Kairo (Pulse)

KAIRO POSTER

Kairo se trata de otro caso más de película prototípica de J-Horror reciente, que debido a su éxito es inmediatamente copiada por las productoras norteamericanas. Efectivamente, el remake de Kairo se convirtió en Pulse una película rodada en el 2006 y que de momento cuenta con dos secuelas más Pulse 2: Afterlife y Pulse 3. Lo más curioso del caso es que la película norteamericana es el paradigma de cómo los norteamericanos convierten la película original en un producto totalmente irreconocible. Sí en la película japonesa original los sustos estaban contados y lo más importante era el mensaje de la película, en el remake la idea central del film se convierte en un escaparate para que se puedan desarrollar multitud de masacres y asesinatos, tratando al terror como un simple género circense.

El caso es que Kairo es una película realmente singular, que no significa que perfecta. La obra está dirigida por Kiyoshi Kurosawa, que se ha labrado por méritos propios un nombre en el género, con películas como Cure (1997) o Doppelganger (2003). Se acostumbra a clasificar la película como una obra más de J-Horror, pero hay que tomar con cuidado esta afirmación, porque Kairo se trata de un producto muy singular. Con una premisa parecida a la de películas compatriotas suyas como The Ring (1998), Kairo se centra en dos ejes argumentales que nos hablan de una página de internet muy enigmática, la cual parece ser que retransmite fantasmas y seres del más allá…

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Sí el lector cree que está ante una película más de monstruos, seres fantasmales o niños japoneses saliendo de armarios se equivoca. Kairo utiliza el terror como una radiografía de la sociedad japonesa. No hay un uso del horror convencional, sino que los espíritus y los seres del más allá son un instrumento que utiliza el director para apoyarse en el mensaje central que trata de diseccionar Kurosawa durante todo el metraje: El aislamiento en el que se encuentran la mayoría de jóvenes de la sociedad nipona. Sí, el tópico de que la sociedad japonesa es un ente hermético es una de las constantes que Kurosawa pretende mostrar en la película. Anticipándose a lo que serían las redes sociales y demás instrumentos digitales (recordemos el año de realización de la película) el director nos muestra el ensimismamiento de los protagonistas ante la sociedad que los envuelve.

Uno de los protagonistas principales de hecho decide instalarse internet en su casa, aunque no sabe exactamente para que. Una joven especialista en informática se presta a ayudarlo en algunos temas pues es un novato, y durante uno de los diálogos queda bastante patente la esencia de la película. La muchacha, nos habla sobre el chat y como mucha gente utiliza esta herramienta como un escudo ante sus relaciones cotidianas. El joven la desea pero no sabe como expresar sus sentimientos.

Kairo

El problema no es que el mensaje de la película sea interesante, sino que Kurosawa no sabe como mostrarlo en ningún momento. La película, exceptuando un par de aspectos, es patética.

El guión es de lo peor que se ha podido ver en el género de terror en mucho tiempo. Kairo trata de contar muchas cosas pero no sabe cómo, y cae constantemente en errores de raccord, como si no hubiera habido una segunda revisión de guión después de terminar la película. Las secuencias suceden sin motivo aparente y el director no sabe como hilar las dos historias principales.  El guión se mueve entre el miedo a ser demasiado explícito y contar al espectador el mensaje de la película, y el hermetismo de los diálogos, que no ayudan en ningún momento al descifrado de esta. El noventa y nueve por ciento de estos son totalmente intranscendentes y no tienen nada que ver con la película. Kurosawa pretende realizar una película intimista, mezclar el cinema verité con la clásica historia de fantasmas, pero el tiro le sale por la culata. Cuenta tan poco que después de media hora el espectador no puede hacer nada más que revolverse en su asiento por el terrible sopor al que está siendo sometido. No hay personajes interesantes y sólo en algunas secuencias aisladas podemos apreciar la propuesta de Kurosawa. Como no sabe cómo hacer avanzar la película, el guión introduce en ciertos momento personajes comodín que hacen avanzar la trama (como el chico de la biblioteca) de una manera vergonzosa.

Sin duda lo mejor de la película es su ambientación. Kurosawa crea una puesta en escena que le ayuda a potenciar su mensaje de aislamiento. Generalmente, cuando pretende encuadrar a un grupo de personajes, siempre lo hace desde la distancia e incluso en algún momento a través de un cristal. Una alegórica manera de decirnos como fracasan muchas veces la relaciones humanas. Con una paleta cromática muy apagada, Kurosawa presenta una película que ahoga la intimidad de sus personajes en la frialdad de los colores, enfatizando la comparación entre el temperamento de sus personajes y la oscuridad en la que se mueven.

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