La Gran revancha

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Otra vez se vuelven a enfundar los guantes  de boxeo Sylvester Stallone y Robert de Niro, en una película autoparódica titulada la gran revancha, realizada en el 2013, y que recrea de manera cómica a diversos personajes que ambos actores han interpretado a lo largo de sus carreras.

Rocky, el mítico boxeador al que dio vida Sylvester Stallone en el año 1976 y Jake La Motta, personaje (verídico) que encarnó Robert de Niro en la magnífica Toro Salvaje en el 1980 son las referencias que toma Peter Segal, director de la gran revancha, para parodiar los clichés de las películas pugilísticas. El problema de Peter Segal es que intenta realizar una película apta para todo tipo de públicos, desde los amantes de Rocky conocedores de su mitología (y que son los que captarán los homenajes múltiples que hay dispersos en la película),  hasta un público más bien familiar, y en esta ambivalencia la película de Segal naufraga sin tener nunca unos objetivos demasiado concisos, aparte del de ofrecer el enésimo resurgimiento del ave fénix. Los discursos paternalistas y moralistas por tanto serán una constante en algunos momentos de la película, y serán en cierta parte un lastre difícil de defender.

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Algo hay nuestro dentro de personajes tan fustigados como los que representa la película. Si no, no sé explica que pese a los años, la gente siga añorando las viejas historias de estos personajes, y siga asistiendo a las salas de cine en pos de ver la última (o eso parece siempre, como parecía que lo era Rocky Balboa 2006) película de estos iconos de la nostalgia. La historia del ave fénix siempre cae en gracia al espectador corriente, y eso lo podemos comprobar tanto en las múltiples secuelas que ha realizado Sylvester Stallone retomando el personaje de Rocky como incluso en películas como los Mercenarios (hasta dos entregas se han llegado a estrenar hasta el momento, realizadas respectivamente en 2010 y 2012; se prevee una tercera entrega en el 2014) que no dejaban de ser una fiesta elaborada únicamente para los nostálgicos de la acción de los años ochenta.

En la gran revancha, ambos boxeadores se han venido a menos desde que se vieron las caras en el cuadrilátero por última vez. Sylvester Stallone trabaja en una fábrica y Robert de Niro tiene un bar donde él mismo realiza actuaciones cómicas (un claro guiño al final de Toro Salvaje, donde podíamos ver al personaje de Robert de Niro retirándose del mundo del boxeo y contando chistes en su propio restaurante como si fuera un monologuista). Sin embargo, una aventura final les depara a ambos, un nuevo combate.

La película toma muy pocos riesgos. Es ahí donde la película falla. Realmente no es tan mala como parecía en un primer momento viendo los tráilers promocionales, pero al no tratar de sorprender en ningún momento se queda en un film más bien cojo que no aporta nada nuevo a la filmografía de ambos actores (por lo menos Rocky Balboa, la película del 2006 sí nos ofrecía una perspectiva realmente interesante). La historia se centra en la recuperación y la superación, con historias manidas de las que se sirve Segal para avanzar el metraje de la película. Los diversos ejes argumentales no dejan de ser lo mismo pero centrados en los diversos personajes, en una dicotomía que no acaba de funcionar del todo en la película. Por una parte tenemos al hijo perdido de Robert de Niro, que tratará de recuperar el tiempo perdido con él, y por otra la historia de Stallone y su antiguo amor perdido. Hacía el final de la película ambas historias se enlazarán para dejarnos un final que afortunadamente es bastante digno (que no brillante), y que es respetuoso con ambos actores.

Sin duda donde la película consigue más aciertos es en los diversos guiños sobre los míticos personajes (Rocky y la Motta) que se dejan a lo largo de la película. Rocky pegando al ganado congelado, De Niro comentando sus problemas de sobrepeso (como le sucedía en Toro Salvaje)…también hay que decir que la primera parte de la película es bastante eficiente, pero a medida que avanza el metraje a Segal se le van agotando las ideas y se cae en una abusiva reiteración de secuencias (especialmente las relacionadas con el entrenamiento).

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El aspecto más cómico del film lo aporta el personaje interpretado por Alan Arkin, que está basado en el antiguo entrenador de las películas de Rocky, y que tiene una mala baba que emplea la película de manera bastante efectiva, con unas salidas de tono que son por otra parte las únicas que consiguen romper la monotonía de la película. Como contrapunto negativo tenemos al personaje de Kevin Hart, que cae en el estereotipo más rancio (negro que intenta hacerse el gracioso imitando paródicamente los clichés del gángster) y al que verlo doblado al castellano debería estar penado con la muerte.

4/10

Kyrios

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