Kon-Tiki (2012)

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Kon-Tiki fue una exitosa película noruega que llegó a ser escogida como una posible candidata al Oscar como mejor película de habla no inglesa, pero que en esencia comparte demasiados puntos en común con cualquier película aleatoria que se estrena en Hollywood durante los últimos meses del año (cuando los galardones se rifan), condensando en su argumento las historias tan apetitosas que siempre son del gusto de la academia. De hecho, pese a estar dirigida por dos directores noruegos, Joachim rønning y Espen sandberg (que siempre han trabajado juntos, como por ejemplo en su opera prima, Bandidas 2006) la película podría haber colado perfectamente como norteamericana.

La historia típica de superación está basada en esta ocasión en un hecho real que resulta desconocido para gran parte de la población, como fue la odisea que en la década de los cuarenta emprendieron Thor Hayerdahl y su equipo de investigación. Heyerdahl estaba obsesionado con la idea de que la Polineasia había estado colonizada por pueblos provenientes de la actual Sudamérica, entre ellos el Perú, pero su hipótesis no encontraba hueco porque según los especialistas era imposible que con las técnicas de aquellos pueblos indígenas se hubiera podido construir una embarcación que les llevará más allá de siete mil kilómetros de navegación. Así que Thor Heyerdahl decidió el emprender mismo una aventura colosal, participando en un viaje con las mismas condiciones técnicas de las que disponían aquellos pueblos (es decir, en una balas que apenas tenía movilidad) para partir desde Perú y llegar a la mismísima Polinesia. Thor lo consiguió después de 101 días de viaje, e incluso llegó a ganar el Oscar a la mejor película documental, en el año 1951, después de presentar una película que había forjado en sus días de viaje (y que la actual Kon-Tiki versiona de hecho en muchas de sus secuencias).

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Así pues el argumento recoge una historia que pone los dientes largos a cualquier miembro de la academia y votante en la gala de los Oscars que se precie: La superación, traída de la mano de un personaje histórico (ya sabemos que las películas basadas en hechos reales siempre tienen su punto a favor) al que parece que nadie se toma en serio, pero que consigue gracias a méritos propios (el mito de la iniciativa americana y del hombre forjado así mismo) una epopeya.

Y de hecho, formalmente la película sigue los mismos preceptos y tópicos. Sólo con la primera secuencia que nos presenta la película uno se puede dar cuenta de por dónde van los tiros en este sentido. Con un flashback muy explicativo (durante toda la película hay un interés por situar siempre en tiempo y acción a los personajes, con reiterados textos explicativos que nos indican donde están los personajes, uno se pregunta en muchas ocasiones si era necesario) se nos presenta de manera bastante simple la personalidad de Thor: Un joven muchacho que es capaz de realizar ya desde niño la aventura más osada (en la película, sobrevivir a la caída de un charco de agua totalmente helado). Para que el espectador tenga perfectamente ubicado en todo momento la personalidad del personaje principal, con esta presentación que a todas luces resulta bastante burda. Estas mismas explicaciones aparecen en los títulos de crédito finales, con el manido recurso de: “Thor Heyerdahl,  escribió un libro sobre la odisea y siguió trabajando hasta que…etc.

Lo mismo sucede con el epílogo final, que retorna una vena amorosa que apenas se había abierto durante la película. Un deja de academicismo se nota durante toda la película y este sentimiento amoroso no deja de corroborar lo que resulta lo peor de la película. ¿Acaso había espacio para el amor durante la película? uno no puede dejarse de hacer esta pregunta una vez los directores han introducido estas notas almibaradas en una película que no necesitaba para nada estas dosis azucaradas.

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Afortunadamente, el objetivo principal de la película se cumple, que es básicamente es el conseguir ambientar el espectador dentro de una situación tan exótica y espeluznante como es la de vivir 101 días en una balsa que apenas tiene timón. La artesanía noruega se impone en los FX, y así se consigue construir una película que aúna su esfuerzo en vivir día a día lo que suponía una jornada marítima en aquellas condiciones. El relato real del documental elaborado por el propio Thor es la fuente básica de anécdotas y situaciones de la película, aunque es cierto que el cine dramatiza siempre estos sucesos y como ejemplo tenemos una secuencia bastante significativa en la que los tripulantes de la balsa cazan un tiburón. En la secuencia cinematográfica es un animal de grandes proporciones mientras que en el documental real podemos comprobar como tampoco era exactamente de semejantes dimensiones.

Así pues Kon-Tiki es una película que se mueve entre la grandeza visual de algunas secuencias, mientras que la ñoñería y la falta de una ruta fija hacen tambalear la balsa de los directores noruegos.

5/10

Kyrios

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