cierto que su desarrollo es algo más lento que otras películas de monstruos norteamericanas, pero nos encontramos con secuencias muy interesantes como el final de la película (realizada con una gran sensibilidad) así como una secuencia metacinematográfica, en la que se graba el propio ataque del monstruo sobre la ciudad, mientras un comentarista micrófono en mano nos comenta que estamos presenciando un espectáculo único y terrorífico (sin duda un guiño hacía nosotros mismos). Y por supuesto, una banda sonora magnífica compuesta por Akira Ifukube.

Ishirô Honda continuó su carrera monstruosa, con decenas de secuelas, remakes y estrambóticas películas donde Godzilla volvería a ser el protagonista (incluso haciendo de bueno). Sin duda un tipo que supo explotar el Merchandising que le ofrecía la película, y es que el final de esta primera incursión, ya deja la posibilidad de realizar una secuela…

5/10

Kyrios

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