El Puente (1959)

EL PUENTE - Die Brücke - 1959

El puente de Bernhard Wicki es una de las películas cumbres del cine antibélico. Con un desgarrador mensaje, la película de Wicki, un director poco prolífico, llegó a triunfar en los Estados Unidos, ganando el globo de oro a mejor película de habla no inglesa y recibiendo la misma nominación en los premios Oscars. Bernhard Wicki sería llamado el 1962 para dirigir la parte alemana de la película el Día más largo, junto Ken Annakin y Andrew Marton. Precisamente, ese mismo año de 1959 se realizó otra película alemana que también trataba la segunda guerra mundial, como era Stalingrado: Batalla en el infierno de Frank Wisbar. Y las dos tienen algo en común, y es que intentaban dignificar la figura del alemán durante la segunda guerra mundial, aunque sí la película de Wisbar lo hacía desde la óptica del soldado, la obra de Wicki lo hace desde la visión de una población totalmente hastiada por la guerra, y que debe enviar a sus jóvenes morir por un ideal, el nacionalsocialista, que está a punto de decaer finalmente.

El puente es una obra que parece combinar en su estructura dos películas. La primera de ellas nos recuerda el neorrealismo italiano (como la magnífica Alemania, año cero 1948 de Roberto Rossellini) mostrándonos el reflejo de la sociedad alemana de un pequeño pueblo rural alemán, justo cuando la guerra está a punto de acabarse. El naturalismo se impone y se mezcla con la visión dramática que impone la guerra a la población. No hay padres, la mayoría de adultos han marchado (y muerto) en la guerra y en el pueblo sólo quedan los chiquillos y las mujeres.

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Sin embargo, Wicki nos presenta a un grupo de muchachos que están dispuestos a dar su vida por los últimos momentos de aliento que le quedan al III Reich. Delante de este naturalismo dramático, el director incluye algunas secuencias muy sugerentes (como el inicio de la sexualidad por parte de los muchachos, que miran embelesados a un grupo de muchachas mientras practican ejercicio físico) o la relación casi edípica que mantienen con sus madres (substituyendo así la figura del pater familias que ha marchado a la guerra). Sin embargo, Wicki señala durante esta primera parte un hecho muy claro, y es que estos jóvenes aún siguen siendo unos muchachos. Pese a que ellos desean pasar a la etapa adulta (convertirse en soldado es una alteración de la vida que introduce el director, una manera brutal de convertirse en mayores por la vía más dramática y cruel posible) las imágenes que nos presenta el director nos muestran que aún se tratan de unos simples muchachos, que juegan ríen y se mueven como unos adolescentes más. Siguen buscando tesoros (como las botellas de alcohol que encuentran al lado del puente)  y aún no conocen nada de la vida adulta.

Y aún así, serán enviados a la guerra, precisamente en un giro de guión intensamente dramático, a defender su propia tierra, cuando mantienen un puente situado cerca del lugar donde nacieron. Esta segunda parte, que podemos clasificar como bélica si tratamos de emparejarla con algún género, es simplemente demoledora. Wicki retrata con todo el poderío posible los horrores de la guerra, con secuencias que llegarían a inspirar (o plagiar) el propio Spielberg, en su Salvar al soldado Ryan (1999). Se trata de una metáfora del transcurso de la vida adolescente a la adulta por la vía más demoledora posible, la del enfrentamiento sangriento, que no sólo afectó a estos jóvenes (como indica el epílogo de la película, sólo fueron unos críos más en la guerra) sino a toda una generación. Lo que en un principio era sangre y honor (el lema nazi) se convierte en la película en una radiografía de la miseria más cruel posible.

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El puente es una película salvaje, que no comparte las intenciones comerciales de muchas otras películas bélicas. La acción es sólo un instrumento, no un objetivo. Es la herramienta de la que se sirve el director para apoyar su mensaje. Uno a uno, los jóvenes muchachos irán cayendo en una sangría que no tiene conciencia ni respeto moral. El espectador parece estar delante de una obra surrealista, porque es incapaz de comprender como unos jóvenes muchachos a los que el uniforme de guerra les queda corto, se ven inmersos en una batalla de semejantes características. Durante los últimos fragmentos de la película el espectador no puede dejar mirar atónito (realmente la sorpresa se apodera de la película) y pensar en pinturas como el tríptico de la guerra de Otto Dix (uno de los pintores disidentes por excelencia el régimen nazi) y comprobar cómo durante muchos momentos de la infamia humana, la vida vale muy poco, inclusive aunque esta sea la de un joven muchacho.

No estamos ante una película de grandes presupuestos ni de desembarcos aéreos o anfibios de gran nivel. Sin embargo, Wicki recrea como poco el horror de la guerra con unos pocos recursos (tres tanques son los que aparecen en toda la película) a los que saca partido de una manera excelente.

8/10

Kyrios

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