Habemus Papam

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Nanni Moretti parece estar en caída libre. Después de rodar películas tan interesantes en los años ochenta como Bianca (1984) o la misa ha terminado (1985) y reciclarse en los años noventa con Querido diario (1993) sus tres últimas películas resultan bastante decepcionantes y además adolecen de unos defectos parecidos. En el caimán (2006) nos encontrábamos con una película que presentaba una premisa bastante jugos en la que parecía que Moretti iba a atreverse a criticar ni más ni menos que al entonces todavía respetable (para muchos italianos) Silvio Berlusconi. Sin embargo el caimán era una película tibia, casi inane que no se atrevía con semejante rival. De igual manera le ocurre con Habemus Papam.

Y es que si bien en la parte inicial de la película Moretti apunta hacía una interesante crítica hacía la iglesia católica y sus más altos estamentos (el papa y el prelado del Vaticano) a mitad de trayecto sufre el mismo problema que su personaje principal interpretado por Michel Piccoli, que parece no encontrar un hueco en la vida y que rechaza el cargo al que se le ha asignado. El problema no es sólo que Moretti se retire del escenario vaticano para realizar una interesante caricatura, sino que tampoco sabe muy bien que camino escoger, básicamente por el miedo a las diversas reacciones (seguramente por presiones externas). Así, finalmente se rueda una película tibia que se ve rápidamente, pero que no deja ningún tipo de huella, y que parece más un refrito del discurso del rey (con el típico mensaje de superación incluida) que el de una película atrevida.

Y eso que como comentaba anteriormente, no empieza mal. ¿Se imaginan que el nuevo papa escogido es incapaz de cumplir sus funciones y sufre un ataque de pánico? Eso lo que ocurre precisamente en la película, cuando el personaje que interpreta Piccoli es asaltado por los nervios después de que se celebren las votaciones y haya fumata blanca. Moretti saca mucho partido a estos compases iniciales, y si bien se toma alguna licencia bastante escrupulosa (la aparición de un psiquiatra que es interpretado por él mismo en medio del vaticano, como si anduviera como Pedro por su casa…) queda sometida por un jocoso y cínico sentido del humor. Desde luego, que el papa sea psiquiátricamente analizado (¿se pueden hablar de temas sexuales?) así como algunos entresijos de las votaciones (precisamente que el escogido como papa sea precisamente una jugada política que nadie espere) tienen una miga que Moretti no duda en sacar partido.

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Pero al cabo de media hora, al director italiano se le acaban las ideas. Lo que había empezado como una interesante reflexión satírica acaba derivando en un desarrollo tibio que toma demasiadas concesiones con sus protagonistas. El guión mismo parece encontrarse indispuesto al seguir perfilando personajes que ya no tienen un gran sentido dentro de la trama (el psiquiatra deja de tener en realidad sentido, y sin embargo coge un papel central en la película, seguramente porque sus gags sirven como contrapunto dramático a la historia del papa) y se recurre a situaciones y fórmulas bastante absurdas que lo único que consiguen es acrecentar el gusto peculiar de la película. Desde luego ver a los prelados inmersos en una competición de Volley sin que haya explicación lógica alguna no es la mejor opción posible.

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El desarrollo de la película gira entonces hacía la prospección psicológica del desdichado papa, pero sin conseguir nunca un grado de complejidad que haga destacable la película. Sus temores y sus complejos se viven en una especie de road movie por las calles romanas, siempre disfrazado de peatón común, y que si bien podrían dejar alguna secuencia interesante (con el encuentro de diversos personajes que se cruzan en su aventura, a modo de fábula antigua) se convierte en un viaje errático, que se torna ambivalente como el tono de la película, que no sabe si discurrir entre el tono cómico de lo más absurdo (como la ya comentada secuencia de volley) o el drama (la introspección de la infancia y los traumas del hombre que tiene que convertirse en el nuevo pontífice). Uno de los mayores problemas es que Moretti no sabe moverse entre diferentes corrientes y la reflexión no queda nunca clara. Para ejemplo tenemos el final de la película, que parece un giro radical ante todo lo visto con anterioridad y que parece volver al tono original de crítica de la primera parte de la película, pero resulta demasiado tarde y el fragmento queda como un trozo injerido sin mucho sentido global.

Una de las cosas más destacables es la interpretación de Michel Piccioli en el papel protagonista. Aunque el guión no este por la labor, sin duda su personaje es de lo poco rescatable en la película.

4/10

 

Kyrios

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