Ciclo Tod Browning: La marca del vampiro

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En la teoría, La marca del Vampiro es una película realizada en el año 1935 de Tod Browning que recoge el argumento de una misma obra suya, La casa del Horror (1927; y que por cierto no conservamos ni una copia original, sólo tenemos un montaje sacado recientemente de fotografías de la obra que intentan recomponer de manera muy imaginativa el argumento de la película) para elaborar un remake. Pero en la práctica, Browning utiliza la película  para desmitificar el mito del vampiro que el mismo había creado a regañadientes años antes con Drácula (1931).

Se cuenta que Browning firmó la película de mala manera con la Universal, y que la productora cortó y metió mano como quiso durante la película. A Browning no le dejaron una libertad creativa total, y eso le enfureció bastante (de hecho corren rumores de todo tipo, algunos incluso afirman que la verdadera dirección de la película recae más sobre Karl Freund, el mítico director de fotografía alemán, que llegó supuestamente a rodar muchas tomas para la película). La marca del vampiro no es una película de la  Universal, sino que está patrocinada por la MGM. Y en ella encontramos múltiples referencias a la película de Drácula que el propio Browning había firmado, sólo que el tono esta vez era muy diferente.

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La marca del vampiro no deja de ser una parodia majestuosa y brillante al mito vampírico que empezaba a gestarse por aquellos años. Browning recoge un argumento casi absolutamente idéntico al elaborado por la película que el mismo había realizado años antes para reírse con todo el humor negro posible de la Universal. Es cierto que siempre habíamos encontrado una crueldad cómica en algunos de sus personajes, pero la Marca del vampiro es sin duda la obra que más acentúa estos rasgos. No es casualidad que Browning cuente con el mismo actor que utilizó en Drácula, el mítico Bela Lugosi, para interpretar el supuesto vampiro en este film. El guión utiliza un pseudónimo que apenas trata de disfrazar, llamándole Conde Mora (que también habita en un castillo alejado del resto de habitantes) en la película. De hecho, las situaciones y los personajes protagonistas de la película, no dejan de ser un reflejo de la novela de Bram Stoker.

Ya la primera escena de la película recuerda enormemente a la obra de Drácula, cuando los viajeros escépticos llegan a una posada donde los habitantes del pueblo (que sin duda tiene pinta de encontrarse en Centroeuropa) alertan a los extranjeros que los vampiros son reales y que no es cuestión baladí reírse de ellos. Evidentemente no les convencen.

Los personajes principales de la película, por otra parte, no dejan de ser un reflejo cómico de los que encontramos en la novela original de Bram Stoker. Johnathan Harker tiene su eco en Fedor, un personaje casi neutral y sin protagonismo, mientras que el investigador paranormal interpretado por Lionel Barrymore no deja de ser una parodia de Van Helsing, aquel mítico científico que sabía todos los recursos habidos y por haber para enfrentarse al mundo vampírico. Ahora bien, ¿Se imaginan a un personaje como Van Helsing en un mundo escéptico en que los vampiros no existen? Sin duda, sus teorías tan absurdas como la utilización del ajo o el cuidado a las ventanas abiertas no dejarían de ser un toque excéntrico y cómico, y precisamente la película explota esta hilaridad con la presentación de un personaje que parece sacado totalmente de contexto. Pero si duda, donde Browning aporta su mayor toque cómico es a los personajes secundarios de los criados, que huyen despavoridos ante cualquier visión nimia, y que representan sin duda el mundo más supersticioso, curiosamente el mismo que debió asistir a la película.

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De hecho, el guión de la película no deja de ser una broma, pues al igual que sucedía en la casa del horror (que como ya he comentado, es la película que remakea Browning) todo resulta una estafa y los vampiros no son vampiros, sino que todo está orquestado con un giro final de guión absolutamente inverosímil, que se trataba de una mofa más dentro del conjunto.

Pero que nos encontremos ante una magnífica parodia no quita para que Tod Browning haga una recreación majestuosa del ambiente gótico que se manifiesta alrededor del conde Drácula…digo Mora. El uso de atmósferas creadas con elementos muy bien escogidos (elementos perturbadores, lápidas decrépitas, la recreación del cementerio mediante una niebla espesa y una música ténebre de fondo) debía asustar a más de uno en la sala de cine. Por tanto, estamos ante una película que mezclaba de manera pretendida las risas con el sobresalto en la butaca.

Y como guiño final, la propia frase que exclama el propio Lugosi una vez se acabado la farsa que representaban. –Que bien he hecho de Vampiro, soy el más real de ellos, podría interpretar un vampiro toda la vida!- Sin duda Browning mezcla el personaje con su realidad, y es que todo el mundo sabe que Lugosi estaba íntimamente unido a la figura del vampiro y que se vendía comercialmente como si fuera él mismo. Sin duda un tipo genial y oscuro, que tuvo la osadía de enterrarse con el mismo satén que le había hecho famoso. Asistir al funeral debió de ser un hecho entre cómico y terrorífico, como lo es la Marca del vampiro.

7/10

Kyrios

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