Ciclo Hermanos Coen: A propósito de llewyn davis

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Curiosas las vueltas que da la vida, como nos lo demuestra la última película de los hermanos Coen, A propósito de LLewyn Davis, que nos recuerda especialmente a otra película que ambos realizaron hace más de una década, con O’Brother (2000). Dicha película se trataba de una revisión personal de los directores sobre una serie de aventuras que recordaban por momentos y citaciones a la obra magna de la poesía griega, como era la odisea de Homero. En O’Brother, el personaje de George Clooney interpretaba un preso fugado que por diversos azares del destino llegaba incluso a convertirse en músico y grabar su propio disco de música.

Si simplificarmos de una manera reduccionista, podríamos llegar a la conclusión de que A propósito de Llewyn Davis es la cara amarga de O’Brother. Mientras la película de Clooney era un auténtico canto a la vida, la película más reciente parece ser una demostración de la futilidad de la existencia, así como la ironía (recordemos que es la ironía un elemento indispensable en la filmografía de los hermanos Coen). Pero no es casualidad que tanto el inicio de la película como el final coincidan, cerrando el círculo con el que se juega constantemente en la película, ni tampoco el hecho de que uno de los protagonistas animales, el gato, tenga el mismo nombre que el personaje de la Odisea, Ulises. Los guiños de los Coen son bastante evidentes y no tratan la película con hermetismo.

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A propósito de Llewyn Davis es en cierto modo una película amarga que nos cuenta las peripecias de un cantante de Folk frustrado, interpretado por Oscar Isaac, que trata de conseguir triunfar en la música aunque nunca acaba por conseguirlo. La ironía comentada con la que juegan los directores en la película alcanza unas grandes cotas y el guión de la película no sigue las pautas más convencionales de otras películas clásicas de Hollywood. En nuestro film no hay una radiografía del auge y caída de un personaje principal, ni tampoco una radiografía del éxito. Más bien al contrario, los hermanos Coen parecen intentar desmitificar este tipo de películas con A propósito de LLawyn Davis. Los viajes en círculo son los que predominan en la película (que nunca consiga una cama, las visiones del gato, los encuentros con el personaje de Jim), así como la odisea particular de nuestro protagonista.

No deja de ser más que significativo el guiño final que inscriben los directores en la película. La vida de Llawyn Davis no deja de ser la de muchos otros artistas callejeros que empeñan su vida en encontrar un futuro éxito que muchas veces son incapaces de conseguir. ¿Significa esto que nuestro protagonista carezca de talento? Realmente LLawyn Davis es un buen cantautor. ¿Qué lo diferencia entonces de gente como Bob Dylan? ¿Acaso Dylan toca mejor la guitarra que nuestro protagonista? ¿Acaso canta mejor? Muchas veces la suerte juega un papel imprescindible en nuestras vidas, y no siempre acostumbra a ser para bien. De hecho, en el mundo sólo hay un Bob Dylan, mientras que Llawyn Davis por el mundo hay multitud.

Otro gesto interesante del guión es comprobar como en muchas ocasiones los hermanos Coen se salen de las vías convencionales para realizar una gran sucesión de secuencias que no tienen interés en repartir concesiones al espectador. Si durante el principio del metraje parece que el gato llamado Ulises va a tener un mensaje importantísimo para el cierre de la película, posteriormente nos damos cuenta de que no es así. Como tampoco resulta de gran éxito el viaje que realiza nuestro protagonista con tal de buscar un mecenazgo que le ayude a salir de sus apuros económicos. Los hermanos Coen dejan abandonado al personaje de John Goodman y el nuestro protagonista nunca acaba de ir a visitar a su hijo en Akron, pese a que se plantea en cierto momento de la película. En una obra convencional, esto habría resultado imposible. Pero la película de los hermanos Coen se basa en esta ironía cotidiana y real para ofrecer una película que rompe esquemas prefijados. Sólo hay que ver la antipatía con la que Oscar Isaacs interpreta a su personaje, huyendo en todo momento del heroísmo.

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No hace falta insistir en que la gama cromática de la película va en todo momento acorde con el mensaje de la película. No hay ni un mínimo atisbo de luz en la película y la oscuridad es la principal nota dominante en todo el relato. Las secuencias que suceden dentro del bar musical están magníficamente reconstruidas y los Coen se sirven de una efectiva puesta en escena para componer la película. Muchas veces recurriendo a un plano alejado, casi de conjunto que simpatiza muy bien con la frialdad argumental que presenta algunas ocasiones la película. La música, como no podía ser de otra manera en un relato de semejantes características resalta perfectamente el tono melancólico de la película.

7/10

Kyrios

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