King Kong (1933)

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La figura del gorila gigantesco Kong elevándose y escalando por encima del edificio de forma fálica del Empire State Building mientras en sus manos sostiene a una de las rubias más famosas del mundo del cine, Fay Wray, se ha convertido por méritos propios en una de las secuencias más famosas de la historia del cine. El sueño hecho realidad de dos hombres, Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack. El éxito de la película fue tal que Schoedsack dirigió en breves una película que compartía un argumento parecido, con el hijo de Kong (1933), e incluso retomarla años más tarde con la que sería su última película, el gran gorila (1949).

Todo empezó con una película planteada entre el 1930 y 1931, llamada Creation y que no se llegó a rodar. El proyecto quedó paralizado por la RKO, la productora que iba a poner el dinero para elaborar una película que combinaba el ataque de diversos reptiles gigantes y dinosaurios que seguramente habrían hecho la delicia del espectador. A Merian C.Cooper no se le olvidaron aquellas imágenes y decidió que aquella película había que llevarla a buen puerto. Fue a él a quien se le ocurrió la idea de introducir un elemento que daría verdadero sentido a la trama: La inclusión de un mono gigante.

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Auténtico éxito desde su primer estreno, King Kong es una película que aparte de imágenes tan interesantes como ver las grandes urbes norteamericanas, como Nueva York, destruidas bajo la devastación más monstruosa imaginable, también incluye momentos de delicioso cine, especialmente en su primera parte del metraje. Por otra parte supone la perfección técnica de Harold O’Brien en los efectos especiales, que perfeccionaría las técnicas de la Stop-Motion.

De hecho el propio O’Brien ya había trabajado con esta técnica en películas como El mundo Perdido, una película rodada en 1925, durante el período mudo, y que adaptaba la novela homónima del célebre escritor británico, Arthur Conan Doyle. En este película, O’Brien era el encargado de realizar los efectos especiales, que debían mostrar grandes cantidades de secuencias donde aparecieran dinosaurios y diversa fauna titánica enfrentándose a muerte. O’Brien siguió entonces una técnica que había inventado uno de los pioneros del cine, George Mèlies, la Stop-Motion, que consistía en tomar muchísimas fotografías de un modelo mayormente escultórico para luego poner dichas fotografías en movimiento, creando la sensación de que efectivamente había un movimiento del modelo. Como el Mundo perdido funcionó (pese a ser una película artísticamente discutible) en taquilla, Marion C. Cooper y Shoedsack decidieron contar con su inestimable ayuda. Gracias a esta colaboración se llegó a crear uno de los mitos propios del cinematógrafo, como fue el del gigantesco simio Kong. Además de otros muchos dinosaurios que aparecen en la película, y que en muchas ocasiones se acostumbran a olvidar.

Sin embargo, monstruos aparte, el guión de la película cuenta con un interesantísimo tema: el guiño metacinematográfico, es decir, el cine dentro del cine. El argumento de King Kong gira en torno a un director de cine, Carl Denham, que tiene fama de realizar películas muy exóticas y ambientas mayormente en parajes dejados de la mano de Dios. Esta vez se dirigirá a Sumatra, de la mano de una joven actriz interpretada por Fay Wray a la que ha contratado en último momento, donde cuentan las leyendas que habita un ser monstruoso que perdura desde los tiempos prehistóricos. En realidad, Denham no deja de ser una metáfora del propio Shcoedsack, un director aventurero que toma siempre muchos riesgos para sus películas. Las referencias cinematográficas no se quedan ahí, y de hecho se hace una referencia a la propia historia, cuando uno de los marineros espeta en una secuencia trivial que estamos ante una historia de la bella y la bestia, que no deja de ser una clara alusión al romance entre King Kong y la actriz rubia.

TyrannosaurusRex

El desarrollo empieza sorprendentemente bien y son las primeras secuencias de la película lo más disfrutable del conjunto. Con una intriga muy bien llevada, la historia nos adentra en la particular historia de una isla misteriosa que oculta diversos secretos. Niebla, nativos peligrosos y sacrificios humanos son elementos explosivos que los directores de la película combinan de manera eficiente para excitar al espectador del momento. Desgraciadamente la originalidad del argumento se viene abajo con las reiteradas secuencias de acción entre diversos y titánicos rivales. Sin duda la lucha entre el Rex y Kong fue una de las escenas más esperadas (después de la escalada del Empire State) por el público, que se lo debió de pasar jocosamente viendo los pasajes en Stop-motion

Sin embargo es interesante remarcar a modo de despedida, como no todos fueron demasiado condescendientes con la película. En el libro de Sebastià Roig, els malsons dels nostres avis, el escritor se dedica a recoger diversas críticas de diversos periódicos y revistas del entorno barcelonés de los años treinta Y es interesante ver como muchos de ellos ya criticaban los efectos especiales del film, a los que ya veían como rudimentarios y anticuados.

También contar como anécdota que King Kong fue una de las películas favoritas de Adolf Hitler, del que se cuenta que acostumbraba a revisionarla cada cierto tiempo.

7/10

Kyrios

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