Harold and Maude

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Harold representa una generación perdida. El movimiento Hippie se estaba disolviendo y la esperanza de convertir la tierra en un mundo mejor era cada vez más una ilusión trasnochada. El mundo iba aterrando hacía la dura realidad. De la generación perdida del 68 nacen personajes como Harold, que tienen el cinismo por bandera. Pocas veces el retrato de un personaje cinematográfico resulta tan conmovedor como el que realiza Hal Ashby en su segunda película  (un año antes había dirigido el Casero, en el 1970). Como el optimismo ya no es posible, Harold adopta la ironía y el pesimismo como una actitud vital. En repetidas ocasiones tratará de suicidarse, o mejor dicho, hará como que trata de suicidarse, cuando en realidad lo único que está haciendo es reclamar más atención por parte de su madre. Harold vive en una buena familia, aunque no tiene padre y su madre es una mujer adinerada que únicamente se preocupa por las consideraciones más frívolas de la vida. Por este motivo tratará de hacer desposar a su hijo a la manera tradicional, buscando una buena esposa para él, sin que su actitud apenas importe. El espíritu de Harold se consume, y eso que apenas es un adolescente.

Y luego está Maude. Es el polo contrario que Harold. No en vano es una anciana (hablando exclusivamente de su edad) que pertenece a la generación Hippie, que una vez intentó cambiar el mundo. Ahora ha abandonado el paraguas (metáfora que emplea la película para referirse a los movimientos sociales de los años sesenta) pero en su interior sigue luchando contra las imposiciones sociales. No entiende porque uno ha de vestirse de negro en un funeral, ni porque entregar flores marchitas a un difunto. Maude utiliza la risa y la jovialidad como acto revolucionario y pese a ser una anciana no entiende de normas ni leyes. La policía no puede con ella, pese a que la mayoría de las veces a apenas hace algo por detenerla al creerse que detrás de la cáscara de Maude hay un árbol ya caído. Nada más lejos de la realidad, Maude está más viva que nunca.

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Y se enamoran claro. Da igual que uno sea más joven y que todos estén en contra de semejante matrimonio (desde su tío militar, su madre, la iglesia…)  o que las diferencias entre uno y otro sean notables. Nada puede detener a semejantes personajes.

La película de Ashby, una personalidad cinematográfica totalmente irreverente, no entiende de cánones ni convenciones. La obra se trata de una magnífica parábola que utiliza el director para retratar de manera totalmente surrealista y subversiva el estrato de cierta parte de la sociedad americana de inicios de los años setenta, que había perdido de manera progresiva la fe en la humanidad. Harold y Maude es la unión de nexos entre estas generaciones perdidas.

Harold And Maude fue un inmediato éxito entre la juventud norteamericana del 1971, convirtiéndose inmediatamente en una película de culto. Desde luego tenía muchas papeletas para conseguirlo. Su mezcla de humor negro, su filosofía de vida y su vitalidad hicieron de ella un boca a boca excelente para todo aquel que quería ver una obra singularmente diferente. Muchas veces se califica la película como Comedia negra o incluso oscura, pero desde luego la película va mucho más allá de ser un simple film paródico. La película ataca tabús estandarizados de la época, como  contra el militarismo norteamericano, encarnado en la figura del tío de Harold, un militar egocéntrico que se convierte en una caricatura de lo que supone la máxima de Horacio: Dulce et decorum est pro patria mori.

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Como bien apunta Christopher Beach en su monografía acerca del director, Harold y Maude está repleta de planos generales y el director Hal Ashby más bien rehúsa utilizar primeros planos. Al director le interesa en muchas ocasiones  mostrarnos a los personajes englobados en su entorno. Dos ejemplos: El plano en que encuadra el director a nuestros dos personajes, que tienen una conversación mientras la cámara va alejándose cada vez más de la escena, abriéndose al paisaje. Se trata de un cementerio, que a medida que la cámara se va alejando deja al espectador boquiabierto, porque parece no tener fin nunca. Ashby no realiza este plano por casualidad, ni siquiera por pura estética (aunque la imagen ciertamente resulta más que impactante). La película banaliza el significado tabú de la muerte, que la sociedad norteamericana empezó a darle en aquellos años. La muerte es un hecho natural y normal dentro del ser humano, y en la película es un tema que queda retratado de tal manera, sin esconderlo en ningún momento. El segundo ejemplo es el final, en que Harold parece abalanzarse ante un precipicio después de la muerte de Maude. Sin embargo el plano vuelve a abrirse y encontramos que Harold sigue vivo. No es una escena que trata de engañar al espectador, sino que contiene y define toda su esencia: Harold ha aprendido a vivir. Ahora está capacitado para seguir adelante, aunque lo haga siempre a su manera.

Harold y Maude es una de aquellas películas que desgraciadamente parecen condenadas al ostracismo. Si es un exilio voluntario o político daría para otra discusión.

 

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