Madre Juana de los Ángeles (1961)

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La película, Madre Juana de los ángeles, está basada en un supuesto hecho real, que aconteció en Loudun, Francia, en el 1634, cuando en un pequeño convento de la zona, las monjas que habitaban en él empezaron a sufrir lo que aparentemente parecían posesiones demoníacas. El caso se alargó hasta 1637, y hasta hubo gente como el hechicero Grandier que fue llevado a la hoguera. Sin dudad, si esto fuera una película americana corriente, todos sabríamos como habría sido el enfoque mayoritario que se le habría dado a la película, pero estamos hablando de una producción polaca, llevada a cabo por el director de cine polaco Jerzy Kawalerowickz autor de obras tan crípticas como Tren de Noche (1959) o La muerte del presidente (1977).

Por otra parte, Madre Juana de los ángeles está realizada en la temprana fecha de 1961, y posiblemente nos encontramos con la primera película que trata el exorcismo y la posesión diabólica en el cine, un subgénero terrorífico que sería explotado en el cine norteamericano una década después con mucha asiduidad, especialmente a partir de la película William Friedkin, El exorcista (1973). En cierta medida, la película polaca anticipa muchos de los terrores que se darían muchos años después.

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Pero como no podía ser ante una producción de Kawalerowickz, la obra dista mucho de adaptarse a las convencionalidades más corrientes. Ya en la recreación histórica encontramos una verosimilitud muy típica del director polaco, en la que intenta ajustar perfectamente el retrato histórico con la realidad, como haría también en la recreación del mundo egipcio cinco años más tarde, en el 1966 con Faraón. Que esto no se contradice con las dimensiones de complejidad que alcanza la película. La política que adopta el director es la austeridad, característica que ya de por sí es contradictoria ante el cine Hollywoodiense del momento ( que recarga las producciones históricas con multitud de detalles para desatar el frenesí del espectador) y que se ajusta perfectamente con el retrato psicológico que realiza el director a sus personajes. Todos los parajes de la película (el convento, la posada del pueblo y las llanuras) parecen desprovistas de alma.

Madre Juana de los ángeles es una película que contiene múltiples dimensiones. La película se adentra en la historia de un cura que intentará realizar a cabo diversos exorcismos para liberar del mal al convento, y especialmente a la Madre Juana.

La película realiza una radiografía perfecta del miedo y la superstición del siglo XVI en un ambiente rural. Estamos hablando de una época en que la sociedad vivía atemorizada por la existencia no sólo del diablo, sino también de las imposiciones católicas acerca del tratamiento del espíritu (y sus consecuencias sobre el cuerpo). Es quizá aquí donde la película explota su mayor nivel de complejidad. Y es que no estamos ante una película que simplemente divida a los buenos (el cura protagonista) contra los malos (Madre Juana poseída por Asmodeo) sino que nos encontramos con una dimensión teológica mucho más grande. Durante unos diálogos explícitos entre el padre y Juana, esta llega incluso a afirmar que es mejor estar poseída porque al fin y al cabo es una manera de disfrutar de las prohibiciones a las que estaría sujeta si siguiera fielmente a Dios. Sin duda una visión Nietzscheana de la religión, que ciertamente oprimía el cuerpo y los placeres de la carne de manera antinatural. Sí el ritual religioso prohíbe disfrutar de los detalles cotidianos, llega incluso a ser lógico que entendamos la postura que adopta la Madre Juana, que ve la posesión la única vía para poder huir de las ataduras religiosas. Llega pues a intuirse claramente que sus ritos de exorcismo son sin duda una farsa de la que la madre es consciente en todo momento.

Estas prohibiciones a las que tiene sujeto la regla católica también se pueden ver como afectan a la posada del pueblo, que queda representado bajo la dirección de Kawalerowicz como un grupúsculo que parece estar al margen de las órdenes religiosas pero que a la vez está cohibido y es que hasta las fiestas son negadas para ellos. De todas maneras el director no realiza un retrato plácido sobre ellos (como sobre ningún personaje o colectivo) sino que sigue siendo cruel mostrándonos la ignorancia del populacho, así como sus supersticiones más pueriles.

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Formalmente la película es una odisea. Y eso que como comentaba parágrafos atrás, la austeridad es la nota dominante de la película. Pero el director polaco utiliza de manera excelsa los escasos recursos con los que se enfrenta a la película. Sólo la primera secuencia ya nos puede recordar hasta el insigne pintor Francisco de Goya, cuando el director cierra la escena en encuadres pequeños, capturando de manera cerrada a sus personajes, creando así una atmósfera mucho más opresiva y que podemos encontrar nada más empezar la obra. El negro y el blanco de la película así como los claroscuros son esenciales para captar toda la intensidad de la película, así como las referencias simbólicas con las que juega Kawalerowicz. Su talento creativo alcanza el éxtasis en la escena de posesión, en la que evitando la escatología (todo lo contrario que la película de Goya) coreografía al grupo de monjas para una secuencia única e inimaginable a inicios de los años sesenta.

8/10

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