A Propósito de Llewyn Davis

No es Ulises, pero bien lejos está de su Ítaca. Y tampoco es la historia de Homero, aunque tenga algunas reminiscencias de esta en el retrato de los Estados Unidos de los años 60. Joel y Ethan Coen, bien conocidos por todo el mundo, emitieron en Cannes Inside Llewyn Davis, y no hay ninguna duda que, como siempre, son las películas más peculiares de estos dos hermanos las que mejor saben golpear en la mente del espectador.

La historia de Llewyn Davis no es tan caótica ni épica como la del héroe griego, pero el personaje, basado en el cantante Dave Van Ronk (ojo, parecido en lo que vivió, no en su persona), vive su propia odisea. Está en un mundo muerto de hambre, pero, a su misma vez, él también está sin vida. Su luz se ha apagado. Vive perdido sin saber qué hacer, lidiando entre sus miserias y las de los demás. Ese será su viaje, intentar salir a flote en un mundo en el que era muy difícil triunfar. Y sin la luz que le hacía brillar como artista, más difícil todavía.

Hablar del género que alberga la última película de los Coen es complicado, si bien su tono mezcla drama, comedia y musical. Llewyn Davis será el objeto central por el que circulará la trama de la película. El cantante de folk, aparente hombre aíslado del resto del mundo, conecta cuando empieza a tocar la guitarra. Oscar Isaac asume el reto y lo cumple, sumado a ello un guión muy acertado donde él es un pobre perdedor, como en muchas de las películas de los dos hermanos estadounidenses.

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Además del tono cabe también que los Coen consiguen algo brutal: conseguir criticar el ambiente de la época. Eso se consigue sobretodo con el tono de la comedia. El drama de Llewyn Davis, más potente de lo que la propia premisa indica, se rebaja con situaciones sarcásticas pero llenas de sátira. Tanto es así que la última escena del bar, así como el viaje a Chicago, muestran lo peor del entorno de folk de la época.

Los Coen suman dos y dos y muestran que el folk no era duro sólo para Llewyn Davis, sino también para aquellos que lo rodeaban, desde la pareja de Jean y Jill (Carey Mulligan y Justin Timberlake), hasta el personaje más nimio. Sólo un personaje concreto (aparece en tan sólo unos instantes) es el triunfador verdadero de todo ese mundo, y un guiño que hace entristecernos en cuanto pensamos en nuestro protagonista.

Seguramente Inside Llewyn Davis sea el musical del año pasado (o de este, si hablamos de la cartelera española). No sólo tiene crítica ácida y humor de todas clases (sobretodo negro), sino que además carga en sí una enorme carga dramática, una magia que pocas películas de los Cohen posee. Y es que esa es la grandeza de ambos hermanos, como en su día consiguieron Billy Wilder, Ernst Lubitsch o Frank Capra con todas sus cintas: hacer de algo pequeño algo grande. No es la mejor de los hermanos Coen, pero sí es un trabajo redondo y pulido.

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