Máquina Letal

 

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Stephen Norrington es un tipo desde luego peculiar. De origen británico, sorprendió a los más acérrimos al género de terror y ciencia ficción cuando el 1994 se estrenó su primera película, Death Machine. El estreno mundial no fue bien recibido y algunos países, como China y Australia, se atrevieron a censurar la película en un acto más de hipocresía. Desde luego Death Machine es una película violenta, pero periódicamente se estrenan películas mucho más vulgares en los Estados Unidos y sin tantas trabas de por medio. El problema que sufrió Norrington es que su producción era británica y era de un presupuesto más bien bajo. La censura lo tenía bastante fácil.

Pero pese a que al público corriente la película no consiguió cautivar su atención, si lo hizo con los aficionados al género. Y desde luego, no es casual porque la obra de Norrington se dirige con gran ímpetu hacía ellos. La película está repleta de una gran multitud de guiños que están dirigidos a los fans del género, y que van desde recursos muy variados. Un juego sencillo son los nombres de los protagonistas, que van desde Riddley Scott (director de Alien 1979 y Blade Runner 1982) pasando por John Carpenter o Sam Raimi. Pero la película incluye muchas más referencias como el diseño de la máquina letal, que no deja de ser una especie de Alien (sacado de la obra de Scott y que realizó el artista suizo H.R.Giger) mecanizado,  secuencias homenajes a otras obras célebres (la escena más famosa de Robocop queda magníficamente plasmada) o algunas frases sacadas de películas como Terminator (volveré, espeta uno de los protagonistas). ¿Significa eso que Death Machine sea una película que simplemente se dedique a copiar de manera descarada las grandes películas de ciencia ficción?

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La respuesta es un no rotundo. Norrington, gran amante del género, desea confeccionar una película que lo que hace es mezclar todos los elementos en una batidora muy personal, que acaba cocinando un gran planto tremendamente ligero, y aderezado con grandes dosis de humor. El propio director de la película nos coloca diversas secuencias que demuestran que pretende rebajar el tono serio de su obra (sabe que no puede competir con los grandes clásicos), que nunca va en serio. Desgraciadamente, pocos le creyeron y tanto censores como una gran parte del público le dieron la espalda. Una auténtica pena, porque sólo un necio o un fanático reaccionario no se daría cuenta de que Death Machine es una película que pretende hacer reír al espectador en muchos momentos. Sin entender este deje de ironía que imprime Norrington en muchos de sus diálogos (rebeldes pacifistas dialogando sobre la necesidad de crear un mundo nuevo) o de sus secuencias (la manera como mueren sus personajes es casi cómica en muchos casos) la película no se puede entender. De hecho, el propio argumento de la película gira en torno a la parodia más absurda, exagerando algunos clichés al máximo. No hace falta más que ver los rebeldes que asaltan el complejo donde se fabrican las armas, y que Norrington define haciéndolos fumar un cigarro de cannabis de proporciones gigantes.

Por otra parte la película se ambienta en un tiempo indeterminado, que dota a la película de una gracia muy perspicaz.  Si bien en un primer momento parece que nos encontramos ante una representación que sigue una ambientación cyberpunk, que parece acercarse a una época futura indeterminada, también es cierto que a la vez vemos alguna citación literal, como al actor Stallone, que hace que el espectador no se tome en serio el film. En líneas generales la película sigue una estética industrial (casi toda la parte del metraje se ambienta en la misma industria de armas) que juega sobre todo con la luz (predomina el campo de color azul, que alumbra la gran mayoría de escenas) y con los decorados más variopintos para crear una atmósfera singular. En líneas generales se puede decir que con los pocos recursos de los que dispone el director, se ha conseguido una obra que tapa muy bien las carencias. Norrington trabajó de hecho en sus primeros momentos como técnico de efectos, en películas tan memorables para el género como Aliens (1986).

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Pese a todo, la película adolece de unas dolencias muy marcadas, como el histrionismo de algunos personajes, como J. Dante (¿Joe Dante?) o la reiteración de algunas escenas de acción demasiado recurrentes, que se acrecentan hacia el final de la película. Algunas escenas de la película sin embargo gozan de una gran fuerza, como una escena-ya mítica- que transcurre en el ascensor, y que sin duda justifica el visionado de toda la película. Si Norrington hubiera contado con un mayor presupuesto (ampliando el número de rebeldes que se adentran en el complejo industrial) seguramente la película habría funcionado mucho mejor.

6/10

 

Kyrios

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